domingo, 7 de abril de 2013

TRANSPARENCIA, VALORES Y EDUCACIÓN O TODOS SOMOS ELBA ESTHER

                                                                                                                                   Jorge Domínguez González

Parte de nuestra cultura es la opacidad, la cual adquirimos en nuestro ámbito familiar desde nuestra infancia; dentro del hogar recibimos indicaciones de hacer o no hacer determinadas cosas, a veces, indicaciones  simples y lógicas como “no subas a la silla”, “retírate del barandal”,  etc. Sin embargo, creo que son más las ocasiones en que recibimos de nuestros padres órdenes sin ninguna explicación, lo cual a mi parecer,no nos prepara de manera alguna para una vida democrática que hubiéramos de vivir en nuestra vida adulta; sin duda que habrá familias donde las relaciones entre sus miembros sean diferentes pero, así se nos educa inicialmente para obedecer, para ser sumisos ante estas autoridades. Luego obedeceremos y seremos sumisos ante autoridades de otra naturaleza en la sociedad: las escolares, las del trabajo, las del gobierno y en  algunos casos hasta  ante la autoridad del cónyuge. Desde niños nos hacen creer que no  importan los razonamientos, sino que entre más sumisos seamos, mejores seres humanos seremos. No es extraño  que, un alto porcentaje de profesores señalemos como los mejores alumnos de la clase a los alumnos más obedientestambién la mayoría de los padres de familia están de acuerdo con este criterio para ser el mejor alumno. A mi manera de ver, es muy probable que también existan gobernantes quienes piensan de esta misma manera.

Con estos antecedentes, son ajenas a nuestra cultura democrática la transparencia y la rendición de cuentas. Excepcionalmente, a pocos  ciudadanos les preocupa el uso y destino de los recursos financieros que manejan los gobernantes de los tres niveles de gobierno que Contrarius sensu tienen su origen y pertenecen a la ciudadanía. En algunos países del norte de Europa, las empresas privadas informan a la ciudadanía el origen de sus ganancias y se les otorgan las facilidades para que sus nacionales revisen los movimientos financieros y éticos de sus negocios. En nuestro país los gobernantes y ciudadanos vemos, de manera natural,  a la  administración pública y a los negocios  del gobierno como un patrimonio personal, al cual puede acceder la familia y a veces, ni eso. La mayoría de los tres niveles de gobierno cuentan, conforme a la ley respectiva,  con portales de transparencia dirigidos a aquellos ciudadanos que se animen a realizar  consultas en esas instancias. Habrán de dejar atrás los miedos a las represalias de todo tipo, que el profesor no les baje la calificación, de no perder la beca escolar con la cual se quiere sustituir la gratuidad, de que las jerarquías de burócratas no nos entorpezcan un trámite o nos apliquen una multa, los trabajadores públicos de que no nos quiten o disminuyan el salario o alguna prestación, etc.  Además, para ello deberán armarse de paciencia y  de tiempo.

Entonces, el derecho  ciudadano a la transparencia ya la rendición de cuentas, establecidos en ley, en la reglamentación del Instituto  Federal de Acceso a la Información  y­-o a las respectivas de los estados,  tendrá su respuesta, para hacer nugatorio (también) esta parte de la ley:  la información que solicita es inexistente o, no se entiende su solicitud, hágala de nuevo o, no se encuentra información como la que solicitó u, otras variantes.

Uno no se extraña de que la ética de las empresas les impida informar de sus negocios y  ganancias a los ciudadanos de la nación, tampoco que las altas jerarquías de los tres niveles y los tres poderes de gobierno con la misma  ética se nieguen a informar de los asuntos públicos que les competen, habida cuenta de que por  ejemplo, la Secretaría de Educación Pública o las respectivas de las entidades del país nos dicen no saber el número de profesores del total  en su territorio o dentro de su entidad federativa. Tampoco cada escuela publica o universidad sostenida con recursos financieros del Estado (en contra de la ley) realiza  esta práctica, salvo rarísimas y honrosas excepciones, ni los alumnos, ni  el personal del plantel es informado  del manejo de estos dineros y cuando se atreven a solicitar la información hay que ver la “cara de ofendidos” de los directivos, quienes si la ven a uno la cara, aunque siempre  anden llenos de hubris con carros de los más nuevos en el mercado y con casas alejadas de la modestia…siempre impartiendo su moral con su ejemplo.

Así es en el nivel de contacto público  todas las dependencias de contacto con la gente, por parte de todas las secretarías en la federación  y en los estados. Ellos saben que si de la contraloría reciben una auditoría que recibirán una nota que resumida dirá: “ del mes tal, reporta gastos comprobables por 40 mil y las facturas  son por 25 mil”; no se les señala fecha  para comprobar gastos, tampoco que han  cometido fraude al erario, no se les declara culpables y queda en impunidad para que asistan a eventos de sus superiores, porque si no  lo hacen, todos saben  lo que le pasó a Elba Esther Gordillo.

 

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