Otros fueron los tiempos en que los
profesores, durante los primeros días del año escolar, recibíamos a la entrada de la escuela
primaria a un padre o a una madre quien llevando a su hijo(a) de
una mano lo(a) entregaba al maestro y palabra más, palabras menos, nos decía
“aquí le traigo a mi hijo(a) para que me lo(a) eduque y sea hombre (mujer) de
bien” y, uno le tomaba de la mano; entonces, el padre, la madre o tutor, quién llevaba una vara, que si era en la
región del desierto, solía ser de pinabete o si sucedía en la región de la sierra era generalmente de
membrillo, la cual medía de aproximadamente un metro de largo y que
entregaba al profesor con añadiendo con severidad “y esta vara
para que le vaya a la mano si desobedece”. Uno sentía como si se
abriesen los cielos al recibir de los mismísimos padres el poder de golpear a
sus propios hijos. Cuentan que a par de la aprobación social de las comunidades,
hubo profesores quienes, ante la menor desobediencia, por cualquier pequeñez,
sufrían paroxismos y “les iban” no
nomás a las manos, sino, a las piernas,
a las espaldas de aquellos alumnos desobedientes.
Habemos quienes decimos estar avergonzados de
estas prácticas y otros que realmente están avergonzados de su pasado con estas formas de “educar”; aunque
realmente no convencidos le los derechos de los niños y adolescentes existen
hoy quienes tapándose la boca recomiendan qué, aunque sea de vez en cuando
existen niños y jóvenes que requieren una “estrujadita”.
Pedagógicamente, aun con grupos de tamaño
antipedagógico (20 ó más), el desarrollo moral de los individuos hasta
aproximadamente los siete años de edad es
llamado primer estadio, el preconvencional Se refiere a los primeros años de
vida y lo que está bien para el niño: es
someterse a las reglas de los adultos, las cuales son apoyadas por el castigo; la
obediencia para evitar el daño físico a ellos mismos o a la propiedad es lo que
está bien, aunque sea por medio del castigo. A mi
ver, en una sociedad que, en todos los ámbitos de la vida, incluyendo los laborales y políticos, pareciera que la
obediencia es el valor máximo, a la cual aspiran las jerarquías de todas las
instituciones de la sociedad, nunca al pensamiento personal y la razón
característicos del último nivel. Así, no es de extrañar, “casualmente”, que
cuando preguntamos a un docente sobre ¿Cuáles son los mejores alumnos? Sean
estos, desde la mirada de la mayoría de los profesores: los alumnos más obedientes.
Suele ser, que atrás del salón se sienten los
más revoltosos, los más rebeldes, los que rechazan las indicaciones que ordena
el docente al grupo, los callados, los
que sobresalen por sus notas bajas o
medias.
Sin embargo, no sólo en algunas escuelas la
obediencia es el valor primordial, antes o después del conocimiento y la razón. En el mejor de los casos, los
padres de familia, durante toda la vida se la pasan dando órdenes a los hijos y
a otros dependientes económicos y a los que esa autoridad concibe y muestra a los
demás de esa instancia como los buenos es aquellos quienes son obedientes, los que se
someten. Acaso alguno de los padres ¿Pide a sus hijos alzar la cama o no, o que
elija entre barrer o trapear, o que escojan el lugar de paseo? Si nunca se les
pregunta la religión que desean profesar y si ni por el nombre que usan se les
preguntó y aunque existen opciones
legales para cambiar de nombre no se
utilizan. A través de la vida aprendemos
lo valioso que puede ser callar y obedecer…o lo valioso que es caminar con
nuestros razonamientos que no con nuestra creencia en la obediencia.
A mi parecer, para la sociedad es necesario
que se respeten las leyes y reglamentos, no que se finja su cumplimiento pues,
son parte de la disciplina social pero, no ha de ser una disciplina impuesta
exteriormente de manera heterónoma, sino una disciplina que nazca del propio
razonamiento y conocimiento de cada ciudadano, es decir, una disciplina
autónoma.
Me parece que es por lo anterior, por lo cual
en nuestra vida política, cuando alcanzamos la edad de votar, se puede ver
que existen los unos que sólo eligen un partido político, eligiendo
primero a los líderes provenientes de
tal o cual color y/o seleccionan a tal o cual caudillo. Los que se
sentaban atrás del salón proceden de manera similar, aunque suele haber un
porcentaje más alto que reflexiona sobre los documentos básicos y miran la
congruencia entre lo que dicen estos documentos y lo que sucede con los líderes
de esas organizaciones para quedarse con el poder, aunque la mayoría suele hacer la generalización de que “todos los
partidos políticos son iguales”.
A veces, me preguntan mi opinión sobre la
partidocracia en el espectro político actual
de nuestro país y mi respuesta es: la partidocracia es positiva en cuanto a que
la Constitución está hecha para la existencia de partidos políticos, los cuales
sean y funcionen como partidos políticos
y no como cúpulas que se disputen el poder partidario y los
beneficios que corresponden a los
partidos, sin que los miembros conozcan sus documentos básicos. Dentro de todos
los partidos políticos existen corrientes de pensamiento que han de estar en
constante debate sobre los principios y programas y de ninguna manera sobre la
vida privada de los que encabezan una corriente de opinión y los líderes honorables
han de estar ajenos a deseos de poder.
Así pienso que la obediencia y las
creencias con que hemos sido criados nos
llevan a conformar un partido de derecha
y al contrario, la rebeldía y los razonamientos nos llevan a conformar partidos de la izquierda, –en plural-,
basados en la razón y la libertad.
“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”