sábado, 8 de septiembre de 2012

LA FORMACIÓN DE VALORES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

                                                                                                                                                                                                           Jorge Domínguez González

En mi opinión, y por principios, considero que el ingreso de todos los jóvenes que deseen realizar aprendizajes en una carrera determinada, dentro de las escuelas de educación superior en las instituciones del Estado mexicano, que el gobierno mismo debe proporcionarla a todos los solicitantes, de manera gratuita como lo marca la ley (Art. 3°, Fracc. IV). Aunque, dentro de esos aspirantes, hemos de considerar que, un número indeterminado de jóvenes, no ingresa a las escuelas por vocación, sino por otras razones, las cuales no eliminan el ejercicio del derecho a la educación que poseen, aunque hacerlo es deleznable porque ocupan lugares de otros.
Mi punto de vista es que, si el Estado realmente de disponiere de pocos recursos para cumplir la ley y no alcance a cubrir el pago a los docentes y sin desviar el presupuesto educativo a los pagos y prestaciones superfluos de funcionarios públicos designados, lo más justo a mi entender, es aplicar procesos de selección pero, sin hacer recaer la carga del financiamiento educativo en los padres de familia, porque a mi entender no es ético mercantilizar la educación pública, ni de este nivel, ni de ningún otro.
Así, en las circunstancias anteriores es dable que el Estado realice un proceso de selección con transparencia para todos los participantes en el proceso de selección. A mi entender el proceso de selección de alumnos para ser admitido en una institución de educación superior puede ser: A) con base a los conocimientos previos, b) tomando en cuenta la vocación, C) al azar. Los procesos de selección que toman en cuenta los conocimientos previos son los más generalizados; los que toman en cuenta el llamado interior o vocación hacia una carrera se aplican poco; la selección mediante sorteo de los lugares disponibles en la institución lo utiliza la Universidad de la Ciudad de México. A mi, en lo personal, todos esos tipos pueden ser usados con propósitos de admisión a una institución de educación superior, siempre y cuando sean procesos auténticos transparentes y se respeten los criterios públicos y procedimientos establecidos en la convocatoria propios de cada caso. Hoy por hoy, el requisito insalvable en las universidades e instituciones de educación superior de México, ya sean particulares o de gobierno, es que los alumnos han de pagar cuotas, violentando la ley.
En el estado de Chihuahua, para el ingreso a una escuela de educación superior, las instituciones no informan en la convocatoria el número de espacios disponibles, ni tampoco de los criterios de admisión, de la puntuación mínima requerida. Un indebido documento secreto es la puntuación que obtiene el conjunto de alumnos pero, al igual que el secreto bancario se usa para fines deshonestos, en este caso para que no se advierta el número de “recomendados” que envían funcionarios públicos, electos o designados quienes, practicantes de la cultura de la corrupción y a un lado la cultura de la legalidad “por circunstancias extraordinarias” recomiendan no sólo a quienes sustentaron el examen y obtuvieron baja puntuación, sino hasta alumnos que no lo hicieron. Me parece que esta es una práctica por todos conocida pero, que por su naturaleza misma es difícil de cuantificar porque, no hay registros de quienes envían recomendados, ni de quienes aceptan. Si los gobiernos ocultan la información del número total de maestros y de las horas cobradas y laboradas ¡Mucho menos informarían de este detalle!
A mi forma de ver, los alumnos no aprenden los valores que se les discursan en el desarrollo de una clase, ellos aprenden en términos generales de lo que ven en su entorno y así los valores sociales y promovidos por los medios son el poder y el dinero y otros relacionados. Por eso, a mi parecer, estas acciones en el terreno educativo de recomendar para ingreso de unos y de aceptar recomendados por otros (con anuencia del gobierno) giran en torno al valor del poder pero, generan graves cadenas de corrupción que se manifiestan, no únicamente, en la relación maestro-alumno, sino en la formación cívica y ética de futuros ciudadanos, quienes habrán aprendido a no cumplir la ley y a simular en su relación con las instancias públicas…esto sucede en un entorno de ilegalidad por parte del Estado actual respecto a la ley máxima y no habrá de suceder con el gobierno que deseamos…o dentro de las competencias y saberes que proponen los nuevos programas educativos ¿la práctica de esta forma de corrupción, la de los “recomendados”, será una del saber convivir de esta forma, como deseable para la vida futura del país tal cual lo establecen los actuales programas educativos?
Si alguna vez se conformare en nuestro país alguna Comisión Nacional Anticorrupción, a mi juicio, una de sus tareas sería la eliminación de esta práctica de enviar y recibir a los alumnos en las escuelas. A mi ver, esta práctica, la de los recomendados a escuelas de educación, puede ser con consecuencias mínimas para los alumnos de los primeros grados de educación básica, los cuales corresponden al primer nivel de desarrollo moral en el niño, al nivel preconvencional pero, la gravedad de las repercusiones en el desarrollo moral de los alumnos, los cuales serán parte del futuro de la sociedad, comienza cuando entran en el nivel II, el nivel convencional (el cual coincide con la adolescencia), y que está referido al sistema social y a la conciencia ya que tiene que ver con el conocimiento y la reproducción social.
En este nivel II del desarrollo moral y en sus estadios correspondientes, los alumnos cimientan su conocimiento ético por medio de la observación, misma que internalizan de diversa forma, y por los ejemplos recurrentes, del entorno familiar y escolar. Posteriormente, esta impronta se manifestará en la relación maestro-alumno dentro del aula y en la su relación familiar. Luego, se manifestará en la relación alumno-sociedad.
Los alumnos post-adolescentes que arriban a educación superior lo hacen en el nivel III del desarrollo moral, llamado también Postconvencional o de principios, con los cimientos que han adquirido antes y si han ingresado de esta irregular manera a las instituciones públicas de educación superior, la mayoría no lo presume pero, se advierte quienes son ellos por las actitudes sumisas ante las autoridades del plantel y las conductas de agresión simbólica (platicar, telefonear, durante clase, etc.) ante otros docentes a quienes ellos no les “deben” nada. En la vida social es seguro que los alumnos que son recomendados, al igual que sus recomendadores, son trasgresores de la ley, con valores referenciales que no les han servido de “nada” y que su acto de ingresar así a una institución de educación superior es prueba inolvidable del valor poder.

 

 

 

 

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