La utopía educativa.
"El humor denota igualdad.
Se lo excluye premeditadamente
del aula porque es un elemento
nivelador.
El humor liquidaría el respeto
que exige
el maestro porque su risa, mezclada
con la de los alumnos,
lo haría demasiado humano”.
Alexander Neil.
La vida del ser humano
está llena de utopías, los grandes saltos que la humanidad ha dado a lo largo
de la historia, han sido en un inicio, una utopía, ejemplo de ello lo
encontramos en los limites que se fijaron dentro de nuestro mismo planeta,
internarse cada vez a mayor profundidad en los océanos, los viajes a la luna,
la conquista de los polos, los retos que representa escalar los picos más altos
del mundo , naves supersónicas, entre muchas otras cosas.
Para Alexander Neil, el
contar con un centro educacional, con las características que se mencionaron en
el artículo de la semana pasada, también fue una utopía, el apostó a una
educación que se basaba en el amor y la libertad, recordemos que su idea
principal era educar seres humanos felices, sin complejos y satisfechos. Esta
utopía al igual que las que se mencionan en el primer párrafo de este texto, se
volvió realidad, y para beneplácito del Maestro Jorge Domínguez, en algunos países se siguen teniendo escuelas
de este tipo , claro que con una serie de problemas, por la regulación de los
Ministerios de Educación, que las consideran en algunos casos como un peligro
para la sociedad por el “exceso de libertad”.
Observemos y analicemos
las premisas sobre las que se fundamenta, y así poder hacer nuestro propio
juicio.
§ El
ser humano es intrínsecamente bondadoso.
§ Los
seres humanos son capaces de aprender a autogobernarse.
§ Las
emociones son tanto o más importantes que el intelecto.
§ La represión sexual sería, de algún modo, la
máxima expresión de la represión social que se ejerce sobre los individuos.
§ Los
niños tienen una alta capacidad de desarrollar los valores de justicia y
democracia.
Para lograr lo
anterior es necesario, que se dé una relación horizontal entre maestro y
alumno, impensable para la sociedad de principios del siglo pasado y algunas
actuales, con esta relación, se logra que los espacios educativos se conviertan
en escenarios en donde se puedan discutir las más variadas opiniones e ideas,
favorece el pensamiento crítico en la escuela, deja de lado el pensamiento
lineal, por el que la mayoría
circulamos(sin culpables, así fuimos educados) y abriendo paso a un pensamiento
divergente, que permita observar las situaciones y problemas desde diferentes
ángulos o perspectivas.
Otra de las
situaciones que debe de tomarse en cuenta, es el hecho de que la escuela debe
de proporcionar una sensación de seguridad y de comodidad, en la cual, los
estudiantes se sientan en confianza para expresar sus ideas, sin temores a
equivocarse o ser reprimidos, esto implica una responsabilidad para ellos, ya
que decidieron tomar una alternativa, y se tienen que hacer responsables de los
resultados. En Summerhill, las actividades se hacen por gusto no por
imposición.
Para Alexander Neil,
uno de los principales problemas de los proyectos educativos llamados
tradicionales, es que el trabajo que realiza el educador, está limitado por las
restricciones del sistema, otra situación, que él considera más grave que la
anterior, es que el éxito académico se posiciona sobre el éxito personal. El
éxito personal no visto desde el punto de vista del capital humano, sino como
un ser libre y feliz, que disfruta de su vida dentro de una sociedad, en la que se autoregula, y toma decisiones.
Lo anterior lleva a
pensar que un niño o niña que crece en un ambiente libre (recuerden lo que es
libertad para Alexander Neil) se encuentra en mejores condiciones de enfrentar
el mundo, pues no se presentan ante él como seres temerosos, dependientes e
influenciables.
Imaginemos como le
fue a esta idea en una sociedad conservadora, pero fundamentalmente moralista,
cundo dentro de los fundamentos se dice “ …los individuos libres, pueden vivir
su propia vida y no la que sus impacientes padres desean para él”.
“Para muchos,
Summerhill se transformó en una experiencia de vida, pues transforma la escuela
en un lugar en el que se ve el aprendizaje como algo deseado, lo que
representa, hasta ahora, la mayor deuda del sistema tradicional.
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