domingo, 4 de marzo de 2012

LOS CIUDADANOS Y LA CULTURA POLÍTICA

Jorge Domínguez González

Cuando escuchamos la expresión “participación social”, a veces, la asociamos a asistir a fiestas en dónde alguien es presentado, generalmente jovencitas, o también a celebraciones o eventos a donde acuden las esposas de personas de mayor relevancia económica de una comunidad y sí, eso forma parte de la participación social pero, nosotros los seres humanos de aquí y de todo el mundo somos parte de la sociedad humana, en específico, de la sociedad de un país. Los antiguos decían que somos seres sociales, seres de convivencia que va a instituciones sociales que son la familia, el vecindario, la escuela, el trabajo, a veces, como parte de una iglesia, etc. Lo hacemos como parte de un municipio, de una entidad federativa o de un país.

En todos esos ambientes, en los cuales nos rodean participamos de muy variadas formas y esencialmente; somos padres o hijos; somos vecinos participativos o vecinos apáticos; somos aprendientes o guías; somos trabajadores o propietarios de un centro de trabajo; somos feligreses o dirigentes; mas lo que es común es que en esas relaciones nos corresponda ubicarnos en una postura de dominación o de subordinación con toda la complejidad que ello implica.

Los seres humanos por la nuestro sitio en el tiempo y para satisfacer nuestras necesidades hemos convivido con otros ya que en grupo era más fácil obtener alimentos y hacer frente a otras adversidades de la vida, es decir por interés. Por nuestra ubicación espacial o geográfica somos parte de un municipio, de una entidad y una nación, de lo cual se desprende una participación en la sociedad en calidad de ciudadanos.

Ha de suceder en todo nuestro país, en nuestro estado de Chihuahua que, que la participación de las ciudadanas y los ciudadanos, es decir de los mexicanos mayores de 18 años. Esta participación social, como ciudadanos, tiene variaciones por lugar donde se manifiesta, además, del nivel sociocultural y económico al que pertenecen de cada uno de los ciudadanos. Es seguro que las diferencias toman en cuenta los aspectos anteriores.

La palabra ciudadano original y etimológicamente viene de “civitas” que en latín significa “ciudad” y quienes habitan la ciudad son los ciudadanos; ahora la calidad de ciudadanos no se limita a quienes viven en ciudades, sino también a los que viven en el medio rural. Se ha establecido un tiempo de vida, una edad, para adquirir la ciudadanía, esa edad es asunto nuevo en la historia de México, sucede después del movimiento estudiantil de 1968; esa es la edad de cuando los mexicanos adquirimos la mayoría de edad, legalmente.

Cuando revisamos cada una de las instituciones citadas anteriormente es posible que coincidamos, con diferentes apreciaciones, de que se encuentran en crisis. Tal vez, pudiéramos estar de acuerdo, en diferente medida, de que parte de la crisis de todas las instituciones tiene como referente la escasa participación de los seres humanos para transformar cada una de esas creaciones humanas, ante la debacle en que nos encontramos sumergidos, otros pensarán que lo primordial es conservar lo mejor de cada una de ellas.

Hoy, inmersos en una crisis social, de desempleo, violencia, de cambio de valores, de pérdida de credibilidad en las instituciones y aparatos mismos de gobierno, lo cual se manifiesta con variados niveles de regresión en nuestro país, nos encamina a considerar el estado actual de la participación social. A mi ver, el camino necesario para salir de esta crisis pasa por la participación social en la calidad de ciudadanos que tenemos ya de manera directa, ya en dos vías: una, la de los derechos ciudadanos y otra, al de las obligaciones como tales, por ejemplo, ejercer la ciudadanía en los términos formales como el derecho al voto, y cumpliendo, al menos, sin pichicaterías con la obligación del pago de impuestos y el cumplimiento de las leyes.

Ante el hecho de sentirnos y/o ser llevados por acontecimientos fuera de nosotros mismos y de nuestro actuar que a veces, realizamos con base en nuestros intereses en meramente individuales, creo que como ciudadanos habríamos de participar en direccionar nuestra propia vida, a la par de, ser concientes de que nuestras acciones se producen en un mundo que compartimos con otros.

A diferencia de algunas sociedades europeas donde la práctica de la vida democrática tiene raíces antiguas, me parece que lo que más existe en la historia de nuestro país es la lucha y el afán por establecer una cultura política democrática para relacionarnos con los otros mexicanos pero, este esfuerzo resulta mínimo ante el tamaño de la conjunción histórica que heredamos del mestizaje entre el autoritarismo de la monarquía española y el de las formaciones autoritarias de los pueblos indígenas del altiplano de México. No es extraño el uso de las instituciones públicas para obtener beneficio privado. Desde la empresa privada para obtener los dineros públicos vía contratos que permitan ganancias sustanciosas y; desde el ámbito del los empleos públicos, usar las instituciones públicas, para primar no el servicio, sino la disminución de cargas de trabajo y la obtención de un mayor pago. Así, hemos contribuimos a pervertir las instituciones que han de servir al público, haciéndolas que se aprovechen para servir los bolsillos privados.

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