Jorge
Domínguez González
Durante mi vida he tenido varias mascotas,
animales domésticos que he tenido con el propósito de que me sirvan de
compañía. Actualmente tengo, desde hace nueve años, una gata de un hermoso pelaje de color gris
con una mancha blanca en el pecho, se llama “Grigia” (pronúnciese gridya, o sea, grisa.)
Antes tuve un gato rayado al que nombré “Comotú” y le precedió un gato totalmente negro y que traje de
Juárez cuando llegué aquí, su mote fue “Pechckole” me acompañó además a “Las
Chepas” y a Puerto Palomas y nuevamente a esta población; murió en este último
lugar y después de toda una serie de aventuras para trasladar el cadáver y finalmente
enterrarlo al pie de un álamo que planté en el frente de la casa. También poseí, en mi ciudad natal una bonita
rata blanca de la cual no sabía que
estaba embarazada y cuyas crías con el tiempo salieron de su jaula e infestaron
la casa donde vivía en ese entonces.
Creo que he
sido una persona a quién le simpatizan las mascotas. La primera mascota
que tuvimos fue un perro de casta grande, de raza indefinida, de color amarillo
casi canela. La casa tenía varios cuartos y estaba en un terreno grande Mi
padre no quería tener un ser más a quien mantener pero, mis hermanos y yo
porfiamos, varias veces al día, todos los días y durante un tiempo largo le
hacíamos a mi papá la misma petición: “queremos un perro”, ¿Para qué quieren un
perro?” y respondíamos para jugar, todos tienen uno. A mi todavía me parece que
fue mucho tiempo el que duramos haciendo
la misma petición a mi padre, hasta que mi padre al fin nos reunió a todos los
hijos con el señuelo de “a la mejor vamos a tener un perro, vengan cuando se
empiece a hacer de noche”; desde media
tarde suspendimos los habituales juegos y nos sentamos a esperar para preguntar
el color, el tamaño, etc. Ya reunidos, cuando al fin mi padre se acercó a
nosotros nos preguntó de un de sopetón 3
cosas. “¿Quiénes van a juntar las mierdas? ¿Quiénes van a ir a comprarle la
comida al perro y darle agua? ¿Quiénes se encargarán de mantener limpia a la
mascota?” Todos los hijos guardamos silencio y añadió: “si no hay quién cuide
al animal; no hay perro” y a algunos se
nos salieron las lágrimas; entonces mi padre: tú Jorge irás a comprar bofe 2 ó 3 veces por semana, los cuales eran
hervidos para preservar y racionar –no eran tiempos de croquetas ni de
refrigerador- y le tendrás agua limpia todos los días, tus hermanas mantendrán limpio de excremento el patio y
los más chicos revisarán que el perro no tenga garrapatas, el perro se llamará “Rocky”.
Mucho tiempo después supe que este nombre corto, se refería al apellido de
mayor millonario estadounidense de aquel tiempo: Rockefeller. Luego vendría el momento triste de llevar
el a “Rocky” en un carro de mulas para
tirarlo en el basurero; mi padre le
había disparado un balazo certero en la cabeza pues había contraído la rabia. Aprendí
en esta infancia que las responsabilidades de tener una mascota implicaban tener
amarrada la mascota durante el día y soltarlo y jugar con ella sólo de noche y dentro del terreno de la casa, qué
los dueños deben alimentar adecuadamente a sus mascotas, que los perros han de
permanecer dentro de los domicilios y sus dueños han de mantener aseado su
entorno interior dentro del domicilio, y que
ha de vigilarse permanentemente la salud de las mascotas.
Con todos estos aprendizajes ¿Por qué tengo
de mascota una gata y no un perro? El terreno en las casas de interés social,
como es la de dónde vivo, es muy pequeño. Ahora hay que pagar el 16%por el
alimento de las mascotas y una macota grande consume mucho alimento; ahora se
prefiere razas caninas chicas, de esas que contaminan auditivamente, ladran y
ladran la mayor parte del día y la noche, tal vez por hambre; además, contaminan con su excrementos el frente de las casas de quienes no son sus
dueños. Para el colmo de males con estos
ojos –que no se habrán de comer los gusanos porque ya pedí a mi familia que me
cremen- he visto que los amos de perros los sacan de noche para que vayan a
excrementar y/o a buscar alimento y aunque son razas de pequeña casta, si de
día permanecen fuera de las propiedades de sus amos, pueden representar un
peligro para los niños de preescolar que van a su escuela y los causantes
principales de contaminación por “cagarrutas” que suelen lucir algunos barrios
de nuestra ciudad; poner pimienta en las aceras de nuestras casas para evitar
que los animales de los vecinos vayan a dejar su “regalito” es caro.
Luego, “La perrera” de los Servicios Públicos
Municipales frecuentemente descompuesta y cuando no lo está, los dueños de los
animales impiden que se los lleven y como aliento a esta falta de cultura cívica, no reciben ninguna multa o
llamado de atención es como la práctica política generalizada en las ciudades
de nuestra entidad y en nuestro país. La fracción I del Artículo 9 del
Reglamento de Faltas al Bando de Policía y Buen Gobierno del Municipio de Nuevo
Casas Grandes, Chih., establece que: “son faltas o infracciones Contra la
Seguridad de las personas y sus Bienes permitir el propietario de un animal que
este transite libremente…”
La coronación de nuestra cultura cívica
respecto a la contaminación canina (de
sólidos y acústica) será llevar a la práctica la supuesta recomendación de una
sociedad protectora de animales: poner cuencos con agua y croquetas en las
calles para perros vagabundos o que complementando el mensaje de San Francisco
de Asís grupos de jóvenes católicos impulsaran el reparto de agua y croquetas en
las calles, en lugar de, al menos, hacer
campañas para recoger excrementos de perros.
“Defendamos
el ecosistema del Río Casas Grandes”