Jorge
Domínguez González
Desde mi punto de vista, subsisten en nuestra
sociedad desde el siglo pasado aquellos valores que impiden la convivencia
fraternal entre quienes somos integrantes de ella. Parecería que los
principales valores del neoliberalismo económico: la ganancia y el poder que, ya
han invadido todo lo que esté al alcance
de la vista y de la razón, sin que a estos afanes escapen los recursos
gubernamentales de cualesquier nivel ya los dedicados a la educación, a la
salud, etc. y hasta los enfocados a la vivienda, es seguro que los desvíos para
todos los aspectos requieren el no cumplimiento total de la ley máxima del
país, de tal suerte que este “hacer como que se cumple la ley y no se cumple”
parecería ser que pasa a añadirse como una característica
personal arraigada en distinto grado en todos y cada uno de los ciudadanos.
Si hablamos refiriéndonos a educación,
nuestras palabras han de ser en el tenor de que se cumple aquello de que “Toda
la educación que imparta el Estado será gratuita” sí es cierto que el Estado intenta cumplir
para el nivel de educación básica y media, aunque, los padres de familia, saben
que la educación gratuita para la
educación de nivel medio superior y superior todavía es una utopía, a pesar, del papel de los medios para
desinformar respecto al pago de inscripciones y/o cuotas que han de realizar los alumnos en universidades
públicas cual si fueran privadas. Por otro lado, algunos ciudadanos podríamos
pensar que el gobierno hace un esfuerzo para seleccionar al personal docente
para el próximo año escolar, sólo si
alguna instancia ciudadana garantizara que para inscribirse al examen de
oposición se cumplía con el requisito de tener el título o acta de examen. Con
esta característica sé o mal sé de, al menos dos, que me han dicho haberse
registrado para el examen de oposición sin haber realizado examen profesional
alguno, nomás faltaría que en este esfuerzo de honestidad (o de teatro) a
quienes me refiero hubieren alcanzado a obtener una plaza en el sistema educativo de Chihuahua.
Más resquemores nos suscita por el hecho de que a nivel estatal no se hayan
resuelto todas las corruptelas que
salieron a relucir después de la publicación del Censo de Escuelas, Maestros
y Alumnos de Educación Básica realizado
por el INEGI.
No sería de extrañar que refiriéndonos a la
salud como un derecho de todos los mexicanos la corrupción de base sindical
fuera del mismo estilo que la magisterial y de cual la parte conservadora de la
sociedad que quiere este servicio para ponerlo en el mercado de la compra y
venta, no haya cesado en su empeño en desacreditarlo para preparar a la opinión
pública para su extinción, ellos los de la derecha junto con sus aliados
internos en estas instituciones de salud de carácter social. A mi en lo
particular deliro en mis sueños con que se cuente con medicina y
tratamientos de última generación.
Mis notas de
reflexión sobre el derecho a la vivienda la mencionaré en dos aspectos:
el papel del gobierno en su implementación
y el entorno social que se crea en estos lugares. En primer lugar, he de
recordar que hoy el derecho de los mexicanos a una vivienda digna y decorosa es
un derecho constitucional; sin embargo, en el siglo pasado fue una forma de
atraer a sectores sociales que carecían de ella y la oportunidad del ejercicio
discrecional del poder de todos los
niveles de gobierno tanto para los tres niveles del gobierno como para las
compañías constructoras quienes mediante obscuros procedimientos recibían los
contratos para la construcción de este o aquel fraccionamiento y se construían
viendo la ganancia para la empresa constructora y seguramente la participación
en ella de quienes habían recibido la orden. Lo cierto es que los
fraccionamientos construidos desde la última década del siglo pasado,
estructuralmente, contaban con los servicios de agua, electricidad y drenaje;
las paredes fueron construidas con concreto,
bloque o ladrillo; el número
promedio de cuartos, tal vez sería de 3; con al menos un baño con sanitario,
lavabo y regadera; casi todos con techo de cemento y; el tamaño de los lotes
muy reducido; la delimitación de un lote
con otro inexistente, de paredes pegadas o de un máximo de altura de un metro. Todo esto para viviendas que los
constructores decían que para Chihuahua afirmaban que eran casas de
calidad “hornos en verano y congeladoras
en invierno”. A veces, por la contigüedad de las casas había vecinos que sabían
los horarios de prácticas íntimas de sus vecinos. Hasta hace alrededor de un
año supe del apoyo a la autoconstrucción con materiales propios de Chihuahua.
Le he pedido al Santo Niño y al Señor del Mapimí que en condición de ingresos
de hasta 5 salarios mínimos se obligue a vivir durante 6 meses a los
propietarios de dichas compañías constructoras, 3 meses en la cúspide del
verano y 3 meses en la cúspide del
invierno.
Existe, a mi parecer en la mayoría de
fraccionamientos de la entidad un entorno de contaminación de nuevos elementos.
Antes, la cultura de la consideración estaba más generalizada, bastaba saber
que el vecino estaba enfermo de esto o aquello para que cada quién acentuara su
papel a fin de procurar un ambiente para la recuperación del enfermo; uno
bajando o apagando el volumen de sus
aparatos, los cuales se marcaban en el volumen a que uno no los oyera a media
calle; Ahora ya no, hay quienes buscan
sobresalir y mostrarse “al mundo” encendiendo los bajos de su “mueble”, como
todavía decimos algunos en Chihuahua, incluso hay negocios de la clase política “desde siempre en el poder”
que hacen lo mismo “para atraer
clientes” y por consecuencia vender más.
Gente que carece este aspecto de la cultura chihuahuense está segurísima que
“como estoy en mi casa puedo hacer el ruido que quiera”, o sea, no se dan
cuenta que el ruido sale de su propiedad a desparramarse en el vecindario y
contaminándolo. Otras contaminaciones son las mascotas que cuando son canes
grandes, generalmente se guardan con éxito, pero cuando son canes de raza
pequeña, generalmente escapan y dejan su excremento en la banqueta del vecino;
aparte de que son más sensibles o tienen más hambre y ladran casi todo el día y
la noche
“Defendamos el ecosistema del Río Casas Grandes”
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