28 Agosto del 2011
Cuando salíamos acompañando a mi madre a comprar el “mandado”, a mis hermanas y a mi se nos antojaban los taquitos que veíamos comer a las personas en los “puestecitos” dedicados a la venta de aquellas delicias, mi madre nos decía que no, que eso de comer en la calle no era lo correcto. Después en la casa, nos explicaba que nadie debería “estar sacando antojos” a otras personas, quienes tal vez, no tenían de comer en su casa. Ella, nos hablaba de la maldad de quienes comían en la calle para provocar el “antojo” y de quienes viviendo de ello, vendían “antojos” para ser comidos en la calle. Malaprendí a ser discreto a la hora de comer.
Por otro lado, a falta de refrigerador, mi padre me enviaba en los calurosos veranos de mi tierra a comprar un pedazo de 10 ó
Creo que en todo el mundo, en nuestro país, en nuestro estado de Chihuahua y en cada uno de los municipios de la región noroeste de Chihuahua existen, con distintos matices y graduaciones, dos tendencias de opinión que pueden polarizarse pero, que se encuentran ideologizadas respecto al papel del Estado: los unos, quienes dicen que el Estado y el gobierno deben de intervenir en la economía porque ellos son los responsables del bienestar de todos sus habitantes y deben de facilitar o proporcionar a sus habitantes salud, educación, habitación, transporte, trabajo, seguridad, etc. En tanto que otros alegan que el papel del Estado y del gobierno es no intervenir en la economía y que las cuestiones de salud, educación, habitación, transporte, trabajo, seguridad, etc. deben dejarse a las leyes de la economía de mercado, es decir, a las leyes de la oferta y de la demanda, cada ciudadano pague lo que cuestan realmente esos servicios. Unos que consideran que el Estado y el gobierno deben de aumentar su tamaño e influencia para distribuir la riqueza de las naciones en la sociedad y otros que dicen que el Estado y el gobierno deben de disminuir su tamaño y su influencia para no distribuir la riqueza de las naciones en la sociedad, que estas cuestiones las han de determinar las leyes de la oferta y de la demanda. Sin duda que las políticas sociales “van que vuelan” en el sentido de disminuir y acabar con la responsabilidad del Estado y del gobierno de proporcionar bienestar a todos sus habitantes, incluyendo gobiernos encabezados por un partido que fue de la “justicia social”.
Así, han habido organizaciones de la sociedad civil que atienden áreas de servicio social en las cuales la labor del gobierno ha sido deficitaria como son los niños con capacidades diferentes, los huérfanos, los jóvenes, los viejos, las mujeres, etc. Muchas de éstas creadas desde antes o alrededor de la mitad del siglo pasado, por personas con vocación social y en cuyo financiamiento (en variada proporción) ha estado presente el Estado porque éste ha reconocido que son áreas de su responsabilidad. En estas organizaciones el trabajo ha sido constante, efectivo con los recursos limitados y con los donantes anónimos en la mayoría de ocasiones. Sin embargo, siento que, a partir de fines del siglo pasado y de principios de este siglo han surgido nuevas organizaciones de la sociedad civil para trabajar en el área del servicio social muy similares a las empresas pero, a empresas como aquellas que aseguran primero el pago a los directivos y dirigentes, luego, los pagos mínimos a los empleados contratados (no de base) y al último los insumos, por supuesto la transparencia y rendición de cuentas son para ellas conceptos extraños…pero si organizaciones gubernamentales y paragubernamentales no lo hacen ¿qué esperamos de éstas que son privadas?
A mi parecer, lo que pone en evidencia los valores de mercado de estas nuevas instituciones de la sociedad civil es que no hay día en que por un medio u otro, se publicite con anuncios pagados (no sé por quién) el nombre de las empresas y/o empresarios donantes. Al mismo tiempo que los representantes de ellas, sus donantes y receptores aparecen delante del pueblo ya en carteles, ya en la radio, ya ante las cámaras de televisión para lucir su bondad. Díganlo o no, con estos hechos, muestran que esos son sus valores morales…el protagonismo, la soberbia y la vanidad, tal vez, como valores más fundamentales que el mismo servicio social que prestan.
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