19 Febrero del 2012 Jorge Domínguez González
Me sorprende confirmar lo que siempre he pensado: no sólo los chihuahuenses somos un pueblo generoso, sino que todos los habitantes de este país también existimos como un pueblo generoso dado a compartir parte de lo que tiene, así sea poco, aunque de dar y poseer yo no podría determinar hasta qué grado ha penetrado el valor de “poseer” en cada integrante de nuestra sociedad y el grado en el cual se ha perdido el valor de la “generosidad” durante esta parte del siglo que inicia, por efecto del modelo económico en el que han insertado a nuestro país por parte del gobierno y de los poderosos, entre quienes en lo privado, habrá ,-seguramente-, quienes tengan los intereses económicos como valor que prima en sus vidas.
Los medios de difusión en las semanas anteriores a la presente nos han informado de cómo organizaciones ciudadanas, personas en lo individual, empresas y hasta variados niveles de niveles de gobierno en todo México se han volcado en ayuda a los tarahumaras de diversa manera y con distintos formas de asistencialismo hacen llegar ayuda, asistencia alimentaria, a quienes desde hace siglos lo requieren, entre ellos el pueblo originario conformado por los tarahumaras, tarahumares, como les decimos por acá.
Sabedores los chihuahuenses de que en la entidad existen algunos nombres con toponímicos,-solos o combinados-, como San Francisco de Conchos, Janos, Julimes, Orinda, Bachimba, etc., de que hay otros lugares de los que solamente queda el recuerdo que al nombre actual antecedía la palabra “congregación”, porque ahí eran obligados a vivir a pueblos indígenas. Ahora, ya sólo nos indican el nombre de pueblos originarios que alguna vez hubieron en esos lugares o en dónde eran congregados y que por efectos de determinado tipo de evangelización ya no se hallan ahí; por ello, algunos de nosotros en Chihuahua comprendemos el afán de los rarámuris (tarahumaras) de alejarse a lugares aislados y remotos, porque lo que para nosotros es civilización, para ellos está claro que la llegada de gentes externas sus comunidades, significa tarde que temprano, el exterminio de su pueblo. Conociendo lo anterior para la mayoría de chihuahuenses es evidente que los tarahumares son recelosos y desconfiados no por defectos del carácter o por ser malagradecidos, sino por la experiencia histórica del exterminio sucedido a decenas de pueblos originarios quienes fueron en el pasado vecinos de ellos.
Hace cuarenta años todavía existían en
En el primer párrafo reconocía que en Chihuahua somos generosos y que así hemos sido en Chihuahua respecto a el hambre de los tarahumaras pero, hoy el país se ha volcado en esta ayuda que es necesaria por los efectos de las heladas y la sequía que se padece en la entidad, hemos de profundizar la reflexión.
Hace tiempo escuché que “Si das un pez al hambriento se le satisface el hambre de ese día, mas si enseñas a pescar a ese hombre satisfacerás su hambre para toda la vida.” El primer tipo de ayuda al hambriento es la asistencialista y la segunda la sustentable. Sin dejar de reconocer que hoy por hoy los tarahumaras requieren ayuda asistencial, llamó a la reflexión de si los tarahumaras no han requerido más la ayuda para proyectos sustentables, para que los tarahumaras hubiesen aprendido a pescar.