Jorge
Domínguez González
Que yo recuerde, hace muchos veranos en que
no llovía tanto, ni tan seguido en toda
la región noroeste de Chihuahua; en el sur de Nuevo Casas Grandes, a muchos de
los árboles llamados moros les ha caído la plaga de “gusanos quemadores” y los
ha deshojado. La semana que viene
comienza, formalmente, con el lunes 22 el Otoño; a veces, este equinoccio toma
como fecha de inicio el 23, el caso es que el día y la noche durarán lo mismo;
luego, los días serán más cortos que la noche, en un ciclo que se repite desde
el principio de los tiempos. Se cumplirán entonces 49 años del “Asalto al
cuartel militar de Madera Chih.”, un 23 de Septiembre pero, de 1965 para muchos
será un día más pero, otros recordaremos que sus sueños, su lucha, sus ideales
siguen vigentes. Seguramente que, uno de ellos era que se cumpliera la fracción
IV del artículo 3° constitucional: “Toda la educación que el Estado imparta
será gratuita” y no en lo que el Estado
gasta miles de pesos diarios, en propagandizar como responsabilidad
gubernamental la “cobertura” educativa
la cual necesariamente está implicando acciones para la privatización de la educación
pública. En fin, como diría mi agüelita
de eso no estábamos hablando; y en efecto, estábamos hablando de mi
cotidianeidad y los niveles de cultura, no de la “alta cultura”, sino de la cultura
que nos es común, la que nos permite reflexionar sobre nosotros mismos o aquellos
factores de la cultura la que nos
impiden cavilar para transformar nuestro entorno no para la ganancia, sino para
el beneficio de todos y, decía de las pautas culturales generalizadas que
varían conforme a factores internos y externos.
Cuando me refiero a factores externos que
inciden en la variación de las pautas culturales generalizadas, lo hago
pensando en el tiempo de contacto y el grado de iternalización de un individuo
a determinada cultura; al nivel de escolaridad; las metas valorales de la
sociedad, del trabajo, de la familia; la moral establecida por las religiones, por
los medios de difusión, etc. Cuando menciono factores internos me refiero
tanto a los genéticos como a las patologías, o sea, desde la falla de
cromosomas o, por ejemplo, hasta carencia plena del sentido auditivo ya por
sedimentación y compactación del cerumen en el propio oído. Conocí a una
persona que hasta los treinta y tres años se dio cuenta que era una persona con
deterioro de su capacidad visual, creció creyendo que lo natural era ver cada
una de las letras con líneas paralelas, hasta que casualmente un oftalmólogo le
hizo un examen y le construyó unos lentes especiales para quitarle su problema de percepción y su convencimiento de
que cada letra llevaba líneas paralelas se acabó. Mi madre al oírnos quejar de dolor en los
oídos, al acostarnos, nos ponía unos
pequeños hisopos de algodón embebidos con aceite alcanforado como remedio para atenuar los
dolores; de seguro una de tantas veces olvidó retirarlos en la mañana y crecí pensando
que las otras personas hablaban a muy
bajo volumen y me acostumbré a hablar
fuerte. Un día sentí una molestia en uno de mis oídos y el médico me revisó
cada uno de mis oídos y encontró un par de hisopos de algodón…petrificados, fue
necesario que mañana y tarde, durante quince días me pusiera gotas de glicerina
para que el médico procediera a realizarme un lavado ótico. A algunos
individuos los factores internos disminuyen u obstaculizan la percepción del
mundo ya impidiendo el deseo de transformarlo.
Con regularidad he de pagar el agua, el
predial, el teléfono, la luz, la comida, etc. Sin duda que el dinero es necesario en una
sociedad capitalista como en la que vivo. Sin embargo, cuando estoy solo en la
oscuridad de mi cuarto pienso en lo injusto que es recibir tan poco y deseo
tener más y más dinero para aplacar mi avaricia pero, como no me es posible
tener más dinero pues al menos deseo tener poder para, de una u otra forma,
obtener dinero; sólo recibo el dinero de mi pensión . Creo que de esta manera
cada uno de nosotros puede construir, como yo el dinero y el poder como valores
máximos y más cuando los medios de difusión nos reiteran a cada momento que
sólo teniendo dinero o poseyendo cosas se alcanza la felicidad. Cuando no
obtenemos esos valores nos viene un desagradable sentimiento de frustración, el
cual se relaciona con la ira y la decepción. A veces, pienso que todo esto
tiene que ver con las conductas antisociales como producir ruidos, sonidos que
molestan a otras personas, como tener los bajos a todo volumen o el radio del
carro o desde su casa. Seguramente, algunos pensaron en ello en incluyeron en
el “Bando de policía y buen gobierno” la
prohibición de producir ruidos, no de bajar el volumen de sus aparatos.
“Defendamos
el ecosistema del Río Casas Grandes”