domingo, 26 de agosto de 2012

EDUCACIÓN Y CORRUPCIÓN EN CHIHUAHUA, PARTE II

                                                                                                                                                                                     Jorge Domínguez González

Hace cerca de veinte años que estuve viviendo  en Pensilvania con una familia durante más de un mes para practicar mi inglés. Conviví  en todos los aspectos de la vida familiar  con los padres de mi amigo; un matrimonio de la tercera edad, él de origen alemán y ella de origen irlandés, quienes después de comprobar mi estatus migratorio, se convirtieron el los mejores cicerones que he tenido en  Pittsburg, es decir, quienes me mostraron los lugares y la vida cotidiana de la ciudad, sólo hasta que vieron mi visa en mi  pasaporte, porque   la idea de que su hijo hubiera llevado consigo a un ilegal  era incompatible con su manera de ser.

Así, al siguiente domingo de mi llegada me vi encaminado   a asistir,  acompañándolos a  los servicios religiosos de una misa católica. En el barrio de ellos,  los católicos son una minoría religiosa. Lo que me sorprendió es que a la salida del evento el sacerdote estaba poniendo en manos, de quienes iban saliendo, varias hojas mimeografiadas conteniendo números y letras, iguales a las que durante una parte la misa el sacerdote, con voz pausada, había señalado algunos renglones a los asistentes y una caja con notas:   Era su informe periódico de finanzas para los feligreses de esa parroquia; era un documento sencillo, en la parte superior contenía fecha, concepto, entrada, salida, saldo. Cada miembro de esa comunidad religiosa, en la serenidad de su hogar,  podía hacer las sumas y restas y revisar los saldos y la pertinencia de los gastos. A la mejor, hubo malos manejos pero, los asistentes tuvieron una rendición de cuentas con transparencia  y con la posibilidad de revisar los informes.

Cuando regresé a mi país, también asistí a una misa, aquí en esta diócesis y el sacerdote en un momento del evento, leyó a los feligreses de actividades y  de gastos, de entradas y  de salidas pero, al finalizar la misa,  no entregó una hoja con las cuentas para que los feligreses las pudieran revisar. Para mi, en el primer caso, si hubo rendición de cuentas con transparencia pero, en el  segundo se simuló una rendición de cuentas y en la práctica hubo opacidad, a la mejor hubo buenos manejos pero,  a mi ver, predominó a mi juicio una práctica de sumisión-dominación; sin el informe escrito en papel, ninguno de los asistentes pudo realizar las sumas y restas de manera simultánea a como el sacerdote les iba leyendo las cantidades, mucho menos, los feligreses, tuvieron la posibilidad de revisar  la pertinencia de los gastos. Qué suceda eso o menos o más en el espacio religioso de la vida social podría explicarse por las sociedades en dónde se realizan esas prácticas.

No sé si en todo México pero, aquí en Chihuahua el Estado en el  área educativa, a mi entender, alienta la reproducción de prácticas añejas, lo cual es una de las tendencias ideológicas de los conservadores y el  papel fundamental de la educación, según ellos; en este campo de la vida social, el de la educación, el Estado por alguna  razón (seguramente ligada a los intereses de quienes la administran) se niega y se resiste a impulsar  la democracia como forma de vida y de relación con y entre los ciudadanos. Así, las convocatorias públicas que expiden los órganos e instituciones educativas  de Chihuahua para el ingreso al servicio educativo o para el ingreso a planteles de educación superior,  a mi juicio,  en términos generales, las convocatorias representan un avance en contra de las prácticas abiertas de discrecionalidad emparentadas con el autoritarismo, el cual  tiene nexos con entender la función pública como un coto de poder, tanto para otorgar plazas a profesores, como  para conceder lugares o espacios en universidades, no a quienes satisfacen requisitos, sino conforme a los deseos  de funcionarios o servidores públicos.

Ahora, podemos constatar que en dichas convocatorias, aunque públicas,  son realmente  documentos que  carecen de puntos,  cuya ausencia hacen nulo el avance que pudieran haber representado como convocatorias públicas, tanto para el ingreso de los profesores, como para el ingreso de los alumnos. Generalmente, las convocatorias, que en mi opinión, si son convocatorias llevan en su cabeza el nombre de la institución convocante, luego, el motivo de la convocatoria especificando el número de espacios disponibles, los procedimientos y fechas de entrega de documentación probatoria y los criterios con los cuales se admitirán a los seleccionados.  Aquí, en Chihuahua las convocatorias del área educativa oficial cumplen con algunos de ellos pero,  carecen de dos aspectos, para mi fundamentales: a) el número de espacios disponibles y b) los criterios de selección.

En el caso de quienes solicitan plaza como profesores no se enteran en la convocatoria del número real de espacios disponibles, ni tampoco de los criterios o de la puntuación necesaria para ser admitidos en el servicio, quedan a expensas de la manipulación de servidores públicos inescrupulosos. Creo que,  los solicitantes de plazas al no tener  claro y ni estar enterados de esos importantes puntos, se les expone a relaciones impropias que atentan contra la libertad individual pues, los expone a ser víctimas de  lealtades o clientelares de índole de política partidaria o personal.

Luego, para el ingreso a una escuela de educación media y superior o superior,  las instituciones no informan  en la convocatoria el número de espacios disponibles, ni tampoco de los criterios de admisión, de la puntuación mínima requerida. Un indebido documento secreto es la puntuación que obtiene el conjunto de alumnos pero,  al igual que el secreto bancario se usa para fines deshonestos, en este caso  para que no se advierta el número de “recomendados” que envían funcionarios públicos, electos o designados a quienes,  practicantes de la cultura de la corrupción y  a un lado la cultura de la legalidad “por circunstancias extraordinarias”  recomiendan no sólo a quienes sustentaron el examen y obtuvieron baja puntuación, sino hasta alumnos que no lo hicieron.

A mi parecer, con estas acciones en el terreno educativo de recomendar para ingreso de unos y de aceptar recomendados de otros (con anuencia del gobierno) se generan graves cadenas de corrupción que se manifiestan, no únicamente, en la relación maestro-alumno, sino en la formación cívica y ética de futuros ciudadanos, quienes  habrán aprendido a no cumplir la ley y a simular en su relación con las instancia públicas…esto sucede en un entorno de ilegalidad por parte del Estado actual respecto a la ley máxima y no habrá de suceder con  el gobierno que deseamos …O dentro de las competencias y saberes que proponen los nuevos programas educativos  ¿la práctica de esta forma de corrupción, la de los “recomendados”,  será la del saber convivir de esta forma, un deseable saber para la vida futura del país?

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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