Creo que no hemos prejuzgar la realidad educativa de nivel superior y afirmar que los profesores de formación normal traen el conocimiento didáctico y que los profesores de formación universitaria traen el conocimiento en si, a mi juicio porque en ambos casos se considera la labor docente como mera “trasmisión de conocimientos” y se trata de construcción.
Parto de la reflexión de que dentro y fuera de las aulas existen procesos de enseñanza aprendizaje. En tiempos pasados en la escuela normal (básica) y en las instituciones de educación superior, a mi y a muchos profesores nos encontramos que, de ese proceso de enseñanza aprendizaje, se subrayaba la enseñanza como lo primordial. Así, las asignaturas en las escuelas normales llevaban nombres como Técnica de la Enseñanza de esto y Técnica de la Enseñanza de lo otro. Si lo importante dentro del aula era el enseñar, el personaje central era el profesor quien tenía que enseñar y con ese rol asignado ejercía el poder y el dominio sobre los alumnos. Todavía sucede pero en aquellas épocas las madres le llevaban, por primera vez al hijo a la escuela y lo entregaban al profesor junto con una vara de membrillo o pinabete y las palabra “aquí le doy a mi hijo y esto (señalando la vara) para que le “vaya a la mano” y uno no sólo le iba a la mano, sino a las piernas a la espalda etc.
Creo que hoy, del proceso de enseñanza aprendizaje, se comienza a subrayar el aprendizaje. Los nombres de las asignaturas en las escuelas normales (de licenciatura) suelen ser el Aprendizaje de esto o el Aprendizaje de aquello y si lo importante es el aprendizaje, la atención dentro del aula ha de centrarse en los que aprenden, o sea, los alumnos. Cuando los “aprendientes” son el centro de la atención de los “acompañantes de aprendizajes” o “guías de aprendizajes”, enfrentamos el reto de poner en práctica nuevas corrientes pedagógicas contemporáneas, como lo puede ser el constructivismo, es decir, tomar en cuenta los conocimientos previos que trae cada alumno respecto a cada temática de una asignatura, operacionalizar y determinar estos niveles en cada alumno es un reto para quién acompaña a los aprendientes, más cuando la burocracia educativa establece tamaños de grupos que dificultan a los docentes su labor. El tamaño adecuado, por sentido común, para aplicar la corriente pedagógica constructivista el tamaño del grupo varía de un mínimo de 15 y un máximo de 20 alumnos, para que cada alumno reciba educación de calidad.
Con todo hoy persisten en muchos espacios educativos las inercias del pasado en la práctica dentro de las aulas. Así, si lo más importante dentro del aula es el aprendizaje, suele existir preocupación el tamaño del grupo, lo cual no sucede cuando se considera que lo importante dentro del aula es lo que enseña el profesor o lo que se enseñan, entre si, los alumnos.
Cuando se prima en el aula lo que se enseñan entre si los alumnos el objeto de estudio, suele ser percibido de manera fragmentada, aún por los mismos miembros de un equipo que pasa a “exponer”. Cuando el docente “enseña” a los alumnos un determinado tópico, objeto de estudio, con entusiastas disertaciones o les construye (a un todo ideal) carteles o cuadros sinópticos, suele primar la preocupación de enseñar y se olvida de la manera en que los alumnos construyen los conocimientos. A mi ver, un “acompañante de aprendizajes”, ha de tener en claro no sólo el objeto de estudio, sino la forma de llegar a él por sus niveles, ya básicos, ya nodales.
Continuará…
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