Parte de nuestra cultura es la opacidad, la cual adquirimos en nuestro
ámbito familiar desde nuestra infancia; dentro del hogar recibimos indicaciones
de hacer o no hacer determinadas cosas, a veces, indicaciones simples y lógicas como “no subas a la silla”,
“retírate del barandal”, etc. Sin
embargo, creo que son más las
ocasiones en que recibimos de nuestros
padres órdenes sin ninguna explicación, lo cual a mi parecer,no nos prepara de manera alguna para una vida democrática que hubiéramos de vivir en nuestra vida
adulta; sin duda que habrá familias donde las relaciones entre sus miembros
sean diferentes pero, así se nos educa inicialmente para obedecer, para ser
sumisos ante estas autoridades. Luego obedeceremos y seremos sumisos ante
autoridades de otra naturaleza en la sociedad: las escolares, las del trabajo,
las del gobierno y en algunos casos
hasta ante la autoridad del cónyuge.
Desde niños nos hacen creer que no
importan los razonamientos, sino que entre más sumisos seamos, mejores seres humanos seremos. No es extraño
que, un alto porcentaje de
profesores señalemos como los mejores alumnos de la clase a los alumnos más obedientes…también la mayoría de
los padres de familia están de acuerdo con este criterio para ser el mejor
alumno. A mi manera de ver, es muy
probable que también existan gobernantes quienes piensan de esta misma manera.
Con estos antecedentes, son ajenas a nuestra cultura democrática la
transparencia y la rendición de cuentas. Excepcionalmente, a pocos ciudadanos les preocupa el uso y destino de
los recursos financieros que manejan los gobernantes de los tres niveles de
gobierno que Contrarius sensu tienen
su origen y pertenecen a la ciudadanía. En algunos países del norte de Europa, las
empresas privadas informan a la ciudadanía el origen de sus ganancias y se les
otorgan las facilidades para que sus nacionales revisen los movimientos
financieros y éticos de sus negocios. En nuestro país los gobernantes y
ciudadanos vemos, de manera natural, a
la administración pública y a los negocios del
gobierno como un patrimonio personal, al cual puede acceder la familia y a
veces, ni eso. La mayoría de los tres niveles de gobierno cuentan, conforme a
la ley respectiva, con portales de
transparencia dirigidos a aquellos ciudadanos que se animen a realizar consultas en esas instancias. Habrán de dejar
atrás los miedos a las represalias de todo tipo, que el profesor no les baje la
calificación, de no perder la beca escolar con la cual se quiere sustituir la
gratuidad, de que las jerarquías de burócratas no nos entorpezcan un trámite o nos apliquen una multa, los
trabajadores públicos de que no nos quiten o disminuyan el salario o alguna
prestación, etc. Además, para ello
deberán armarse de paciencia y de tiempo.
Entonces, el derecho ciudadano a
la transparencia ya la rendición de cuentas, establecidos en ley, en la
reglamentación del Instituto Federal de
Acceso a la Información y-o a las
respectivas de los estados, tendrá su
respuesta, para hacer nugatorio (también)
esta parte de la ley: la información que
solicita es inexistente o, no se entiende su solicitud, hágala de nuevo o, no
se encuentra información como la que solicitó u, otras variantes.
Uno no se extraña de que la ética de las empresas les impida informar de
sus negocios y ganancias a los
ciudadanos de la nación, tampoco que las altas jerarquías de los tres niveles y
los tres poderes de gobierno con la misma
ética se nieguen a informar de los asuntos públicos que les competen,
habida cuenta de que por ejemplo, la Secretaría de Educación Pública o las respectivas de las
entidades del país nos dicen no saber
el número de profesores del
total en su territorio o dentro de su
entidad federativa. Tampoco cada escuela publica o universidad sostenida con
recursos financieros del Estado (en
contra de la ley) realiza esta práctica, salvo rarísimas y honrosas
excepciones, ni los alumnos, ni el
personal del plantel es informado del
manejo de estos dineros y cuando se
atreven a solicitar la información hay que ver la “cara de ofendidos” de los
directivos, quienes si la ven a uno la cara, aunque siempre anden llenos de hubris con carros de los más nuevos en el mercado y con casas
alejadas de la modestia…siempre impartiendo su moral con su ejemplo.
Así es en el nivel de contacto público todas las dependencias de contacto con la
gente, por parte de todas las secretarías
en la federación y en los estados. Ellos saben que si de la contraloría reciben una auditoría que recibirán una nota que
resumida dirá: “ del mes tal, reporta gastos comprobables por 40 mil y las
facturas son por 25 mil”; no se les
señala fecha para comprobar gastos,
tampoco que han cometido fraude al
erario, no se les declara culpables y queda en impunidad para que asistan a
eventos de sus superiores, porque si
no lo hacen, todos saben lo que le pasó
a Elba Esther Gordillo.
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