El 6 de septiembre próximo pasado el Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación
(TEPJF) declaró a Enrique Peña Nieto como Presidente Electo conforme a
la ley máxima, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Si
entre nosotros habitare alguna avanzada de otro planeta o de la quinta
dimensión se estarán preguntando el motivo ilógico por el cual, desde la noche
de la elección (el 1° de Julio que
pasó) los grandes medios de difusión adjudicaban a Enrique Peña Nieto el triunfo y
se referían a él como si ya hubiere estado calificada la elección presidencial.
La prueba de esta falta de equidad de los medios se encuentra en las hemerotecas de todos los medios de
difusión escritos, y en los depósitos de televisoras y radiodifusoras en dónde
guardan estos archivos electrónicos.
Lo que, al menos esperábamos un tercio de mexicanos,
es de que antes o al tiempo de publicar dicha declaratoria, la cual se anticipó
con días al plazo máximo establecido, que el TEPJF añadiera a la referencia
cuantitativa una referencia cualitativa,
basada en criterios jurídicos, sobre la constitucionalidad cuestionada, sobre
todo a la referida por el Artículo 41 de esa ley que establece que la renovación
del poder ejecutivo se realizará mediante
elecciones libres, auténticas y periódicas, una alusión crítica fundada
al Instituto Federal Electoral (IFE). Seguramente que hay, profesionistas en el país que podrían habernos
explicado el significado y las
condiciones mínimas para que un ser humano actúe y elija de manera libre o
auténtica…y de ser posible, pudo ser que nos hicieran saber lo que se requiere para que los extraterrestres
o seres de la quinta dimensión puedan elegir de manera libre y auténtica. Pero,
si ya quedó para la foto, que quede para la historia el modo de actuar del
TEPJF que calificó la elección del 2012.
A mi entender, estos tiempos que ya corren
desde el 1° de septiembre y que se anticipan, en Chihuahua, a otra contienda
electoral del próximo año podrían ser,
en mi opinión, el momento de que
los dirigentes de los partidos políticos,
en todos sus niveles, para llamen a la
reflexión ciudadana de sus agremiados sobre lo que es la participación
ciudadana, la cual como derecho tenemos
todos los mexicanos, la forma en que el ejercicio de la responsabilidad ciudadana
incide en nuestros semejantes, ya de
trato cercano como los son nuestros familiares y amigos, ya de otro nivel como
nuestra participación en asociaciones comunitarias, y en partidos políticos.
Creo que a algunos grupos de interés
económico les ha de convenir el descrédito de los partidos políticos, de los
sindicatos y otras instancias de la vida comunitaria porque de esta forma
podrán tomar acuerdos con los dirigentes cupulares de los mismos para efectos
de obtener beneficios propios de nuestra sociedad mexicana.
Así, a mi entender, se ha pervertido el
concepto de “partido” como institución
política que debiera de ser y cuando uno dice con intención política “voy al partido”, se refiere al edificio o
local del partido; cuando escuchamos con la misma intención “vienen los del
partido”, entendemos de que vienen personas o dirigentes del partido político;
cuando sabemos que “ese carro es del partido”, sabemos con la misma intención
que su propietario es una institución política, que no su uso. Y aunque existen ciudadanos
especializados en encontrar como no cumplir la ley, todo el crédito de la
corrupción suele recaer en los dirigentes de partidos políticos. Este descrédito, con sustento propio, ha dado
pauta para que instituciones ligadas a los intereses del 1% de la población,
nos atraigan con la novedosa iniciativa
de ciudadanizar las contiendas electorales con la propuesta de “candidatos
ciudadanos”, a mi ver, lo que se debiera
de ciudadanizar es la vida pública del país, con funcionarios públicos electos
y designados que rindan cuentas de manera clara y transparente, informando y
tomando en cuenta la opinión de la ciudadanía.
Podríamos coincidir que, básicamente, un partido
político es la organización formada por individuos con ideales comunes los
cuales tienen como meta alcanzar el
poder para llevar a la práctica esos ideales comunes. Para ingresar a un
partido político hay que firmar una aceptación de los ideales del mismo que se
manifiestan en la Declaración de Principios. Hasta hoy y consultando las declaraciones de
principios de los partidos políticos y de las asociaciones políticas, pareciera
que los dirigentes de los partidos políticos avalan la desinformación de sus
miembros y simpatizantes, y de que requieren tener manga ancha para ejercer el
poder concentrado en sus personas, pues dichos
documentos (Declaraciones de Principios o equivalentes) suelen ser de decenas
de páginas ¿Cómo puede un mexicano promedio dedicar tanto tiempo para leer
tantas declaraciones de principios, a fin de encontrar la Declaración de Principios más
coincidente con sus ideales. En mi opinión es menester, en una sociedad que
transita al futuro, que los partidos políticos sean partidos políticos y que
sus miembros estén, auténticamente, en los partidos políticos por sus ideales y no por intereses de
diferente transitoriedad que van desde una torta hasta contratos secos o
jugosos. Hace falta la congruencia de los miembros, simpatizantes o amigos, de
un partido político con los ideales que manifiesten perseguir. No sé si algún día veré todo lo anterior como
realidad, ya ahuyentadas de nuestras
tierras la corrupción y la impunidad.
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