Las madres de familia y/o los padres de
familia, dependiendo del nivel sociocultural al cual pertenezcan, envían a sus
hijos a la escuela y algunos al final del año escolar se preocupan por sí sus
vástagos han sido aprobados o reprobados, los padres y madres de familia de
familia con el agobio de la lucha por la sobrevivencia, en un país y en un
estado dónde el subempleo y el desempleo son los reyes, sólo alcanzan a preguntar
a cada uno sus hijos(as) “¿Pasaste?” y
se refieren a si sus hijos fueron o no promovidos al años escolar siguiente; en
caso de respuesta afirmativa, lanzan una exhalación de satisfacción pero, en
caso de que la respuesta sea un “no”, el niño, la niña o el (la) joven en su futuro próximo se verán expuestos
en el entorno familiar y de sus amigos a una especie de acoso que a futuro les
causará trastornos psicológicos. En la familia, perderá la oportunidad de ser
el hijo predilecto y se le puede predestinar a la vagancia y a la mala vida; en
el círculo de sus amigos sucederá algo similar a excepción que siguiendo la
orientación de sus progenitores se haya incorporado a un círculo de amigos de
sus mismas características.
Otras madres de familia y/o los padres de
familia, dependiendo del nivel sociocultural al cual pertenezcan, envían a sus
hijos a la escuela y algunos al final del año escolar muestran el interés por
las calificaciones de sus descendientes; ven el número más alto y se lo
reconocen con un: “¡Andas bien en ésta materia!” y; le recriminan el número que representa la
calificación más baja: “¿Qué pasó aquí con esta materia? ¡Échale más
ganas!”. Esta situación deja un foco de
alerta en algunos progenitores; en el caso de que, la boleta
muestre calificaciones aprobatorias con
cierta homogeneidad, ahí queda la cosa.
Por otro lado existe la creencia generalizada de que las calificaciones
permanecen en el mismo nivel a lo largo
de la vida y que nos dicen mucho de los que es la persona con tan altas o tan
bajas calificaciones, lo cierto es que no sucede así, el nivel de
calificaciones pude variar porque quien asigna las calificaciones suele variar.
A un mismo alumno con las mismas habilidades y conocimientos, de manera
natural, distintos profesores solemos asignar distintas calificaciones y digo
de manera ”natural” y porque si el alumno es hijo del tendero que me otorga o
no crédito, su calificación será alta o baja…o
en los casos de los hijos de los funcionarios partidos políticos triunfadores, o de mis
simpatías o antipatías. Ojalá, este
elemento de ética sea ponderado en los exámenes para el ingreso de los nuevos
docentes al servicio, para no volver a
ver casos de alumnos con boletas que parecen capa de torero y “triunfan”
en la vida o casos de ex alumnos con “dieces”
y que su actuación como hijos, hermanos, padres, esposos, vecinos trabajadores,
sindicalizados y ciudadanos deja mucho
que desear, desde la óptica de quienes no comparten los valores de la moral
actual.
Por otros análisis exhaustivos respecto a
esta temática en el proceso de enseñanza-aprendizaje se ha llegado al
consenso entre la mayoría de docentes
que lo que se ha de hacer a los alumnos es EVALUAR, es decir evaluar a los alumnos y no
únicamente al final de año escolar., ni al final de periodos temporales, sino al
principio y al final de cada módulo de
aprendizaje. Evaluar es un proceso que los seres humanos llevamos a cabo con
frecuencia, es decir, valoramos o
estimamos de manera previa y posterior el resultado de nuestras acciones en
diferentes áreas de nuestra vida.
El pasado viernes la Secretaría de Educación
Pública (SEP) dio a conocer en el Diario Oficial el acuerdo 696 que establece
las normas generales para la evaluación, acreditación, promoción y
certificación en la educación básica, con el fin de ofrecer una educación con
pertinencia social, lingüística y cultural, lo que a mi parecer da pauta a
continuar con la corrupción en el ámbito educativo)
Así, la evaluación se basará en la valoración
del desempeño de los alumnos en relación con los aprendizajes esperados y con
los enfoques didácticos de los programas de estudio de educación preescolar,
primaria y secundaria, tomando en cuenta las características de diversidad
social, lingüística, cultural, física e intelectual de los alumnos.
A mi
juicio, lo relevante del documento es
que establece que la evaluación
para el alumno de educación preescolar será cualitativa, es decir, no se
empleará ningún tipo de clasificación o referencia numérica, el maestro sólo
anotará en el Reporte de Evaluación, sus recomendaciones para que los padres de
familia o tutores contribuyan a mejorar el desempeño de sus hijos. En el caso
de educación primaria y secundaria, el docente asignará a cada estudiante, una
calificación en una escala de cinco a 10, además hará un informe de cada alumno
que necesiten apoyo fuera del horario escolar, con el fin de que la escuela y
la familia, realicen las acciones necesarias que le permitan al alumno avanzar
al nivel de sus compañeros de grupo.
Respecto a las escuelas públicas de enseñanza
media-superior (preparatorias o bachilleratos) y escuelas públicas superiores (universidades) en claudicantes procesos de privatización, ya que cobran
colegiaturas y que a nadie informan de su gasto discrecional, la
evaluación será respetando “el derecho
de libre cathedra”.