Jorge
Domínguez González
A mi juicio, confirmado
por las campañas de spots realizados antes del pasado debate, una de las
características del pensamiento político conservador para lograr simpatizantes o adherentes entre
las personas para un candidato o caudillo era la utilización de la
desacreditación, la difamación o las calumnias
a los oponentes, las cuales se llevaban a cabo, no frente a frente, sino
en las charlas privadas de manera coloquial, ahora hemos visto que se realizan
mediante campañas públicas difundidas y
avaladas por el mismísimo Instituto Federal Electoral.
Antes del “debate”
del pasado domingo 6 de Mayo, la ciudadanía pudiera haber esperado tener más luz
sobre cómo posicionan y
enfocan cada uno de los candidatos a la
presidencia de la república mexicana las propuestas de sus respectivos partidos y lo
lamentable es que, no conozco a alguien que pueda afirmar que entiende las
propuestas partidarias con el matiz que dan cada uno de los candidatos. Lo peor
es que un gran número de trabajadores de los medios tampoco conocen, para poder
discernir y analizar, en lo general, ni
las plataformas electorales o programáticas de los partidos, ni la
interpretación, particular, que de ellas hacen los equipos de los candidatos.
Parecería que la
maldición de los mexicanos fuese estar condenados a no tener elementos para que
la política fuera dominada por los ciudadanos y
que así, con la falta de esos conocimientos debiéramos de quedar inermes
ante la manipulación de los medios de difusión como la radio y la televisión
para que la política domine a los ciudadanos.
Con las lealtades entre los concesionarios
de los medios de difusión y quienes para ellos trabajan, del debate de los
candidatos ellos produjeron dos importantes conclusiones: 1. El puntaje alto de
Gabriel Quadri, quién se presenta como
candidato ciudadano y 2. Los 13 segundos en que aparece la edecán del evento.
1.
La
empresa encuestadora Demotecnia de María de las Heras realizó un ejercicio simultáneo
durante el primer debate de los candidatos a la Presidencia de la República.
Luego los conductores de los medios,
siempre fieles a los intereses de los concesionarios (que no propietarios),
destacaron qué: A). Al candidato que le
fue mejor en el debate fue a Gabriel
Quadri de la Torre con 40.45% pero,
omitieron que en último lugar fue Enrique Peña Nieto con 14.61%;
B). Difundieron los resultados a la
pregunta ¿Cuál de los candidatos te pareció el que expuso sus ideas de manera
más clara? Quadri 51.69%, aunque también excluyeron informar que el los últimos
lugares fueron, JVM 12.36% igual que EPN 12.36%; C). Lo más sorprendente fue
que los conductores nunca enfatizaron que,
que dentro del mismo ejercicio realizado
al finalizar el debate, para conocer la intención
del voto con la pregunta ¿Por cuál de
los candidatos votaría? La respuesta fue así: AMLO 31.46%, JVM 17.98%, Quadri
de la Torre 17.98% y Enrique Peña Nieto 16.85%.
2.
Luego, lo más destacable para los conductores
de radio y televisión fue el asunto de la edecán del evento, Julia Orayen, quien
para el debate usó un vestido blanco, entallado y escotado, la cual en
entrevista, aseguró haber elegido de
entre varias opciones de vestuario y que nadie en las instalaciones donde se
realizó el debate le dijo que no podía usarlo. La opinión de Vázquez Mota, sobre la
vestimenta de la joven había sido “una
decisión no acertada de alguien que no tuvo el más mínimo cuidado”. “Me pareció
que no estaba acorde a la seriedad o a la importancia que tiene un debate
presidencial”. Gabriel Quadri agregaría: “Me puso un poco nervioso, es
imposible no concentrar tu atención ante una mujer tan espectacular (…) Yo
nunca había estado junto a una playmate y la verdad creo que es algo que
desconcierta”. Sin duda que, el próximo
debate habrá de cuidar la imagen de la (o el)
edecán con respecto a su aspectación para que plegándose a la moral no distraigan a tan conservadoras personalidades.
Tal vez, pueda considerarse un avance para los debates públicos en los
medios de difusión en el país, el acuerdo
para que durante la realización
de los mismos, los debatientes sólo puedan
auxiliarse de los documentos impresos
que consideren necesarios y de que
habrían de abstenerse de utilizar dispositivos o medios electrónicos
como computadoras, tabletas, teleprompter o micrófonos.
A mi parecer, 120 minutos para un debate entre
4 personas es tiempo insuficiente para cualquier tema de altura que se trate y en el debate pasado fue más
insuficiente ese tiempo, porque hubo ponentes que desperdiciaron más tiempo
en la agresión, a las defensas y a las
ofensas. Lo cual a mi ver es entendible pues, lo que está en juego no es el crecimiento de la ciudadanía mediante la construcción de aprendizajes de
temas de política, sino un cargo de elección popular: la presidencia de la
república. A los ciudadanos nos ayudará
a normar criterio respecto a los candidatos, el conocer la integración de sus
gabinetes y los intereses que representan.
Acostumbrados a no
respetar a los oponentes, sino a la descalificación, fuera del formato
mecánico del debate, nos queda entendido que
de un mismo tema los debatientes han de disponer de un mismo tiempo
máximo, que hay derecho de réplica para los participantes y la contrarréplica
del ponente.
A mi entender, un elemento para
ubicar los intereses a quienes sirven las personas, las empresas de los medios de difusión y los candidatos es tener en cuenta no sólo lo
que se sí dice, sino lo que no se dice o la forma en que se dice. Para mi lo
más relevante en este sentido fue la coincidencia de EPN, JVM y Quadri los
deseos de privatizar de alguna manera a PEMEX.