viernes, 9 de enero de 2015

PLATOS DE LENTEJAS, EL DIÁLOGO Y EL DEBATE



                                                                           Jorge Domínguez González

A mediados de la semana, el 7 del presente,  murió Julio Scherer García, quien se opuso al poder presidencial y que con un equipo de periodistas,  con ética diferente a la común, le puso límites y formaron la empresa que edita la revista “Proceso”, una obra que a mi parecer incluyó que los periodistas  pusieran en práctica su responsabilidad social frente a los que venden al poder su complacencia.

Hace muchos años de una persona nativa de la República Autónoma de los Hebreos la cuál me dijo algo así que estaba ubicada en la parte asiática del antiguo territorio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) país que, ya no existe y el nombre de este narrador está perdido en los retruécanos de mi memoria alzheimeriana. Él me contó  de la leyenda de un lugar en el cual por el hecho  ser el varón  primogénito  en una familia, la comunidad le reconocía   varios privilegios, entre otros el derecho a heredar las tierras paternas y todas las propiedades que tuviere el padre. Uno de ellos, el primogénito, era cazador y el otro se dedicaba a la recolección y a la agricultura. Un día el cazador, habiendo fallado en su labor, regresó a su casa con hambre y ese preciso día el hermano menor había preparado una sabrosa olla de lentejas y por consejo amoroso de su madre pidió que le vendiera primogenitura a cambio de un plato de lentejas a su hermano menor; el hermano mayor viendo que ese derecho no le serviría si moría,  accedió, le vendió la  progenitura a su hermano menor por  el plato de lentejas, quién raudo y veloz  lo puso en sus manos, al tiempo que iba por los testigos para que  quedara cerrado el trato del cual posteriormente obtuvo muchos beneficios, pero no recuerdo cuáles eran pero, por los ojos del contador fueron gran cantidad.

Me imagino que las lentejas habrían sido preparadas como yo lo hago: con tocino, cebolla, un diente de ajo, cilantro y las propias lentejas. Me imagino que la misma leyenda   en Europa hubiera sido referida a un sabroso pastel preparado con harina de trigo; en Tailandia un guiso en el cuál lo principal hubiera sido un platillo con base en el arroz y aquí en el norte de México hubieran hecho referencia a un platillo de “frijoles charros”, o sea, con queso, chicharrones y otros embutidos. Lo que no hubiera cambiado, tal vez, sería el hecho de venderle la comida a un hermano y que, como al vendedor de un plato de lentejas  le resultara un gran negocio como al menor de los hermanos; conforme a estos  los valores que se han perpetuado durante miles de años…

Habría de decir que, a mi ver,  en cualquier tipo de cultura dónde se internalizan como valores máximos el poder y el dinero, se siembran las semillas de la  corrupción y de la impunidad y que a cambio de un plato de lentejas, o de pastel, arroz o frijoles charros somos  proclives a la sumisión, la obediencia, la deshonestidad y dados a no cumplir con los castigos que nos correspondan.

A mi parecer,  eso es la política como se práctica en grandes extensiones del país; nuestra  patria  ha asumido hoy así esa actividad que en otros tiempos fue noble, porque llamaba  a los ciudadanos a reflexionar en la resolución  de los problemas que eran comunes en las “polis” (ciudades estados de los tiempos griegos), solucionar mediante el uso del poder y lo hacían los ciudadanos, que no las mujeres, esclavos o extranjeros, sino los hombres libres. A mi entender, ha de haber sido  en estos lejanos tiempos en que dieron inicio el diálogo y el debate. El primero como una conversación o plática entre dos o más personas y el segundo, entre dos personas o grupos con opiniones diferentes, a veces, irreconciliables. Tanto en el diálogo como en el debate se trata de convencer usando la exposición, la argumentación  y la contra-argumentación, además tácitamente se entiende que las intervenciones son de la misma duración y se conviene de la misma forma no arrebatar la palabra y no ofender,  ni escandalizar;  bueno, se supone que así han de ser los diálogos y debates entre gente civilizada; no obstante, no la prácticas se tuercen por los principios de la obediencia, el poder y el dinero que han sido inculcados por la familia, las escuelas, la sociedad misma y los medios.

Ahora, en nuestra matria (entidad) y a mi juicio para alejar las formas democráticas de gobierno y/o para ser  nombrados candidat@s a esto o aquello empiezan a surgir agrupaciones para impedir el diálogo y el debate y comienzan a descalificar a sus propios compañeros y a otras fuerzas con expresiones de “falsos paladines” , “salvadores de ocasión”,  “lenguas viperinas”,  “aquellos que ven la paja en el ojo del otro y no ven la viga en el propio”, etc.  ¿Y la defensa de principios o programas del partido al que se pertenece, o con eso los defienden? ¿No será mejor argumentar y delinear los principios y programas en cada organización política?



“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”