miércoles, 12 de septiembre de 2012

Otra vez Víctor Manuel Ramírez Méndez

Sobre Cartas a Quien Pretende Enseñar de  Paulo Freire.

 EN: Temas selectos de educación.
DE: Víctor Manuel Ramírez Méndez.

Hace ya varias lunas, cuando me encontraba en mi primera década de servicio como profesor de educación básica, llegó a mis manos un libro de Paulo Freire, titulado “Cartas a quien pretende enseñar”, en esa etapa me encontraba cursando la Licenciatura en Educación, plan 94 en la UPN de Cd. Camargo, Chih. Afortunadamente los asesores de esta institución lograron en muchos de nosotros despertar el interés por la lectura, pero no solo eso, nos animaron a llevar a la práctica muchas de las propuestas que se nos plantaban en esos textos.
Recientemente, en los Cursos Básicos de Formación Continua, una compañera maestra, me cuestionaba sobre cómo se llega a ser un buen maestro, reconocido por los alumnos y por algunos compañeros. Al tratar de darle respuesta, recordé algunos pasajes de este libro, los cuales quiero compartir con ustedes, ya que algo de lo que en él se menciona, cambió el rumbo de mi práctica docente. (La mayoría de los maestros si leemos y recordamos los títulos de los libros) 
Cuando llegó a mis manos, lo primero que me llamó la atención, fue un texto que se encontraba en la contraportada, escrito por Rubem Alves, y que dice lo siguiente: “Barthes decía que la vida de un maestro se divide en tres etapas. En la primera enseña lo que sabe. En la segunda, lo que no sabe. Y, en la tercera, se entrega al aprendizaje de desaprender. Los maestros del Taoismo ya habían percibido que el camino para la sabiduría pasa por el olvido de lo aprendido. Alber Caeiro también sentía lo mismo y hablaba de la necesidad de despojarse de lo que había sido enseñado para reencontrarse consigo mismo. Al final de tal proceso, posiblemente con la llegada de la vejez, Barthes se sentía de un nuevo saber, al que daba el nombre de sapiencia: el saber sabroso. Y, sin el menor embarazo, admitía ser sabio, por sus raíces etimológicas, significa “el que degusta”. Ser sabio no es tener acumulados conocimientos en grado superlativo: es haber desarrollado la capacidad erótica de sentir el gusto por la vida. Como el mismo dice, sapiencia es: nada de poder, un poco de saber, y el máximo posible de sabor.

 Estas cartas de Paulo Freire son textos de sabiduría. Él mismo lo confiesa al hablar del placer enorme que tuvo al prepararlas. Y si son textos de placer, sus palabras no son solo ofrecidas a la inteligencia, como objeto de pensamiento, son ofrecidas al cuerpo entero, para ser degustadas y comidas…Y al lector se le puede decir lo que el ángel del Apocalipsis dijo al apóstol Juan: Toma el librito y cómelo”.
En la tercera carta Paulo Freire inicia con la siguiente frase “Vine a hacer el curso del magisterio porque no tuve otra posibilidad”. En ella nos lleva a reflexionar,  sobre la forma en que llegamos a ser maestros, muchos de nosotros posiblemente daríamos esa misma respuesta, y por lo tanto estaríamos ejerciendo algo que no nos gusta y que nos quedó como último recurso,  y por lo tanto nuestra práctica educativa en la mayoría de los casos dejara mucho que desear, pues no le encontraremos el gusto o el placer de lo que hacemos, no estoy generalizando. En mi experiencia, he observado como algunas personas piensan que ser profesor o profesora es simplemente pararse frente a un grupo y hablar, hablar, hablar…, con ello se dicen maestros, el estar frente a un grupo no significa ser maestro y mucho menos ser un profesional de la educación.

 En esta carta Paulo Freire menciona: “Estoy completamente convencido de que la práctica educativa, de la que he hablado y a cuya importancia y belleza me he referido tanto, tampoco puede tener para su preparación esas razones de ser o esas motivaciones. Incluso es posible que algunos cursos de capacitación del magisterio sean, irresponsablemente, simples “tragamonedas”. Esto es posible, pero no significa que la práctica educativa llegue a ser una especie de marquesina bajo la cual la gente espera que pase la lluvia. Y para pasar una lluvia bajo una marquesina no necesitamos formación”. Desafortunadamente, algunos pensamos que por el solo hecho de asistir a una institución formadora de docentes durante un tiempo determinado ya llegamos a ser los supersabios, el título nobiliario que se nos entrega, no garantiza que así sea, si no es tomado con seriedad.
“La práctica educativa, por el contrario, es algo muy serio. Tratamos con gente, con niños, adolescentes y adultos. Participamos en su formación. Los ayudamos o los perjudicamos en esta búsqueda. Estamos intrínsecamente conectados con ellos en su proceso de conocimiento. Podemos contribuir a su fracaso con nuestra incompetencia, mala preparación o irresponsabilidad. Pero también podemos contribuir  con nuestra responsabilidad, preparación científica y gusto por la enseñanza, con nuestra seriedad y nuestro testimonio de lucha contra la injusticia, a que los educandos se vayan transformando en presencia notable en el mundo.(Freire, 1994).

 La próxima semana les compartiré algunas otras de las reflexiones que podemos encontrar en este libro.

 

 

 

 

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