Jorge
Domínguez González
A mediados de la semana, el 7 del
presente, murió Julio Scherer García,
quien se opuso al poder presidencial y que con un equipo de periodistas, con ética diferente a la común, le puso
límites y formaron la empresa que edita la revista “Proceso”, una obra que a mi
parecer incluyó que los periodistas
pusieran en práctica su responsabilidad social frente a los que venden al
poder su complacencia.
Hace muchos años de una persona nativa de la
República Autónoma de los Hebreos la cuál me dijo algo así que estaba ubicada
en la parte asiática del antiguo territorio de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS) país que, ya no existe y el nombre de este
narrador está perdido en los retruécanos de mi memoria alzheimeriana. Él me
contó de la leyenda de un lugar en el cual
por el hecho ser el varón primogénito
en una familia, la comunidad le reconocía varios
privilegios, entre otros el derecho a heredar las tierras paternas y todas las
propiedades que tuviere el padre. Uno de ellos, el primogénito, era cazador y
el otro se dedicaba a la recolección y a la agricultura. Un día el cazador,
habiendo fallado en su labor, regresó a su casa con hambre y ese preciso día el
hermano menor había preparado una sabrosa olla de lentejas y por consejo amoroso
de su madre pidió que le vendiera primogenitura a cambio de un plato de
lentejas a su hermano menor; el hermano mayor viendo que ese derecho no le
serviría si moría, accedió, le vendió
la progenitura a su hermano menor por el plato de lentejas, quién raudo y veloz lo puso en sus manos, al tiempo que iba por
los testigos para que quedara cerrado el
trato del cual posteriormente obtuvo muchos beneficios, pero no recuerdo cuáles
eran pero, por los ojos del contador fueron gran cantidad.
Me imagino que las lentejas habrían sido
preparadas como yo lo hago: con tocino, cebolla, un diente de ajo, cilantro y
las propias lentejas. Me imagino que la misma leyenda en Europa hubiera sido referida a un sabroso
pastel preparado con harina de trigo; en Tailandia un guiso en el cuál lo
principal hubiera sido un platillo con base en el arroz y aquí en el norte de
México hubieran hecho referencia a un platillo de “frijoles charros”, o sea,
con queso, chicharrones y otros embutidos. Lo que no hubiera cambiado, tal vez,
sería el hecho de venderle la comida a un hermano y que, como al vendedor de un
plato de lentejas le resultara un gran
negocio como al menor de los hermanos; conforme a estos los valores que se han perpetuado durante
miles de años…
Habría de decir que, a mi ver, en cualquier tipo de cultura dónde se
internalizan como valores máximos el poder y el dinero, se siembran las
semillas de la corrupción y de la
impunidad y que a cambio de un plato de lentejas, o de pastel, arroz o frijoles
charros somos proclives a la sumisión,
la obediencia, la deshonestidad y dados a no cumplir con los castigos que nos
correspondan.
A mi parecer, eso es la política como se práctica en grandes
extensiones del país; nuestra patria ha asumido hoy así esa actividad que en otros
tiempos fue noble, porque llamaba a los
ciudadanos a reflexionar en la resolución
de los problemas que eran comunes en las “polis” (ciudades estados de
los tiempos griegos), solucionar mediante el uso del poder y lo hacían los
ciudadanos, que no las mujeres, esclavos o extranjeros, sino los hombres
libres. A mi entender, ha de haber sido en estos lejanos tiempos en que dieron inicio
el diálogo y el debate. El primero como una conversación o plática entre dos o
más personas y el segundo, entre dos personas o grupos con opiniones
diferentes, a veces, irreconciliables. Tanto en el diálogo como en el debate se
trata de convencer usando la exposición, la argumentación y la contra-argumentación, además tácitamente
se entiende que las intervenciones son de la misma duración y se conviene de la
misma forma no arrebatar la palabra y no ofender, ni escandalizar; bueno, se supone que así han de ser los
diálogos y debates entre gente civilizada; no obstante, no la prácticas se
tuercen por los principios de la obediencia, el poder y el dinero que han sido
inculcados por la familia, las escuelas, la sociedad misma y los medios.
Ahora, en nuestra matria (entidad) y a mi
juicio para alejar las formas democráticas de gobierno y/o para ser nombrados candidat@s a esto o aquello empiezan
a surgir agrupaciones para impedir el diálogo y el debate y comienzan a
descalificar a sus propios compañeros y a otras fuerzas con expresiones de “falsos
paladines” , “salvadores de ocasión”,
“lenguas viperinas”, “aquellos
que ven la paja en el ojo del otro y no ven la viga en el propio”, etc. ¿Y la defensa de principios o programas del
partido al que se pertenece, o con eso los defienden? ¿No será mejor argumentar
y delinear los principios y programas en cada organización política?
“Defendamos
el ecosistema del Río Casas Grandes”