sábado, 23 de agosto de 2014

NOTAS Y REFLEXIONES SOBRE LA APACHERÍA EN CHIHUAHUA



Jorge Domínguez González

El pasado miércoles tuve la oportunidad de asistir al Museo de las Culturas del Norte en donde el historiador Miguel Méndez García ofreció una conferencia la cual tocó aspectos relacionados con “La Apachería en Chihuahua”. Él es una de las personas, habitante de la comunidad mexicana de la  región noroeste de Chihuahua, quién –a mi  entender-, posee la más completa  sistematización de entre todo el pueblo llano  que vivimos  en estos lugares sobre los eventos que sucedieron durante más de 300 años en lo que actualmente es parte de Chihuahua. Un tema que, a mi ver,  es parte de la identidad histórica de los chihuahuenses.

En alguna ocasión, cuando fui docente, puse a mis alumnos varones en una situación dilemática y  pregunté,  para que se contestaran a si mismos: “Si en alguna ocasión, estuvieren en un baile y tuvieren la obligación   de bailar y no hubiere disponibles nada más que dos muchachas, de la misma edad una güera de ojos azules y una “aindiada”  de ojos negros   ¿A quién de las dos pediría que bailara con usted? La misma pregunta la refería a las alumnas: “Si en alguna ocasión, estuvieren en un baile y tuvieren la obligación   de bailar y al mismo tiempo, por un lado y otro se acercaren, a pedir que bailara dos muchachos, de la misma edad uno güero de ojos azules y uno “aindiada”  de ojos negros   ¿A quién de los dos aceptaría para que bailara con usted? Si hubiere pedido respuestas por escrito tendría una cuantificación del índice promedio de discriminación para los jóvenes de esa institución en aquel tiempo. La discriminación en nuestra cultura es algo de lo cual cada uno de nosotros evade hablar de la propia en el  mejor de los casos y no es opcional, sino que es uno de los valores a los que nos inducen las muy diferentes esferas de la sociedad y lo peor sin que nos percatemos de ello ¿Acaso el porcentaje de modelos o actrices rubias mostradas en los medios corresponde al porcentaje de rubias existentes en la sociedad?

Creo que las familias viejas de Chihuahua, guardan recuerdos del siglo antepasado como aquel de que un apache borracho se había metido, por la chimenea,  una casa y entre todas las mujeres lo golpearon y amarraron hasta que llegaron los hombres. Léase: mujeres  contra un  “apache borracho”, ideológicamente y evidentemente es para demeritar  a lo que hoy se conoce a los “pueblos originarios” para abonar al demérito social que tiene la palabra “indígena” (los que no hablan bien español, los flojos, los tontos, etc.) En lo personal pienso que si algo “bueno” subsiste en cada uno de nosotros, los chihuahuenses y los mexicanos, ese algo tiene que ver  con el espíritu de los “pueblos originarios”.

Nos referimos a esos pueblos así, no porque aquí haya sucedido la evolución  de ellos, aunque no faltará algún científico que eso sustente, la mayoría piensa que los grupos cruzaron de Asia a lo que hoy es América, hace miles de años, cuando se congeló el Estrecho de Bering. Llamamos “pueblos originarios” a los que YA  estaban aquí en  este continente cuando llegaron los europeos a conquistar y/o colonizar  con todo y sus valores; ellos se sorprendían, por incomprensible, cuando   con diversos rituales los veían decir “declaro estas tierras y lo que ellas contengan propiedad de su majestad el rey fulano, o de mi propiedad, en nombre de …”. No, la madre Tierra como Madre no podía ser propiedad de alguien;  sin embargo poco a poco, golpe a golpe, muerte a  muerte aprendimos a diferenciar MÍO, TUYO el primer, valor fundamental de la sociedad actual y a los cuales únicamente podemos referirnos como “los valores” pero, no debemos ser tan descarados como para mencionarlos pero, sabemos que sí son. No hay nadie que los enseñe mediante clases, pero los aprendemos mediante el didáctico ejemplo de lo que se hace con los recursos de diferentes instituciones de la sociedad que nos queden más cerca y los medios de difusión distrayéndonos para que no veamos la realidad, según el sociolingüista  Noam Chomsky.

Pero como diría mi agüelita “de eso no estábamos hablando”. Con  trascendencia social el choque de culturas originarias con  las europeas fue de dos tipos. Primero llegaron los españoles sin mujeres y luego llegaron los de Inglaterra con sus familias; los primeros por el oro y las riquezas, los otros por lo mismo pero, principalmente huyendo de persecuciones religiosas. Los primeros cohabitando generalmente con las indígenas y los otros cohabitando  excepcionalmente con las indígenas, Pocahontas es un ejemplo. De español e indígenas centenares y luego miles  de mestizos; al principio repudiados por las familias de ellas porque estaban “descoloriditos”, habitantes sin derecho en las tierras de sus madres. Aproximadamente 60 años después, el dominico Fray Bartolomé de las Casas hubo de visitar a Carlos I de España  para convencerle de que los pueblos originarios eran seres humanos y por lo tanto merecedores de derechos y deberes, mas de aquí a que llegó ese reconocimiento con las Nuevas Leyes, muchos pueblos originarios habían desaparecido en las minas y a ellas fueron traídos esclavos de África y a ello se debe la sensualidad  de algunos de las y los chihuahuenses, labios gruesos y cabello  rizado  (Chantal Cramaussel). Hay quienes interpretan que la escultura de Sebastián “La puerta de Chihuahua”, a la entrada sur de esa población, que cada columna representa  estas tres razas originales de Chihuahua. 

Otra vez,  como diría mi agüelita “de eso no estábamos hablando”. La colonización de los ingleses en la costa este de América forzó a  los pueblos originarios a migrar hacia el oeste, haciendo que los diferentes grupos de apaches penetraran, poco a poco,  a las tierras de la Nueva España, de la Nueva Vizcaya en cuyo norte se encuentra lo que sería Chihuahua, a la vez  que los españoles exterminaban a la población nativa aplicando sus valores máximos;  Así, siempre hubo quienes apoyaron a los señores del poder, como todavía los hay,

Como anécdota:  a la par de que está de moda que los jóvenes al lanzarse del último trampolín gritan Jerónimo,  los habitantes de Mata Ortiz, en el mpio. de Casas Grandes, generación tras generación, aseguran que Ju, el maestro de Jerónimo, rodó y murió al  resbalar hasta el río, cerca de El Rucio 10 kilómetros al sur 

“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”