sábado, 28 de junio de 2014

SOBRE LAS MIGRACIONES, LA NATURALEZA Y LOS SERES VIVOS


Jorge Domínguez González 
 
Mi padrino “Tanis”, criado a orillas del Río Conchos alguna vez me contó que él en su infancia  varias veces había comido anguilas, de las últimas que quedaban, pues río abajo (del Río Bravo), o sea  hacia dónde corría el agua,  habían construido presas  para el aprovechamiento de las aguas   en la agricultura de Estados Unidos y nuestro país. A mi a mediados de los años setentas del siglo pasado a orillas de ese río, en el municipio de Coyame,  había tenido la oportunidad de conocer un  “peje lagarto” que los lugareños llamaban “chuakas” y ahora de ninguno de ellos se conoce la existencia en el estado de Chihuahua. Ambos tipos de animales desovaban en el mar y las presas vinieron a ser un  obstáculo en su camino.

En el noroeste de la entidad hasta la fecha hemos tenido la suerte de observar con regularidad, anualmente,  la llegada y la partida de bandada de aves como los patos, los gansos, los cuervos o las golondrinas, las cuales aparte del batidero que dejan debajo de los nidos que construyen, a decir de mi madre, también dejan “buena suerte” para los que ahí  habitan.  En lo antes dicho sobre peces y aves, he de resaltar que se infiere como cusa de su desaparición a la actividad económica de los seres humanos: la construcción de presas. El futuro de las de las aves citadas y de que sean  conocidas por futuras generaciones, a mi entender también está relacionado con la actividad económica, responsable, de los seres humanos. Sin embargo,  parecería  que la actividad económica ve únicamente la ganancia para unos cuantos y los demás padeciendo lo efectos del cambio climático, las nevadas se han  alejado, las oleadas de altas temperaturas  han llegado.

Cuando los seres vivos, entre ellos los humanos,  se van a vivir de un lugar  a otro lugar, se dice que “emigran”; cuando los humanos llegan  vivir a un lugar desde otros lugares se dice que son “inmigrantes”. Los movimientos de emigración y de inmigración constituyen las” migraciones”. A los pueblos que han estado en un lugar, los estadounidenses prefieren llamarlos “nativos”;  los latinoamericanos y los antropólogos los denominan “pueblos originarios” para  subrayar el hecho e que esos pueblos no han realizado movimiento migratorio alguno.

En la vasta extensión del estado de Chihuahua se podemos  distinguir dos grandes regiones naturales A) para el lado norte y oriente las planicies interrumpidas por una que otra cordillera y B) en el lado poniente y sur “La sierra” con sus cumbres y  barrancas. Cuando llegaron los primeros inmigrantes  provenientes de España, Chihuahua no estaba  desierto, como decía mi agüela esto era un “hervidero de gente” de  decenas de pueblos y de culturas originarias  de algunos sobreviven solamente sus nombres: los janos, los sumas, los tobosos los tlapacolmes, los conchos, los julimes. Sobreviven de estos pueblos originarios aquellos en dónde los jesuitas enfocaron su evangelización con sus valores y la enseñanza de la debida obediencia a los inmigrantes: Tarahumaras, Guarojíos Pimas y Tepehuanes. Otros pueblos originarios hubieron de huir de la entidad y radicar ahora en las reservaciones establecidas en el territorio estadounidense como los chiricaguas, mimbreños, jicarillas, comanches, lipanes, cabezas, coyoteros, mezcaleros, navajos, salineros y otros, aunque su sangre permanece en la entidad.

En el siglo antepasado, en los tiempos del dictador Porfirio Díaz, al noroeste de la entidad y provenientes de Estados Unidos, por razones de diferencias religiosas llegaron como inmigrantes los mormones; luego, a principios del  siglo pasado en los tiempos del Presidente  Álvaro Obregón llegaron los inmigrantes del Canadá, los menonitas, quienes descienden de alemanes y holandeses. Ambos grupos de inmigrantes han sido recibidos con privilegios, negados a los ciudadanos mexicanos. En la actualidad, la población de la entidad  se ha visto acrecentada por personas inmigrantes de otros pueblos originarios del país como los grupos, náhuatl, mixteco y mazahua eso si, sin ningún privilegio.

Durante el conflicto armado de la Revolución Mexicana de 1910 al 1917 muchos de nuestros compatriotas  emigraron en busca de seguridad al vecino país del norte; luego con el fenómeno de la Segunda Guerra Mundial miles de mexicanos hicieron lo mismo,   unos de manera legal, –como braceros-, y otros lo hicieron  de manera indocumentada. El caso es que el límite de nuestro amplio territorio nacional con los Estados Unidos no únicamente nos sirve a los mexicanos como medio para pasar “al otro lado”, como coloquialmente llamamos al país vecino, sino para que medio mundo lo haga si no tiene papeles.

La manipulación de las  noticias es un fenómeno complejo que atiende intereses propios de un modelo económico.  Moviendo las ideas para un lado o para otro, los líderes republicanos o los demócratas, llevan a que los estadounidenses, en torno a la migración piensen de manera derechista o de manera progresista, o sea, de  que el gobierno de ese país debe restringir la llegada  de inmigrantes o de que se debe facilitar. A mi ver, en estos días por los medios de  difusión, han generado entre los seres humanos de esta región del mundo  una corriente de opinión racista y xenófoba, lo  que nos aleja de nuestra naturaleza humana