A principios de los años 70´s, en el
Instituto Federal de Capacitación del Magisterio de la Cd. de Chihuahua,
nuestro profesor de Arte y Estética, Agustín Méndez Rosas, quién años después
sería nombrado Director Federal de Educación para el estado de Chihuahua nos
contaba que éste como entidad no contaba con un escudo pero, que él sentía que
la población de diversos rumbos del territorio chihuahuense se identificaba de
alguna manera con el escudo de la ciudad de Chihuahua que apenas había sido
elegido como tal alrededor del año de 1940.
En los años 70´s creo que la identidad de los jóvenes
estudiantes chihuahuenses era más que nada regional, referida a las
características geográficas propias del lugar de dónde vivían pero, sabiéndonos parte de un estado con un corrido propio, dónde el
consumo de frutas era de temporada como la naranja, guayaba, el aguacate que venían de lugares dónde “la vida se da en
árboles”; sabíamos que éramos parte de un territorio muy vasto pero, muy poco
poblado pues si íbamos a lugares lejanos dentro de Chihuahua, siempre nos
“salían” familiares o conocidos directos o indirectos.
El escudo de la ciudad de Chihuahua es un
arco gótico invertido cuyo centro se divide en tres partes separadas por hojas
de laurel. En la parte superior, a la
izquierda, hay un malacate, en el centro
el acueducto y a la derecha un mezquite; de fondo los cerros Coronel (sin las antenas que ahora
lo coronan), el Santa Rosa (sin casas) y el Grande (sin símbolo religioso),
antenas, casas y símbolo religioso fueron colocados ahí cuando ya existían leyes
que lo prohibían. En la parte media 16 cuarteles de colores alternados de plata
y rojo en los cuales están dos caras de perfil de un español y un indígena para
significar el mestizaje. En la parte inferior del escudo se encuentra la
fachada de la catedral de esa ciudad en color oro para significar la firmeza y
fortaleza.
En las esquinas de la parte superior se encuentran sendas flores de manzana y
luego: “Sn Phe El RL DE Chih” (San Felipe el Real de Chihuahua); circundándolo
de izquierda a derecha palabras que, a mi juicio, caracterizaron a los
chihuahuenses: valentía, lealtad y hospitalidad. En 1983 a este mismo escudo se modificó lo escrito en
la parte superior y se sustituyó por “Estado de Chih” y por decreto del
Congreso Local vino a ser el escudo del Estado de Chihuahua.
Tengo la impresión que los chihuahuenses mayores
de cincuenta años tuvimos la última oportunidad de ser testigos de como nuestros
padres o vecinos estaban disponibles
para de otorgar hospitalidad a personas, aun desconocidas, en caso de necesidad; luego, vino el tiempo de
no dar hospitalidad ni a los conocidos,
por conocidos y mucho menos a los desconocidos.
A mi, me parece que la
hospitalidad, que caracterizó a los chihuahuenses, venía desde siglos antes por
la consideración y solidaridad hacia los viajeros quienes tardaban días en
trasladarse de un lugar a otro dentro de este enorme territorio.
De la valentía los ejemplos son muchos en la
historia de Chihuahua algunos nombres de
personajes quienes realizaron este tipo
de acciones, para beneficio colectivo,
se encuentran en las paredes del Congreso de Chihuahua y otros muchos en la memoria de las
comunidades. Creo, que en las acciones
de esta naturaleza, valiente, el objetivo es el mejoramiento de este mundo y existen personas dedicadas a
ello, otros buscan de manera encubierta el beneficio personal y es difícil
detectar quienes son; a veces, se les localiza porque son los mismos que
descalifican y desacreditan a quienes se oponen a sus personales objetivos, en
otras se ponen en evidencia por establecer entre ellos relaciones de
dominación-subordinación y de apabullar para someter a quienes les son
contrarios, a mi ver, son reacios al diálogo.
Los chihuahuenses de antes de la
independencia del país siempre tuvieron lealtad
a la persona del rey Fernando VII
de España pero, cuando los habitantes de la Villa de San Felipe el Real
de Chihuahua alcanzaron a ver dentro de la caravana de prisioneros en 1811, a
quienes los realistas pintaban como un demonio enemigo de su rey Fernando VII,
fue cuando los chihuahuenses vieron a un anciano cansado y enjuto, a mi entender, ese fue el momento en que dio inicio la reflexión
de si la lealtad había de realizarse hacia las personas o si debía ser una
lealtad hacia principios.
Una de las características del Ejército Mexicano dentro del contexto de países latinos en el mundo y que data desde mediados del siglo pasado es
que para esta institución la más
alta jerarquía es un civil, pues el
Presidente de México, desde esos tiempos,
es para todos los militares el Comandante Máximo. Sucedió al revés en muchos países latinos de
América y de Europa en los que se establecieron gobiernos nacionales
encabezados por dictaduras militares, de las cuales apenas en los últimos
tiempos se han estado despojando. Sin embargo, ahora y visto desde la
experiencia de los chihuahuenses del siglo antepasado, me pregunto si es de
mayor honor que la jerarquía militar muestre lealtad a una persona o si es de
mayor honor la lealtad a principios
éticos elevados como la libertad y la justicia y digo esto último porque
pudieran considerar éticamente honorable los principios derivados del poder y/o
del dinero. Habríamos de analizar las variables de los casos de Portugal y de
Venezuela.