Sobre
Cartas a Quien Pretende Enseñar de Paulo Freire.
EN: Temas selectos de
educación.
DE: Víctor Manuel
Ramírez Méndez.
Hace ya varias
lunas, cuando me encontraba en mi primera década de servicio como profesor de educación
básica, llegó a mis manos un libro de Paulo Freire, titulado “Cartas a quien
pretende enseñar”, en esa etapa me encontraba cursando la Licenciatura en
Educación, plan 94 en la UPN de Cd. Camargo, Chih. Afortunadamente los asesores
de esta institución lograron en muchos de nosotros despertar el interés por la
lectura, pero no solo eso, nos animaron a llevar a la práctica muchas de las
propuestas que se nos plantaban en esos textos.
Recientemente, en
los Cursos Básicos de Formación Continua, una compañera maestra, me cuestionaba
sobre cómo se llega a ser un buen maestro, reconocido por los alumnos y por
algunos compañeros. Al tratar de darle respuesta, recordé algunos pasajes de
este libro, los cuales quiero compartir con ustedes, ya que algo de lo que en
él se menciona, cambió el rumbo de mi práctica docente. (La mayoría de los
maestros si leemos y recordamos los títulos de los libros)
Cuando llegó a
mis manos, lo primero que me llamó la atención, fue un texto que se encontraba
en la contraportada, escrito por Rubem Alves, y que dice lo siguiente: “Barthes
decía que la vida de un maestro se divide en tres etapas. En la primera enseña
lo que sabe. En la segunda, lo que no sabe. Y, en la tercera, se entrega al
aprendizaje de desaprender. Los maestros del Taoismo ya habían percibido que el
camino para la sabiduría pasa por el olvido de lo aprendido. Alber Caeiro
también sentía lo mismo y hablaba de la necesidad de despojarse de lo que había
sido enseñado para reencontrarse consigo mismo. Al final de tal proceso,
posiblemente con la llegada de la vejez, Barthes se sentía de un nuevo saber,
al que daba el nombre de sapiencia: el saber sabroso. Y, sin el menor embarazo,
admitía ser sabio, por sus raíces etimológicas, significa “el que degusta”. Ser
sabio no es tener acumulados conocimientos en grado superlativo: es haber
desarrollado la capacidad erótica de sentir el gusto por la vida. Como el mismo
dice, sapiencia es: nada de poder, un poco de saber, y el máximo posible de
sabor.
Estas cartas de
Paulo Freire son textos de sabiduría. Él mismo lo confiesa al hablar del placer
enorme que tuvo al prepararlas. Y si son textos de placer, sus palabras no son
solo ofrecidas a la inteligencia, como objeto de pensamiento, son ofrecidas al
cuerpo entero, para ser degustadas y comidas…Y al lector se le puede decir lo
que el ángel del Apocalipsis dijo al apóstol Juan: Toma el librito y cómelo”.
En la tercera
carta Paulo Freire inicia con la siguiente frase “Vine a hacer el curso del
magisterio porque no tuve otra posibilidad”. En ella nos lleva a
reflexionar, sobre la forma en que
llegamos a ser maestros, muchos de nosotros posiblemente daríamos esa misma
respuesta, y por lo tanto estaríamos ejerciendo algo que no nos gusta y que nos
quedó como último recurso, y por lo
tanto nuestra práctica educativa en la mayoría de los casos dejara mucho que
desear, pues no le encontraremos el gusto o el placer de lo que hacemos, no
estoy generalizando. En mi experiencia, he observado como algunas personas
piensan que ser profesor o profesora es simplemente pararse frente a un grupo y
hablar, hablar, hablar…, con ello se dicen maestros, el estar frente a un grupo
no significa ser maestro y mucho menos ser un profesional de la educación.
En esta carta
Paulo Freire menciona: “Estoy completamente convencido de que la práctica
educativa, de la que he hablado y a cuya importancia y belleza me he referido
tanto, tampoco puede tener para su preparación esas razones de ser o esas
motivaciones. Incluso es posible que algunos cursos de capacitación del
magisterio sean, irresponsablemente, simples “tragamonedas”. Esto es posible,
pero no significa que la práctica educativa llegue a ser una especie de
marquesina bajo la cual la gente espera que pase la lluvia. Y para pasar una
lluvia bajo una marquesina no necesitamos formación”. Desafortunadamente,
algunos pensamos que por el solo hecho de asistir a una institución formadora
de docentes durante un tiempo determinado ya llegamos a ser los supersabios, el
título nobiliario que se nos entrega, no garantiza que así sea, si no es tomado
con seriedad.
“La práctica
educativa, por el contrario, es algo muy serio. Tratamos con gente, con niños,
adolescentes y adultos. Participamos en su formación. Los ayudamos o los
perjudicamos en esta búsqueda. Estamos intrínsecamente conectados con ellos en
su proceso de conocimiento. Podemos contribuir a su fracaso con nuestra
incompetencia, mala preparación o irresponsabilidad. Pero también podemos
contribuir con nuestra responsabilidad,
preparación científica y gusto por la enseñanza, con nuestra seriedad y nuestro
testimonio de lucha contra la injusticia, a que los educandos se vayan
transformando en presencia notable en el mundo.(Freire, 1994).
La próxima semana
les compartiré algunas otras de las reflexiones que podemos encontrar en este
libro.
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