sábado, 30 de agosto de 2014

REFLEXIONES DE MI PERCEPCIÓN SOBRE LAS IZQUIERDAS



Jorge Domínguez González

Nací en la mitad superior del siglo pasado. Como entre sueños recuerdo las manifestaciones de los maestros normalistas federalizados y más atrás las marchas  de los ferrocarrileros en mi ciudad natal, Delicias; cuando fui joven y estudiaba en la única secundaria nocturna, un día comenzaron a llegar los que se habían ido  a estudiar a la Cd. de México, los otros se iban a la  Universidad de Chihuahua, aunque eran mayoría los que estudiaban en las normales y unos pocos enfermería, pidieron permiso para hablar con los grupos y se los concedieron. Unos traían la cabeza vendada, otros con cabestrillos, estos con muletas. Las palabras que recuerdo son: “pliego petitorio”, “una bengala”, “disparos”, “muchos muertos, estudiantes, hombres, mujeres, niños desarmados”,  “días antes tumbaron la puerta de una preparatoria con una bazuca”,  “justicia”, “pliego petitorio”. Seguramente, de regreso a las casas, esas palabras a todos nos cruzaron por la cabeza. Los de nuestro grupo en esa temporada nos estábamos reuniendo los domingos, a las diez de la mañana, para explicarnos unos a otros, temas de Matemáticas como la resolución de distintos tipos de  ecuaciones simultáneas. Al siguiente domingo dijimos que habríamos de conocer el mentado “pliego petitorio” que en media hoja mimeografiada había sido pegado semanas atrás en varios postes pero, ya deteriorado, los voluntarios en recuperar el “pliego petitorio”, ocupamos esa mañana en recuperar fragmentos y en unirlos como en un rompecabezas que presentamos a la siguiente reunión y todos reprobamos los hechos del 2 de Octubre de 1968 y la mayoría seguimos estudiando,  trabajando,  divirtiéndonos y añadimos una actividad más: la lucha social que cada quién  practicó en diversos niveles, Pocos en el grupo nunca hicieron algo por la sociedad,  otros se convencieron que al sistema lo habrían de cambiar pero, desde adentro. Hubimos otros que no pensamos así y que en la vida adoptamos otras formas de lucha…hubo hasta quienes se fueron a la guerrilla y otros se quedaron experimentando para lograr mayor trascendencia espiritual…de la sociedad.


Era otro mundo, las escuelas profesionales o de nivel medio cobraban cuotas –verdaderamente simbólicas-, no opacos negocios para las camarillas  gubernamentales como en la actualidad en que el gobierno financia la educación superior formalmente y todos los alumnos universitarios y de tecnológicos pagan obligatoriamente su inscripción, no obstante en esta semana los medios escritos de difusión en primera página declararon que: “Con un  tercer lugar, las autoridades de Chihuahua, con un tercer lugar a nivel nacional de irregularidades en la nómina educativa, erogan al año 594 millones  43 mil 130 pesos en plazas docentes y administrativas no ocupadas, a mi entender, si hubiera voluntad política de acabar con esos dispendios se contribuiría a alcanzar lo que establece el Artículo 3°, Fracción IV, aquello de que: “Toda la educación que el Estado imparta será gratuita” pero no, para taparle “el ojo al macho” se ha creado la categoría de asesor técnico pedagógico. Antes, ninguno de los niveles de gobierno rehuía la responsabilidad de que la educación fuera “gratuita”…había hasta maestros “municipales”, ahora en nivel de educación básica los voceros de la Secretaría de Educación Pública dicen que “se prohíben las cuotas en las escuelas” pero, las autoridades educativas permiten los convenios de aportaciones voluntarias de los padres de familia. Los poderes ejecutivos de los distintos niveles de gobierno ponen por sobre la gratuidad de la educación a la “calidad educativa” o por sobre la gratuidad de la educación colocan  la “cobertura educativa”, o sea que, exista un lugar para todo alumno que quiera estudiar  aunque cueste, aunque no sea gratuita la educación. Como si el 10% de la población que se perdió durante la Revolución Mexicana no hubiera luchado por la bandera de la “Educación Gratuita”, sino por la bandera de la “Calidad y Cobertura Educativa” como el gobierno y sus corifeos tratan de hacérnoslo creer  hoy.


Para el colmo antes,  quienes concluían sus estudios ocupaban tarde que temprano empleos, no con las tasas de desempleo que hoy existen, como eso de que el 40.4% de los desempleados tiene estudios profesionales.


Los que fuimos jóvenes antes, los hubimos de dos tendencias de ideas, los unos que buscaban estar bajo la protección de los poderosos, de los propietarios y los otros que buscábamos un mundo donde cada ser humano se desarrollara libremente como tal; aquellos que como valores sólo veían el dinero y el poder y nosotros quienes mirábamos a los países que habían construido la utopía en la Tierra, en los cuales la riqueza producida era repartida con justicia entre quienes la producían. No obstante, con base en Max Weber (Pronúnciense la “W” con sonido bilabial sonoro /b/) y además se veía en la práctica, que la burocracia acabaría con la utopía. Desde 1989, nos quedamos sin un referente empírico para nuestros ideales, en ese año comenzó la disolución de la antigua URSS. Desde ese año se comenzaron a arraigar más aún los valores del dinero y el poder, la participación social por el dinero y el poder. 


Si aquellos lugares ocupados por los revolucionarios franceses en la Asamblea Nacional había dado lugar a la clasificación de derecha e izquierda, los primeros ponderando la perpetuación de privilegios con base en la obediencia y los segundos basados en la libertad, igualdad y fraternidad,  a mi parecer,   hicieron que aquí en México, con las excepcionalidades de la regla, se consolidara como un partido de derecha y con sus propios valores pero, no se consolidó un partido de izquierda fortalecido, sino que hay varios. El colmo, es que unos y otros convocan a sus miembros a asambleas con la invitación a un “menudo”, una “barbacoa”, una “carne asada”, etc. Lo difícil será que el ciudadano común y el miembro de un partido sepa y conozca a grandes rasgos los principios, programa de acción y estatutos del partido al que acude.  En su trato con los demás, compañeros o no en un partido, mejor se ponen en práctica las formas  comunes de hacer política: la mentira, la tergiversación de la realidad, la difamación, la calumnia; el diálogo y la argumentación están como ausentes en las vidas partidarias y hasta personales. Lo digo con las excepcionalidades que a toda regla competen. 


“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”