sábado, 4 de febrero de 2012

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL DEL ESTADO DE CHIHUAHUA

DOMINGO 5 DE FEBRERO DEL 2012 Jorge Domínguez González

Desde mi retrospectiva, la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) aparece en nuestro país y en el estado de Chihuahua a fines de los años setentas junto con la demanda de los profesores de alcanzar la profesionalización del magisterio, exigencia que en las manifestaciones de protesta era sentida por la base magisterial en la única sección sindical independiente de todo el país de ese entonces: la Sección 8ª del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) la cual era la parte sindical a la que estábamos adscritos los profesores federales. Al final, esta demanda fue retomada por la corriente magisterial de Vanguardia Revolucionaria e implementada por ellos.

El magisterio de esos tiempos estaba conformado por su origen mayoritario, por hijos de campesinos, por lo cual era natural el apoyo a las demandas de restitución de las tierras. Luego, en los procesos de urbanización la composición de los profesores de Chihuahua incorporó este elemento (urbano) pero, conservó el mismo origen mayoritario y un alto porcentaje de compromisos personales con las causas sociales

Los tiempos no eran como hoy, en que los jóvenes estudian para no encontrar trabajo seguro, había una especie de “pase automático” de quienes estudiaban en las escuelas normales a trabajar como profesores de grupo, a ello se añadió un porcentaje de profesores que fueron formados en instituciones diferentes a las normales rurales o del estado, aquí en Chihuahua. Los planes de estudio de la “normal básica” eran de tres años después de la secundaria. Actualmente, el antecedente para estudiar de profesor es de tres años de preparatoria y cuatro años de licenciatura, por ello se llama “normal de licenciatura”.

La vocación de servicio no andaba muy perdida pues, carreras cortas a las que un egresado de secundaria pudiera acceder eran pocas y la estudiar para profesor era una de las opciones, requería de esfuerzo, perseverancia y se sabía que a cambio de que se le permitiera estudiar, se tenía que servir. Mi visión es de que aquí en Chihuahua el ingreso a los estudios universitarios estaba restringidos a un sector minoritario de la población, el de más altos ingresos, eran cuatro o cinco años de universidad a los que se abrían de añadir los tres de preparatoria, con un total de siete u ocho años después de la secundaria y la normal básica eran tres años de secundaria. En todos los casos se estudia para vivir pero, a mi ver, entonces la vocación (de servicio) se perdía en un porcentaje considerable de los casos, ya que en sus inicios las profesiones liberales no se contemplaban como un corpus de empleados asalariados, sino de una sobrevivencia por el cobro personal a cada cliente, aunque después, -tal vez-, con avidez fuese la meta personal de algunos fuera convertirse en asalariados de alguna institución gubernamental. En el primer momento y en el segundo existen reconocidos casos de vocación de servicio dentro de las profesiones liberales pero, por la naturaleza misma de las profesiones liberales creo que el porcentaje de vocaciones de servicio y de compromiso personal con causas sociales era menor al de los que estudiaban para profesores.

A mediados de los años noventas la UPN establece la Licenciatura en Educación Plan 94 (LE´94), dirigido a profesores en servicio que tuvieran como antecedente de estudios la “normal básica” o bachillerato, pues en esta etapa se operacionalizaba la meta del gobierno de que los profesores habrían de tener nivel licenciatura, a la par de que las normales implementaban programas de estudio de nivel licenciatura y porque, por algunos años no tuvieron egresados.

En la LE´94 de la vocación se dio por hecho de que existía, nunca fue caso de polémica. Los planes de estudio tienen como referentes primordial las políticas de Estado relacionadas con sus programas de gobierno; los promedios de un plan de estudios tienen un promedio de existencia de diez años, poco más, poco menos. Los planes de estudio de la LE´94, con el enfoque constructivista, fueron congruentes con los planes de educación básica vigentes hasta 2004, o sea, anteriores a los planes de estudio de la Reforma Integral de Educación Básica (RIEB).

En aquellos momentos (1994-2004) para que los profesores en servicio, con antecedentes de estudio de “normal básica” o con estudios de bachillerato, el Estado implementó estímulos económicos sustanciales se profesionalizaran; ahora en 2012, en los que se supone que el gobierno “promociona e impulsa” el enfoque por competencias, la RIEB, el mismo Estado mantiene los estímulos económicos sustanciales a quienes estudian los ya antiguos planes de la LE´94.

A mi juicio, después de un defectuoso proceso de consulta en el cual no se registraron las opiniones de quienes, como yo, pensamos en el cabal cumplimiento de la fracc. IV del artículo 3º constitucional y para cerrar un proceso de descentralización iniciado hace aproximadamente 20 años, se expidió en Chihuahua, el pasado 28 de Junio del 2011 la Ley de la Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua (Ley de la UPNECH), en la cual el Estado rehúye asumir plenamente su financiamiento y que si bien, con un nuevo organigrama se cambian en las jerarquías superiores a las personas, en el nivel de de base se conservan las anteriores estructuras de poder con sus prácticas creadas. Es decir, en “vino nuevo en odres viejos”.

domingo, 29 de enero de 2012

LOS RARÁMURIS Y LA IDEOLOGÍA EN TORNO A ELLOS

Jorge Domínguez González

A principios del próximo mes de Febrero del 2012, se cumplirá un año de la “gran helada” que reventó las tuberías de la mayoría de las casas de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua y que se padeció en toda la entidad con hasta -15° centígrados. Después de este fenómeno del clima, vino “la seca”, o sea, la sequía, la falta de agua en todos los municipios de Chihuahua. Las lluvias fueron de menos de la mitad del promedio.

No es que la sequía no nos afecte a todos los chihuahuenses pero, en la Sierra Tarahumara que comprende los municipios en dónde todavía sobreviven los tarahumaras, es en los cuales la falta de lluvias hace que este fenómeno sea dramático porque su agricultura es mayormente de autosubsistencia y de temporal; es decir, siembran frijol y maíz para el autoconsumo, lo mismo el ganado menor, los caprinos, son para el autoconsumo. En la Sierra Tarahumara, los rarámuris (los de pies ligeros), como así mismos se llaman los de esta raza que aparece en el escudo de Chihuahua, conviven en caseríos dispersos alrededor de 100 mil de ellos y 100 mil mestizos. Ahora, con la sequía las cosechas de maíz y frijol, lo más que han cosechado algunos, representan la quinta parte de lo normal. Es por ello que el hambre y la desnutrición han aparecido en esos lugares. El colmo es que otros cultivos, no legales, no se pudieron llevar a cabo por la falta de agua y se perdieron estos empleos.

De la cultura tarahumara, los chihuahuenses hemos tomado varias cosas: el preparar y saborear el tesgüino, bebida alcohólica de variada fermentación; el uso de variadas plantas medicinales; la norma de llegar a las casas y no tocar, sino gritar el nombre de la persona a quién buscamos, pues sólo los espíritus hacen ruidos; etc. Aún con todo, los chihuahuenses poseemos un alto nivel de discriminación racial. Todos hablamos de nuestros antepasados de piel blanca y/u ojo azul pero, nos olvidamos de nuestra ascendencia de sangre indígena, negroide o asiática. La mayoría, casi absoluta de estudiantes de educación media superior aceptaría bailar, primero, con los de cualquier raza a excepción de un@ indígena. En esta semana me ha tocado escuchar comentarios que van desde el señalamiento directo de la proclividad de los tarahumaras a las borracheras y su violencia en ellas, hasta la tergiversación (con base testimonial) de que córima no es la demanda de ayuda a otros seres humanos quienes están en obligación de proporcionarla, sino que es el “págame la renta de las tierras que estás ocupando”.

Con las consideraciones anteriores de lugar y cultura quiero llamar a la reflexión de dos posturas ideológicas respecto a los programas de gobierno para los pueblos originarios de Chihuahua, o sea, los pueblos indígenas sobrevivientes: los tarahumaras, tepehuanes, pimas y guariojíos. Primero, me pregunto la diferencia entre la evangelización que hicieron los franciscanos y la evangelización que hicieron los jesuitas ¿Porqué, desde la colonización, en unos lugares sobreviven pueblos indígenas y en otros no?

Luego, a usted ciudadan@ pregunto ¿Es verdad que si ayudo a quién padece hambre, dándole un pescado lo ayudo un día pero, si le enseño a pescar le ayudo para toda la vida? Creo que, los seres humanos, quienes no tenemos intereses económicos en la Sierra Tarahumara, preferiríamos que se hubiera enseñado a pescar a los tarahumaras pero, ¿Por qué el gobierno no colaboró en sus programas referidos a los grupos originarios de Chihuahua para que estos pueblos aprendieran a pescar? Es decir, ¿Por qué el gobierno no colaboró en sus programas referidos a los grupos originarios de Chihuahua para que fueran proyectos de sustentables de estas comunidades? En esto hay una polaridad ideológica.

Ya en la actualidad, ya ni modo, si no se ha procurado la sustentabilidad de estas comunidades, a darle vuelo a las prácticas asistencialistas porque por ahora son necesarias…el tiempo electoral se avista. Son estos tiempos, los de reafirmar las prácticas asistencialistas tan socorridas por la derecha. Por el momento, se habla de empleo temporal que excluyen la participación democrática de las comunidades, para continuar generando prácticas de dependencia, con los caciques de hoy.

Así como a los ejidatarios se les pide, por parte del gobierno, que acepten una compensación por sus tierras, cuando demandan la restitución de tierras como lo establece el artículo 27 de la ley máxima; o cuando a la población que demanda empleos, el gobierno, responde con qué es necesaria una reforma laboral la cual implica la negación de prestaciones históricas; o cuando se exige la educación gratuita cual marca la Constitución en su artículo 3°,las autoridades responden que la “cobertura” (las escuelas privadas complementando a la escuela pública) es la meta alcanzada. No es extraño que cuando que todos los niveles de gobierno, ante la situación que padecen los tarahumaras, se inclinen por las soluciones asistencialistas de momento y nunca otorgaron a los pueblos originarios estrategias de programas de sustentabilidad para el pueblo tarahumara.