sábado, 23 de febrero de 2013

NOTAS SOBRE LA RENUNCIA DE BENEDICTO XVI

                                                                                                                   Jorge Domínguez González

Por ser tema de interés sociológico y personal en el caro sentido que como chihuahuense tengo respecto la libertad de conciencia y a la libertad de religión los cuales he incorporado a mi identidad  individual;  quiero opinar lo que, desde mi punto de vista, existe tras la renuncia del papa Benedicto XVI, no para denostar o descalificar, como suele suceder  gracias al ejemplo con el cual un alto porcentaje de la alta clase política  educa al pueblo,  en el arte de mostrar  una cara o hacer  promesas frente a los ciudadanos mientras a sus espaldas atentan contra los intereses populares  violentando y tergiversando el sentido de la ley, no.  No, quiero opinar como ser humano, que vive en una sociedad del norte de México en dónde si bien es cierto que, por razones históricas existen razones que nos alejan del fanatismo y nos acercan a la tolerancia religiosa, hoy me parece pérdida esa identidad libertaria; no obstante,  cuando  con pena veo, lo que para mi es un retraso social manifestado cuando un considerable porcentaje de habitantes del noroeste de la entidad pues, cuando afirman o niegan verbalmente  lo hacen acompañando, la afirmación o negación de advocaciones a la divinidad. Cambiando con ello, poco a poco, este elemento de la identidad que nos hacía diferentes a otros mexicanos. Parecería que, es más difícil ser que aparentar o decir, no cabe duda.

Las memorias de mi infancia y de mi juventud. Me llevan a recordar de mi formación católica con las misas en latín y mi tránsito, a través, de las demás iglesias  que existían en mi tierra natal, Delicias, por el tiempo necesario para conocer los dogmas que,  a mi ver, las hacían (a estas religiones)  diferentes a unas de otras aunque  todas se refirieran a un mismo Dios.  Un alto, antes de llegar a mi  ateísmo, en el cual me he detenido, fue la finalización del Concilio   Vaticano II y sus  manifestaciones de ese evento  en 1967 en mi terruño: las misas ya no fueron en latín, sino en español; el sacerdote ya no daba la espalda a la feligresía  durante la misa…como que sentí que la Iglesia Católica trataba de ponerse al día. Este Concilio Vaticano II fue convocado  por el Papa Juan XXIII y presidido por el mismo desde el año 1962 y, luego presidido por el Papa Pablo VI desde la muerte de aquel en 1963 hasta su conclusión en 1965. El objetivo principal era el que he citado: la puesta al día de esta institución religiosa, que congrega todavía al mayor número de creyentes en el mundo, en italiano, el “aggiornamento”. Se aspiró,  en esta reunión de obispos,  a la renovación de la práctica moral de la vida, desde el punto de vista de esta religión, en todos sus fieles.

Desde afuera de esta organización, la Iglesia Católica,  podemos observar a quienes estaban por el “aggiornamento”, y  a veces su testimonio, y quienes en sentido contrario  pretendían que la Iglesia regresara a sus fuentes originales.   Entre aquellos se encontraban los jesuitas que propusieron la “Teología de la liberación” y entre estos últimos Joseph Ratzinger quién posteriormente sería nombrado como Papa Benedicto XVI en el año 2005, después del larguísimo pontificado de Juan Pablo II. Desde afuera eso vemos pero ¿y desde adentro? No sé, como creyentes podrán ver a su manera, como creyentes podrán ver esta parte de la Historia de la Iglesia con los ojos de la fe.

El pasado Jueves 14 de Febrero, los noticieros de los medios de difusión electrónica de México, citaron más de veinte veces ese día  que “El Papa durante su estancia en León, Gto.,  sufrió una leve herida en su cabeza”. El mismo día estos medios citaron, únicamente,  dos veces que él Papa manifestó  que ya no tenía fuerzas para cumplir con el cargo y ocultaron las severas críticas de Benedicto XVI emitidas el Miércoles de Ceniza cuando manifestó  que “La Iglesia está en ocasiones desfigurada por las divisiones del cuerpo eclesiástico…”, o qué lamentó la hipocresía religiosa”, así como  “el comportamiento de los que aparentan”  y las actitudes de los que buscan ante todo “los aplausos y la aprobación” y en esta intervención el Papa  llamó a superar “el individualismo y las rivalidades”.

Luego, el fin de semana que pasó, nos llega desde Roma, Italia  y por medio del periódico “ la Repubblica” (El Diario de Juárez. 22 de Febrero 2013. Pág..15A) que Benedicto XVI había nombrado una comisión que investigara a la jerarquía vaticana y que durante el transcurso del 2012 le informaron, que “destacados miembros de dichas jerarquías estaban implicados en luchas intestinas por el poder, el dinero e incluso el sexo…añade que este documento será entregado al siguiente papa”. A mi parecer, de ser cierta esta información, debe reconocerse, la renuncia al cargo por Benedicto XVI  como un acto educativo de honestidad y valentía ante una situación de corrupción que no pudo cambiar.