LOS REGISTROS DE ASISTENCIAS Y EL PODER SIMBÓLICO DE CONTROL
La forma de evaluar y los resultados de las evaluaciones en la Subsede NCG de la Unidad 08B de la UPN y en las demás instituciones educativas es también, a mi juicio, una forma de hacer política. Cada uno de los docentes dice los resultados de los aprendientes y los señala como positivos o negativos, como alumno bueno o como alumno malo. Es más, les asigna una calificación que pude pretender medir el conocimiento y dentro de cada aula el docente señala el porqué de ser positivo o negativo el alumno en el salón de clases. Así los criterios de cada enseñante son diferentes aún tratándose del mismo grado y asignatura.
El Estado a través de los órganos de gobierno se encarga de expedir o autorizar “certificados” de conocimientos con calificaciones que los alumnos han obtenido por medio de evaluaciones, a las que el alumno podría tener acceso después de acreditar un mínimo de 80% de asistencias en los sistemas escolarizados.
Tengo la impresión de que, la evaluación surge en la sociedad laica para que el Estado, en sustitución de la Iglesia, señale a los individuos como con mérito o sin mérito para la función pública y sin determinar con claridad para que se utilizará lo que con rituales y/o variados procedimientos se evalúa, es decir, quién es el mejor o quién es más competente.
Desde hace años, son otros los tiempos diferentes a los de los inicios de la certificación del Estado de los conocimientos o competencias. Para acceder a cargos de la función pública desde hace tiempo ha dejado de ser importante ser el mejor o el más competente y las certificaciones de estudios o títulos, para satisfacer los requisitos para alcanzar los cargos públicos, se pueden obtener en la plaza de Santo Domingo o en otros lugares o por otros medios. Por ello, la voz popular dice “hay títulos son profesionistas y profesionistas sin títulos”, referida la voz a que existen gentes que han obtenido de manera ilegítima un título y no ejercen con la mínima calidad una profesión u oficio, y de que hay quienes ejercen con vocación una profesión u oficio sin poseer el documento.
Normas tan básicas para dar certeza a la expedición de los documentos en las instituciones escolares ya no existen, como lo sería la listas de asistencias de alumnos…bueno, si existen y la mayoría de docentes las posee pero, de eso a utilizar las
Listas de Asistencia de manera eficiente existe un pantano inmenso el cual se llena al concluir los cursos con una memoria imposible para cualquier grupo mayor de 30 alumnos.
J. Gimeno Sacristán y Pérez Gómez nos hablan[i] de las prácticas de evaluación como poder de control y señala que en un entorno de diferencias en el espacio escolar y por la actitud y la forma de llevar a cabo estas prácticas “…se convierten con demasiada facilidad en instrumentos para potenciar el dominio sobre las personas”.
A mi ver, el llevar el registro de asistencias en cada clase es parte del ejercicio del poder de control, del que habla J. Gimeno Sacristán, porque el mínimo de asistencias del 80% es la parte fundamental para poder acceder a la evaluación que certificará el Estado, es lo instituido. A mi juicio, esta forma de ejercicio del poder de control, en la actualidad, adopta formas más graves, cuando en el espacio aúlico penetra la cultura de la corrupción, o sea, cuando el docente, el dominador, no lleva el registro de asistencias en cada clase, porque simbólicamente ejerce un poder de control mayor, ya que los dominados, los aprendientes, en la incertidumbre de que se registre en esa oportunidad su asistencia, sienten que del dominado depende de manera total el que se registre su asistencia a la clase. En la primera forma, el llevar el registro diario de asistencias, da cierto grado de seguridad a los dominados de que ese hecho ha sido tomado en cuenta. Creo que se ha pervertido el llevar registro de asistencias en la mayoría de escuelas del país y su ejercicio simbólico al no llevar el registro de asistencias a los alumnos da como resultado mayor poder en las relaciones entre el dominador (enseñante) y los dominados (aprendientes).
No obstante, a mi ver debería la sociedad reflexionar en el hecho de que los alumnos deberían de asistir a la escuela sólo para que les acreditaran la construcción de aprendizajes y competencias, me parece que para muchos alumnos, es una tortura permanecer en la escuela cuando ya han realizado los aprendizajes y competencias que señalan los programas que certificará el Estado. También debe revisarse la postura de los padres de familia que entienden a la escuela como guarderías o lugar de atención permanente con grupos cuyo tamaño, antipedagógicamente, rebasa los 15 ó 20 alumnos
[i] J. Gimeno Sacristán y Pérez Gómez. Las funciones de la evaluación en la práctica. en: Comprender y transformar la enseñanza. Madrid. Ed. Morata.1994. pp.364-379.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
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