Ana Frank (1929-1945) fue una joven que nació con el estigma de ser judía en Frankfurt del Meno en Alemania. Por motivos de su estigma racial tuvo emigrar de Alemania a Holanda en 1933.
Entre 1942 a 1944 su familia y otros, con la mancha de ser judíos, vivieron escondidos en Ámsterdam dentro de un estrecho anexo contiguo a unos almacenes de esa ciudad holandesa ya que Alemania había invadido ese país.
Quienes vivieron escondidos ahí fueron aprendidos y de toda su familia sólo sobrevivió su padre; ella murió en el campo de exterminio de Bergen-Belsen antes de sus 16 años en Marzo de 1945.
Ella narró en un diario su vida dentro de ese pequeño espacio, a donde fueron confinados por la cultura de la discriminación racial.
En mi juventud, de esta parte de la historia de la Segunda Guerra Mundial, reconocimos el valor de las personas que ayudaron a esos seres humanos con la marca de ser judíos proveyéndoles de víveres y alimentos para que sobrevivieran en ese estrecho espacio cuando eran perseguidos por la Gestapo, policía alemana encargada de aprender a los judíos para enviarlos al exterminio. Pensamos que dentro de este grupo de holandeses solidarios hubo quienes de manera desinteresada los ayudaron y otros que pudieron hacerlo por interés, por dinero. De estos no sería extraño, quién, con torcidos pensamientos, haya justificado su traición a esos judíos argumentando que, deberían salir del escondite y enfrentar a sus perseguidores.
Por lo general se asume que corresponde al ámbito de la vida privada lo referido al uso de zonas del cuerpo que cubrimos con ropa cuando vamos a bañarnos a las albercas públicas o a la playa. El derecho de la vida privada entiende que el uso de esas partes del cuerpo es asunto de cada individuo. En los territorios donde prima la ideología conservadora existe la doble moral, se calla el uso de esas partes del cuerpo cuando se usan con parejas que no son del matrimonio, con menores de edad, o cuando desde un cargo público o de jerarquía se asedia, se abusa u hostiga; los miembros de la sociedad conservadora lo callan, al mismo tiempo, se demanda exhibir a las mujeres que deciden sobre su propio cuerpo o pide poner a la vista (sacar del closet) a quienes tienen otra sexualidad para así poder prevenir a los jóvenes y no se contaminen, el argumento es que “hay que sacarlos a la palestra”, no deben esconderse en la sociedad, recomendaban los comités de salud pública a mediados del siglo pasado.
En las sociedades conservadoras, este “escándalo” (de la otra sexualidad) es un asunto del cual se habla en voz baja y se señala a espaldas de a quien va destinado el tiro, sirve para dispararlo a los enemigos políticos, a quienes potencialmente podrían o pueden disputar el poder político. No obstante, para fines de detentar el poder político, resulta útil la adopción de un discurso con apariencia de libertaria para alcanzar o retener el poder.
A más de 50 años de la muerte de Ana Frank, en las regiones conservadoras de México el homosexualismo, como se nombra en ellas a la homosexualidad, sigue siendo un estigma social inducido, cuya utilidad, como “escándalo” es distraer la atención de todas las capas sociales sobre los responsables de los manejos depredatorias de los bienes públicos y de los mecanismos de simulación de la democracia.
En un entorno conservador, y reconociendo que corresponde al ámbito privado de la vida, puede aplaudirse la decisión de quién determine decir que abortó voluntariamente y sus razones o que alguien salga del closet, cuando se tienen en la mira la organización para al defensa de estas libertades y derechos.
Entre 1942 a 1944 su familia y otros, con la mancha de ser judíos, vivieron escondidos en Ámsterdam dentro de un estrecho anexo contiguo a unos almacenes de esa ciudad holandesa ya que Alemania había invadido ese país.
Quienes vivieron escondidos ahí fueron aprendidos y de toda su familia sólo sobrevivió su padre; ella murió en el campo de exterminio de Bergen-Belsen antes de sus 16 años en Marzo de 1945.
Ella narró en un diario su vida dentro de ese pequeño espacio, a donde fueron confinados por la cultura de la discriminación racial.
En mi juventud, de esta parte de la historia de la Segunda Guerra Mundial, reconocimos el valor de las personas que ayudaron a esos seres humanos con la marca de ser judíos proveyéndoles de víveres y alimentos para que sobrevivieran en ese estrecho espacio cuando eran perseguidos por la Gestapo, policía alemana encargada de aprender a los judíos para enviarlos al exterminio. Pensamos que dentro de este grupo de holandeses solidarios hubo quienes de manera desinteresada los ayudaron y otros que pudieron hacerlo por interés, por dinero. De estos no sería extraño, quién, con torcidos pensamientos, haya justificado su traición a esos judíos argumentando que, deberían salir del escondite y enfrentar a sus perseguidores.
Por lo general se asume que corresponde al ámbito de la vida privada lo referido al uso de zonas del cuerpo que cubrimos con ropa cuando vamos a bañarnos a las albercas públicas o a la playa. El derecho de la vida privada entiende que el uso de esas partes del cuerpo es asunto de cada individuo. En los territorios donde prima la ideología conservadora existe la doble moral, se calla el uso de esas partes del cuerpo cuando se usan con parejas que no son del matrimonio, con menores de edad, o cuando desde un cargo público o de jerarquía se asedia, se abusa u hostiga; los miembros de la sociedad conservadora lo callan, al mismo tiempo, se demanda exhibir a las mujeres que deciden sobre su propio cuerpo o pide poner a la vista (sacar del closet) a quienes tienen otra sexualidad para así poder prevenir a los jóvenes y no se contaminen, el argumento es que “hay que sacarlos a la palestra”, no deben esconderse en la sociedad, recomendaban los comités de salud pública a mediados del siglo pasado.
En las sociedades conservadoras, este “escándalo” (de la otra sexualidad) es un asunto del cual se habla en voz baja y se señala a espaldas de a quien va destinado el tiro, sirve para dispararlo a los enemigos políticos, a quienes potencialmente podrían o pueden disputar el poder político. No obstante, para fines de detentar el poder político, resulta útil la adopción de un discurso con apariencia de libertaria para alcanzar o retener el poder.
A más de 50 años de la muerte de Ana Frank, en las regiones conservadoras de México el homosexualismo, como se nombra en ellas a la homosexualidad, sigue siendo un estigma social inducido, cuya utilidad, como “escándalo” es distraer la atención de todas las capas sociales sobre los responsables de los manejos depredatorias de los bienes públicos y de los mecanismos de simulación de la democracia.
En un entorno conservador, y reconociendo que corresponde al ámbito privado de la vida, puede aplaudirse la decisión de quién determine decir que abortó voluntariamente y sus razones o que alguien salga del closet, cuando se tienen en la mira la organización para al defensa de estas libertades y derechos.
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