domingo, 16 de octubre de 2011

EL APORTE DEL ESTADO PARA LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN

16 de Octubre del 2011 Jorge Domínguez González

A mi parecer un alto porcentaje de los docentes aplicamos todavía, de manera predominante, los paradigmas de la pedagogía tradicionalista, la cual fue moderna en el siglo antepasado (del año de 1800 a 1899) bajo la influencia de pedagogos como Èmile Durkheim y John Dewey, francés uno, estadounidense el otro. A mi entender, en términos generales, el paradigma dominante entiende como fundamental dentro de las aulas: a un docente dedicado a la enseñanza, a trasmitir conocimientos, a cuidar el orden y la disciplina, a la par, de que los docentes entendemos que, todo alumno que llega al salón de clases, llega en blanco y que su deber será memorizar los conocimientos trasmitidos oralmente por su profesor. La relación entre el maestro y los alumnos es una relación de dominación-subordinación y de manera abierta se entiende que los mejores alumnos son los obedientes.

Además, la pedagogía tradicionalista entiende que de la educación como proceso de enseñanza-aprendizaje debe de primarse la enseñanza y a partir de ello, el responsable de la educación es el “enseñante”, es decir, el profesor. Los valores pedagógicos son de que en la enseñanza debe de existir correspondencia entre el nivel físico y el nivel psicológico; de que la enseñanza debe de ser de utilidad práctica; de que la enseñanza ha de despertar el interés de los alumnos y que ha de ser integral. Lo anterior forma parte de la síntesis valoral que de aquellos pedagogos, realiza como aporte el maestro mexicanizado Enrique C. Rébsamen, como una contribución para la modernidad educativa del país, no en el siglo pasado, sino en el siglo antepasado.

De mi parte, aprecio que a más de cien años subsistan estas modernas concepciones pedagógicas ya que, hace dos años el cabildo en pleno de Santa Rosa Mohovano, Chih., otorgó un reconocimiento a quién considera una destacada pedagoga del lugar llamada Doña Atocha, quien se caracterizó por mantener vigentes enfoques pedagógicos de la época colonial como castigos corporales y las planas interminables para memorizar…no descartaría que ex-alumnos de ella, dedicados a otras tareas de relación con la sociedad, aplicaran alguna de esas prácticas sin remordimientos de conciencia.

Cabe decir que los profesores que estudiaron con los programas de de educación normal de los años 60´s, 70´s y 80´s, su curriculum contemplaba una serie de asignaturas que recogían el pensamiento pedagógico moderno como “técnica de la enseñanza de esto”, “técnica de la enseñanza de lo otro”, además de que, poco a poco, fue haciéndose relevante la asignatura que aparecía con el nombre de “material didáctico” u otros nombres y en la cual se insistía en presentar material para los alumnos que fuera llamativo para atraer su atención con lo cual en su última etapa derivó en una corriente pedagógica que se caracteriza en el uso de la tecnología para la enseñanza, en un principio referida al uso del proyector de diapositivas y en la actualidad a la posesión de la habilidad en el uso del “cañón”, tecnología que combina el uso de la computadora con el proyector de diapositivas.

Esta corriente pedagógica, sin abandonar del todo los sustentos teóricos de la pedagogía tradicional añade otros aportes como los psicológicos estudiados por Pavolv de la relación estímulo-respuesta, los cuales aplicados a la educación derivan en el conductismo como pedagogía y con ello, también la manera de aplicar reforzamientos a los aprendizajes de esta naturaleza y que son parte, de la cual no puede prescindir, la base teórica de la tecnología educativa.

De la tecnología educativa puede decirse que de la educación como proceso de enseñanza-aprendizaje que aunque toma como referencia el aprendizaje, lo más relevante es la enseñanza. Además, en la relación maestro-alumno se da una relación de intercomunicación que es una ilusión democrática porque detrás de este clima aparente se esconden principios rigurosos de planeación y estructuración de la enseñanza. Es común que en la relación maestro-alumno, el maestro aparente dejar el papel central al alumno mediante “las exposiciones por equipo”, las cuales suelen degenerar en que los alumnos comprenden sólo una parte del total de la temática a exponer. En la tecnología educativa, el conocimiento es un saber al cual se accede por medio de ella misma.

En el siglo pasado, en 1994, la Secretaría de educación Pública se propuso descentrar la actividad educativa de la enseñanza y llamar la atención que del proceso de educativo que, lo es de enseñanza-aprendizaje, para primar los aprendizajes dentro del aula y con ello la importancia de los “aprendientes”, los alumnos. Así, a través de la Universidad Pedagógica Nacional, en los programas de la Licenciatura en Educación tuvo asignaturas como “El aprendizaje de esto”, “El aprendizaje de lo otro”, además de otros aspectos que fueron resaltados con este advenimiento de la pedagogía constructivista. Sin embargo, esta corriente educativa, de la Pedagogía Constructivista u Operatoria que, hubiera generado, la -tan clamada-, calidad educativa no fue apoyada por el Estado pues para que el profesor esté al tanto de los niveles de aprendizajes de los alumnos y del apoyo individualizado que necesita cada alumno se requiere que el tamaño de los grupos no exceda a los 20 alumnos. No hubo voluntad política para disminuir el tamaño de los grupos, ni aumentando el número de plazas de profesores o disminuyendo el número de profesores comisionados…y ahora, como antes, tampoco existe esa voluntad y el Estado no apoya la calidad de la educación, en la práctica apoya la Pedagogía Tradicionalista y la Tecnología Educativa porque su aplicación no requiere financiamiento extra, pues los profesores pueden enseñar a grupos de 30, 40 ó 50 ó más alumnos pero, para educar con calidad es otro el tamaño de los grupos.