Quienes de alguna forma vivimos los hechos del 68, y que desde esas fechas nos identificamos con las ideas de izquierda, tuvimos como táctica para la práctica de la política el actuar con secrecía, es decir al actuar en secreto por los principios de libertad, de democracia, igualdad y de justicia. La razón era clara, habíamos visto que el Estado usaba la fuerza para eliminar a quienes se oponían a sus proyectos.
A mi me tocó, como miembro del Partido Comunista Mexicano, que si una junta habríamos de tener, habría de ser una reunión clandestina. Preferíamos casas con entradas por dos calles y si la asamblea habría de llevarse a cabo a las 17 horas, Cada miembro de la célula (organización de base territorial o de trabajo) llegaba con minutos de diferencia. A veces, se tenía que simular que teníamos una tertulia y aprendimos a cumplir los acuerdos realizados “buenos y sanos” o bajo el influjo del alcohol. Otras veces, se conformaba una brigada de “pegas” de cárteles o reparto de volantes la cual era de cuatro. Ya de noche caminando por las calles yendo hacia adelante, en la próxima intersección, iba un compañero quien si veía “movimiento” silbaba para avisar; otros dos se encargaban de pegar el cartel o colocar el volante en la casa y otro que iba en la intersección anterior, también con silbidos avisaba de la presencia de movimientos. Los volantes o carteles eran, generalmente, de apoyo a campesinos, obreros u otros grupos, los cuales frente al Estado hacían demandas relacionadas con los principios anteriores.
Cuando se salió de la clandestinidad, los miembros de las células que hacían vida pública proclamábamos la justeza de nuestras luchas y demandas y debatíamos de manera abierta desde la perspectiva de nuestros principios, los cuales enuncio arriba.
Del año 2000 para acá (y tal vez desde antes) hay un fenómeno social en el noroeste de Chihuahua y tal vez, en otras partes del país, los cuadros de derecha, las personas representativas de derecha, manifiestan como características en la vida pública que:
· No se reconocen como personas de derecha. No debaten con quienes piensan diferente a ellos, creo que si mucho lo comentan en sus círculos más cercanos. Me da la impresión de que establecen y se buscan relaciones de dominación-subordinación y no relaciones entre iguales.
· Son reacios al debate de ideas, a lo más, difaman o desacreditan a las personas quienes no están de acuerdo con ellos, me parece que tienen mucha habilidad para hacerlo y más a espaldas de los difamados. Con la tendencia a no distinguir entre el ámbito de la vida privada y de la vida pública.
· Mas, sobre todas las caracterizaciones la que resalta es la moral basada en la defensa de los intereses de los poderosos económicamente, de los empresarios y en una comunidad es a los de mayor peso a quienes más defienden.
· En las asambleas deliberativas sobre ideas y razones hacen gala de apabullar y denostar a los contrarios, no de convencer, pues ya están acostumbrados a otras formas de relación personal.
Si lo anterior fuere una regla, es seguro que habrá sus excepciones.
A pesar de lo anterior, a mi juicio, es necesario el debate, mas el debate de altura, no el debate de baja calidad, que a falta de argumentos de razón, ridiculiza con sarcasmo al prójimo.
Hoy no se justifica éticamente, actuar en asuntos públicos con secrecía donde unos cuantos tienen la información y los otros no, aunque para ciertos tipos de moral sea lo pertinente. Además, lo contradictorio es que la derecha es parte del Estado en el poder, no en la oposición y no están expuestas sus vidas, como si lo estuvo expuesta la vida de los militantes la de la izquierda, la cual dio miles de muertos en la lucha social y por la democracia.
jueves, 4 de junio de 2009
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