Jorge Domínguez
González
En estos días he querido reflexionar un poco
sobre lo que merecemos los seres humanos en la vida política y social, en
específico los chihuahuenses. He recordado que,
al contrario de las ideas conservadoras, que tienen como base lo
expresado por Tomás Hobbes de que el ser humano es malo por naturaleza, también
han venido a mi mente las ideas
progresistas, las cuales toman lo dicho por Juan Jacobo Rousseau para afirmar
que el ser humano es bueno por naturaleza, y no obstante lo que se mira en el
mundo como el sangriento conflicto armado por la invasión israelí en los
territorios palestinos de Gaza o las votaciones en el Congreso de la Unión de
México, ya en la Cámara de Diputados, ya en la Cámara de Senadores donde
existen congresistas quienes han votado para aprobar las leyes
secundarias, ya las referidas a la reforma de la ley de telecomunicaciones, ya las de la ley de la reforma energética y han
mirado únicamente los futuros resultados al corto plazo. No obstante, lo
anterior creo que el ser humano es bueno por naturaleza y es comprobable cuando
existen judíos, ultraortodoxos y antisionistas, que rechazan la masacre del
gobierno israelí e incluso quienes han
ido a visitar a la familia del adolescente Mohammed Abu Khnder asesinado en una
aparente venganza por el secuestro y asesinato de tres adolescentes israelíes.
Son una minoría pero son. A cada uno de nosotros, nos corresponde analizar el sentido del voto
que respecto a las leyes secundarias de la Reforma de Ley de Telecomunicaciones
y de la Reforma a la Ley de Energética. No fueron todos los partidos los que han
aprobado esas leyes, no todos los diputados, ni todos los senadores de un mismo
partido han votado igual que sus compañeros de partido hay ejemplos de dignidad
pero, “que no nos digan que no nos cuenten” la mayoría de los medios de
difusión callará o tergiversará…es la esencia de su labor, conforme al pensamiento de Noam Chomky.
Sólo en dos ocasiones en nuestro país han
existido monarquías, cuando Agustín de Iturbide y cuando Maximiliano de
Habsburgo pero, a ver ese deseo conservador persiste en nuestra sociedad y se
manifiesta en el alto porcentaje de
ciudadanos que expresa, como parte de la
cultura política que, para salir de los problemas que tenemos “hace falta una persona fuerte y decidida que lleve a este
nivel de gobierno a un mejor destino”, lo cual es expresado por niveles de gobierno un
presidente municipal, un gobernador, un presidente del país. Pocos expresan que
para salir de los problemas que tenemos es necesario aplicar ideas
programáticas de algún partido político y aunque las leyes electorales señalan
que los miembros de un partido político han de conocer los principios y programas
para pertenecer al mismo, la mayoría desconoce
esos referentes prácticos; a veces, no encuentro por dónde ver, cuando lo que
veo es la búsqueda de cargos dentro de los partidos políticos para obtener un
cargo o puestos públicos, es decir, para beneficio personal, para ejercer el
poder.
Conozco madres de familia que participan en
partidos de derecha, que si sus hijas han tenido un embarazo no deseado, pronto
las llevan a El Paso y asunto arreglado
y también conozco madres de familia que participan en partidos de izquierda que
si sus hijas han tenido un embarazo no deseado, les han obligado a tener ese
hijo. Con respecto a la diversidad sexual pasa algo similar: en los de partidos
de derecha se muestran más tolerantes y en los de izquierda más homofóbicos y
es que en la fragilidad de nuestra democracia pesan más la descalificación y/o
la calumnia que la reflexión
argumentada. Si a esto se agregan las prácticas políticas arcaicas de
dirigencias partidarias de comilonas, reparto de despensas conformadas con
recursos públicos, el nepotismo, el amiguismo, el arte de saber mentir y fingir
respecto a asuntos públicos y otras
formas de corrupción; considero que se despedaza la incipiente democracia de
nuestro entorno. Junto con personas que ejercitan este tipo de valores, habemos
otros que no aspiramos a obtener una posición preeminente en la sociedad y que
nos sentimos comprometidos con la justicia social, la igualdad, la pluralidad
de pensamiento y la libertad de conciencia.
Con todo, y como dice el dicho “por sus
hechos los conoceréis” existen ciudadanos y ciudadanas comprometidos con la sociedad civil para contribuir a que
en diversas áreas de la misma participen más ciudadanos de manera directa en
las políticas públicas y no como objetos de manipulación con vistas a las
elecciones. En resumen, en mi opinión, para el desarrollo personal como
ciudadanos, hoy por hoy, se hace necesaria la participación directa para
merecer ser llamado ciudadano, e incluso dentro de los mismos partidos
políticos que suelen ser usados como herramientas para escalar a cargos públicos personales por deseos
eminentemente personales.
“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”