sábado, 15 de septiembre de 2012

NO SÉ SI ALGÚN DÍA VERÉ….

                                                                                                          Jorge Domínguez González

El 6 de septiembre próximo pasado el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación  (TEPJF) declaró a Enrique Peña Nieto como Presidente Electo conforme a la ley máxima, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Si entre nosotros habitare alguna avanzada de otro planeta o de la quinta dimensión se estarán preguntando el motivo ilógico por el cual, desde la noche de la elección (el 1° de Julio  que pasó)  los grandes medios de difusión    adjudicaban a Enrique Peña Nieto el triunfo y se referían a él como si ya hubiere estado calificada la elección presidencial. La prueba de esta falta de equidad de los medios se encuentra  en las hemerotecas de todos los medios de difusión escritos, y en los depósitos de televisoras y radiodifusoras en dónde guardan  estos archivos electrónicos.

Lo que, al menos esperábamos un tercio de mexicanos, es de que antes o al tiempo de publicar dicha declaratoria, la cual se anticipó con días al plazo máximo establecido,  que el TEPJF añadiera a la referencia cuantitativa  una referencia cualitativa, basada en criterios jurídicos, sobre la constitucionalidad cuestionada, sobre todo a la referida por el Artículo 41 de esa ley que establece que la renovación del poder ejecutivo se realizará mediante  elecciones libres, auténticas y periódicas, una alusión crítica fundada al Instituto Federal Electoral (IFE). Seguramente que hay,  profesionistas en el país que podrían habernos explicado  el significado y las condiciones mínimas para que un ser humano actúe y elija de manera libre o auténtica…y de ser posible, pudo ser que nos hicieran saber  lo que se requiere para que los extraterrestres o seres de la quinta dimensión puedan elegir de manera libre y auténtica. Pero, si ya quedó para la foto, que quede para la historia el modo de actuar del TEPJF que calificó la elección del 2012.

A mi entender, estos tiempos que ya corren desde el 1° de septiembre y que se anticipan, en Chihuahua, a otra contienda electoral  del próximo año podrían ser, en mi opinión,  el momento de que los  dirigentes de los partidos políticos, en todos sus niveles, para  llamen a la reflexión ciudadana de sus agremiados sobre lo que es la participación ciudadana, la cual  como derecho tenemos todos los mexicanos, la forma en que el ejercicio de la responsabilidad ciudadana incide en  nuestros semejantes, ya de trato cercano como los son nuestros familiares y amigos, ya de otro nivel como nuestra participación en asociaciones comunitarias, y en partidos políticos.

Creo que a algunos grupos de interés económico les ha de convenir el descrédito de los partidos políticos, de los sindicatos y otras instancias de la vida comunitaria porque de esta forma podrán tomar acuerdos con los dirigentes cupulares de los mismos para efectos de obtener beneficios propios de nuestra sociedad mexicana.

Así, a mi entender, se ha pervertido el concepto  de “partido” como institución política que debiera de ser y cuando uno dice con intención política  “voy al partido”, se refiere al edificio o local del partido; cuando escuchamos con la misma intención “vienen los del partido”, entendemos de que vienen personas o dirigentes del partido político; cuando sabemos que “ese carro es del partido”, sabemos con la misma intención que su propietario es una institución política,  que no su uso. Y aunque existen ciudadanos especializados en encontrar como no cumplir la ley, todo el crédito de la corrupción suele recaer en los dirigentes de partidos políticos.  Este descrédito, con sustento propio, ha dado pauta para que instituciones ligadas a los intereses del 1% de la población, nos atraigan  con la novedosa iniciativa de ciudadanizar las contiendas electorales con la propuesta de “candidatos ciudadanos”, a mi ver,  lo que se debiera de ciudadanizar es la vida pública del país, con funcionarios públicos electos y designados que rindan cuentas de manera clara y transparente, informando y tomando en cuenta la opinión de la ciudadanía.

Podríamos coincidir que, básicamente, un partido político es la organización formada por individuos con ideales comunes los cuales  tienen como meta alcanzar el poder para llevar a la práctica esos ideales comunes. Para ingresar a un partido político hay que firmar una aceptación de los ideales del mismo que se manifiestan en la Declaración de Principios.  Hasta hoy y consultando las declaraciones de principios de los partidos políticos y de las asociaciones políticas, pareciera que los dirigentes de los partidos políticos avalan la desinformación de sus miembros y simpatizantes, y de que requieren tener manga ancha para ejercer el poder concentrado en sus personas,  pues dichos documentos (Declaraciones de Principios o equivalentes) suelen ser de decenas de páginas ¿Cómo puede un mexicano promedio dedicar tanto tiempo para leer tantas declaraciones de principios, a fin de  encontrar la Declaración de Principios más coincidente con sus ideales. En mi opinión es menester, en una sociedad que transita al futuro, que los partidos políticos sean partidos políticos y que sus miembros estén, auténticamente, en los partidos políticos  por sus ideales y no por intereses de diferente transitoriedad que van desde una torta hasta contratos secos o jugosos. Hace falta la congruencia de los miembros, simpatizantes o amigos, de un partido político con los ideales que manifiesten perseguir.  No sé si algún día veré todo lo anterior como realidad, ya ahuyentadas  de nuestras tierras la corrupción y  la impunidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Otra vez Víctor Manuel Ramírez Méndez

Sobre Cartas a Quien Pretende Enseñar de  Paulo Freire.

 EN: Temas selectos de educación.
DE: Víctor Manuel Ramírez Méndez.

Hace ya varias lunas, cuando me encontraba en mi primera década de servicio como profesor de educación básica, llegó a mis manos un libro de Paulo Freire, titulado “Cartas a quien pretende enseñar”, en esa etapa me encontraba cursando la Licenciatura en Educación, plan 94 en la UPN de Cd. Camargo, Chih. Afortunadamente los asesores de esta institución lograron en muchos de nosotros despertar el interés por la lectura, pero no solo eso, nos animaron a llevar a la práctica muchas de las propuestas que se nos plantaban en esos textos.
Recientemente, en los Cursos Básicos de Formación Continua, una compañera maestra, me cuestionaba sobre cómo se llega a ser un buen maestro, reconocido por los alumnos y por algunos compañeros. Al tratar de darle respuesta, recordé algunos pasajes de este libro, los cuales quiero compartir con ustedes, ya que algo de lo que en él se menciona, cambió el rumbo de mi práctica docente. (La mayoría de los maestros si leemos y recordamos los títulos de los libros) 
Cuando llegó a mis manos, lo primero que me llamó la atención, fue un texto que se encontraba en la contraportada, escrito por Rubem Alves, y que dice lo siguiente: “Barthes decía que la vida de un maestro se divide en tres etapas. En la primera enseña lo que sabe. En la segunda, lo que no sabe. Y, en la tercera, se entrega al aprendizaje de desaprender. Los maestros del Taoismo ya habían percibido que el camino para la sabiduría pasa por el olvido de lo aprendido. Alber Caeiro también sentía lo mismo y hablaba de la necesidad de despojarse de lo que había sido enseñado para reencontrarse consigo mismo. Al final de tal proceso, posiblemente con la llegada de la vejez, Barthes se sentía de un nuevo saber, al que daba el nombre de sapiencia: el saber sabroso. Y, sin el menor embarazo, admitía ser sabio, por sus raíces etimológicas, significa “el que degusta”. Ser sabio no es tener acumulados conocimientos en grado superlativo: es haber desarrollado la capacidad erótica de sentir el gusto por la vida. Como el mismo dice, sapiencia es: nada de poder, un poco de saber, y el máximo posible de sabor.

 Estas cartas de Paulo Freire son textos de sabiduría. Él mismo lo confiesa al hablar del placer enorme que tuvo al prepararlas. Y si son textos de placer, sus palabras no son solo ofrecidas a la inteligencia, como objeto de pensamiento, son ofrecidas al cuerpo entero, para ser degustadas y comidas…Y al lector se le puede decir lo que el ángel del Apocalipsis dijo al apóstol Juan: Toma el librito y cómelo”.
En la tercera carta Paulo Freire inicia con la siguiente frase “Vine a hacer el curso del magisterio porque no tuve otra posibilidad”. En ella nos lleva a reflexionar,  sobre la forma en que llegamos a ser maestros, muchos de nosotros posiblemente daríamos esa misma respuesta, y por lo tanto estaríamos ejerciendo algo que no nos gusta y que nos quedó como último recurso,  y por lo tanto nuestra práctica educativa en la mayoría de los casos dejara mucho que desear, pues no le encontraremos el gusto o el placer de lo que hacemos, no estoy generalizando. En mi experiencia, he observado como algunas personas piensan que ser profesor o profesora es simplemente pararse frente a un grupo y hablar, hablar, hablar…, con ello se dicen maestros, el estar frente a un grupo no significa ser maestro y mucho menos ser un profesional de la educación.

 En esta carta Paulo Freire menciona: “Estoy completamente convencido de que la práctica educativa, de la que he hablado y a cuya importancia y belleza me he referido tanto, tampoco puede tener para su preparación esas razones de ser o esas motivaciones. Incluso es posible que algunos cursos de capacitación del magisterio sean, irresponsablemente, simples “tragamonedas”. Esto es posible, pero no significa que la práctica educativa llegue a ser una especie de marquesina bajo la cual la gente espera que pase la lluvia. Y para pasar una lluvia bajo una marquesina no necesitamos formación”. Desafortunadamente, algunos pensamos que por el solo hecho de asistir a una institución formadora de docentes durante un tiempo determinado ya llegamos a ser los supersabios, el título nobiliario que se nos entrega, no garantiza que así sea, si no es tomado con seriedad.
“La práctica educativa, por el contrario, es algo muy serio. Tratamos con gente, con niños, adolescentes y adultos. Participamos en su formación. Los ayudamos o los perjudicamos en esta búsqueda. Estamos intrínsecamente conectados con ellos en su proceso de conocimiento. Podemos contribuir a su fracaso con nuestra incompetencia, mala preparación o irresponsabilidad. Pero también podemos contribuir  con nuestra responsabilidad, preparación científica y gusto por la enseñanza, con nuestra seriedad y nuestro testimonio de lucha contra la injusticia, a que los educandos se vayan transformando en presencia notable en el mundo.(Freire, 1994).

 La próxima semana les compartiré algunas otras de las reflexiones que podemos encontrar en este libro.