miércoles, 26 de noviembre de 2008

EL SEXAR

LOS JÓVENES Y “LO QUE SUCEDE EN LA CAMA”

Y es que uno escucha de jóvenes que inician su vida sexual: de coitos de dos hora o más; de muchedumbres de mujeres que se acercan sólo con el afán de ser penetradas; y uno ve que las actitudes sexistas de nuestra sociedad pueden encaminar a los jóvenes y a las jóvenes a relaciones matrimoniales prematuras que podrían ser la causa de problemas y/ o infelicidad. Mi alarma crece cuando escucho el rechazo al uso del condón o la descripción del método del ritmo al revés. Por eso quiero compartir la siguiente reflexión.

El sustrato individual de los procesos de culturización de los seres humanos en nuestra cultura occidental difieren de un lugar o nivel socioeconómico a otro; en tanto de que existen lugares donde se ve con naturalidad que los niños naden totalmente desnudos en los arroyos o que los padres den besos estruendosos en las mejillas de sus hijas o hijos pequeños, o de que las madres lacten a sus hijos en lugares públicos; en otros lugares, en unos de forma natural y en otros de manera infausta, conformamos el concepto de lugares privados de nuestro cuerpo; de que hay partes especiales de nuestro cuerpo que deben de cubrirse, de que también la gente grande como los papás y las mamás deben de cubrir u ocultar de la vista esos lugares, unos lo hacen con razonamientos propios para los niños[i] y otros señalando que esas partes del cuerpo son tabúes o partes sucias y “cochinas”.

Ello aunado a el funcionamiento biológico-hormonal y junto con las características del tipo específico de comunidad donde se desenvuelven las personas, ya fuere rural o urbana; multicultural o intercultural; liberal o conservadora, son factores que inciden en los jóvenes en la conformación de su identidad sexual.

Con todo, hay quienes entendemos que la vida sexual, “lo que sucede en la cama”, forma parte de la vida privada de los seres humanos, aquí y en otras partes del mundo. Aunque existen otras personas, quienes entienden que su deber es salvaguardar la moral y las buenas costumbres y que deben cuidar “lo que sucede en la cama” de otras personas para que lo que ahí suceda no contravenga la moral y las buenas costumbres.

Sin embargo los jóvenes en búsqueda de su identidad sexual, trasgresores o no de la moral y las buenas costumbres de “lo que sucede en la cama” y, sabedores del tipo de comunidad en la cual viven, difícilmente, responderán con veracidad en entrevistas personales o encuestas públicas, motivo por el cual los resultados de estos ejercicios diferirán del resultado de estudios de sexología como los del Dr. Kinsey o, de los Doctores Masters y Johnson. Serán jóvenes, pero no tontos, ellos ya saben cómo responder, sin contravenir las tendencias mayoritarias de la moral para que no caiga sobre ellos el estigma y la exclusión; además, es difícil probar “lo que sucede en la cama” y contara de ello su palabra sobre la de sus interrogadores porque para saber lo que sucede en la cama, hay que estar en la cama.


A mi juicio el derecho a ejercer la sexualidad de los jóvenes incluye el derecho al acceso pleno al ejercicio de todos los derechos de las personas con orientación sexual diversa y eliminar todo tipo de discriminación contra cualquier expresión de diversidad sexual.

1 Irwig G. Sarason y Barbara Sarason. Abnormal Psichology. Prentice Hall. New Jersey. 1989. Pág. 236.

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