Jorge Domínguez González
Mi padrino “Tanis”, criado a orillas del Río
Conchos alguna vez me contó que él en su infancia varias veces había comido anguilas, de las
últimas que quedaban, pues río abajo (del Río Bravo), o sea hacia dónde corría el agua, habían construido presas para el aprovechamiento de las aguas en la agricultura de Estados Unidos y
nuestro país. A mi a mediados de los años setentas del siglo pasado a orillas
de ese río, en el municipio de Coyame,
había tenido la oportunidad de conocer un “peje lagarto” que los lugareños llamaban
“chuakas” y ahora de ninguno de ellos se conoce la existencia en el estado de
Chihuahua. Ambos tipos de animales desovaban en el mar y las presas vinieron a
ser un obstáculo en su camino.
En el noroeste de la entidad hasta la fecha
hemos tenido la suerte de observar con regularidad, anualmente, la llegada y la partida de bandada de aves
como los patos, los gansos, los cuervos o las golondrinas, las cuales aparte
del batidero que dejan debajo de los nidos que construyen, a decir de mi madre,
también dejan “buena suerte” para los que ahí
habitan. En lo antes dicho sobre
peces y aves, he de resaltar que se infiere como cusa de su desaparición a la
actividad económica de los seres humanos: la construcción de presas. El futuro
de las de las aves citadas y de que sean
conocidas por futuras generaciones, a mi entender también está
relacionado con la actividad económica, responsable, de los seres humanos. Sin
embargo, parecería que la actividad económica ve únicamente la
ganancia para unos cuantos y los demás padeciendo lo efectos del cambio
climático, las nevadas se han alejado,
las oleadas de altas temperaturas han
llegado.
Cuando los seres vivos, entre ellos los humanos,
se van a vivir de un lugar a otro lugar, se dice que “emigran”; cuando
los humanos llegan vivir a un lugar
desde otros lugares se dice que son “inmigrantes”. Los movimientos de
emigración y de inmigración constituyen las” migraciones”. A los pueblos que
han estado en un lugar, los estadounidenses prefieren llamarlos “nativos”; los latinoamericanos y los antropólogos los
denominan “pueblos originarios” para
subrayar el hecho e que esos pueblos no han realizado movimiento
migratorio alguno.
En la vasta extensión del estado de Chihuahua
se podemos distinguir dos grandes
regiones naturales A) para el lado norte y oriente las planicies interrumpidas
por una que otra cordillera y B) en el lado poniente y sur “La sierra” con sus
cumbres y barrancas. Cuando llegaron los
primeros inmigrantes provenientes de España,
Chihuahua no estaba desierto, como decía
mi agüela esto era un “hervidero de gente” de
decenas de pueblos y de culturas originarias de algunos sobreviven solamente sus nombres:
los janos, los sumas, los tobosos los tlapacolmes, los conchos, los julimes.
Sobreviven de estos pueblos originarios aquellos en dónde los jesuitas
enfocaron su evangelización con sus valores y la enseñanza de la debida obediencia
a los inmigrantes: Tarahumaras, Guarojíos Pimas y Tepehuanes. Otros pueblos
originarios hubieron de huir de la entidad y radicar ahora en las reservaciones
establecidas en el territorio estadounidense como los chiricaguas, mimbreños,
jicarillas, comanches, lipanes, cabezas, coyoteros, mezcaleros, navajos,
salineros y otros, aunque su sangre permanece en la entidad.
En el siglo antepasado, en los tiempos del
dictador Porfirio Díaz, al noroeste de la entidad y provenientes de Estados
Unidos, por razones de diferencias religiosas llegaron como inmigrantes los
mormones; luego, a principios del siglo
pasado en los tiempos del Presidente Álvaro
Obregón llegaron los inmigrantes del Canadá, los menonitas, quienes descienden
de alemanes y holandeses. Ambos grupos de inmigrantes han sido recibidos con
privilegios, negados a los ciudadanos mexicanos. En la actualidad, la población
de la entidad se ha visto acrecentada por
personas inmigrantes de otros pueblos originarios del país como los grupos,
náhuatl, mixteco y mazahua eso si, sin ningún privilegio.
Durante el conflicto armado de la Revolución
Mexicana de 1910 al 1917 muchos de nuestros compatriotas emigraron en busca de seguridad al vecino
país del norte; luego con el fenómeno de la Segunda Guerra Mundial miles de
mexicanos hicieron lo mismo, unos de
manera legal, –como braceros-, y otros lo hicieron de manera indocumentada. El caso es que el
límite de nuestro amplio territorio nacional con los Estados Unidos no
únicamente nos sirve a los mexicanos como medio para pasar “al otro lado”, como
coloquialmente llamamos al país vecino, sino para que medio mundo lo haga si no
tiene papeles.
La manipulación de las noticias es un fenómeno complejo que atiende
intereses propios de un modelo económico.
Moviendo las ideas para un lado o para otro, los líderes republicanos o
los demócratas, llevan a que los estadounidenses, en torno a la migración
piensen de manera derechista o de manera progresista, o sea, de que el gobierno de ese país debe restringir
la llegada de inmigrantes o de que se
debe facilitar. A mi ver, en estos días por los medios de difusión, han generado entre los seres
humanos de esta región del mundo una
corriente de opinión racista y xenófoba, lo
que nos aleja de nuestra naturaleza humana