Jorge
Domínguez González
No sé si todos los que habitamos esta entidad,
la cual es más grande que un país
llamado Uruguay, dónde existen otros
cielos con otras estrellas, no me parece que en Chihuahua poseamos de manera homogénea las mismas
manifestaciones culturales. Creo que si
y también pienso que no; tenemos las mismas pautas culturales pero, la intensidad de su internalización de sus
manifestaciones varía conforme a una
serie larguísima de factores ya internos, ya externos a los individuos. Por
ejemplo, hace cuarenta años todavía y a pesar de las características propias
del habla familiar, por la fonética (el sonido) y el léxico (las palabras), se
podía reconocer el origen de un chihuahuense, si era: de la sierra, del
barranco, del desierto, de la ciudad de Chihuahua, Parral o Juárez u otros
lugares. Hoy, me parece que debido influencia de los medios de difusión
electrónicos la tendencia es a la homogenización del hablar chihuahuense. Me
acuerdo que estábamos orgullosos de que el español hablado en Chihuahua hubiera
servido de modelo para las cadenas nacionales de radio pues por lo pausado era
claro y entendible y cada habitante sabíamos cuándo y dónde usar las llamadas
“malas palabras” lo que resultaba conveniente para la “moralina” de los
propietarios de los medios ligados al poder.
Hace cuarenta años los ricos viejos y los del
gobierno, todavía, eran prudentes y pudorosos en exhibir el poder, aunque de
que lo ejercían lo ejercían, de ello nos habla la represión de movimientos
obreros, campesinos, magisteriales, ferrocarrileros, etc., ellos nos sembraron
el miedo en nuestros corazones, pues en algún lugar de la geografía, el terror
y la tortura eran el pan de cada día. Sin embargo, en la mayoría de casos hubo
los valientes que hicieron frente con solidaridad a los poderosos. Luego vinieron los nuevos
ricos y los nuevos mandos y ya
internalizados los valores del poder y el dinero, cuando los habían convertido en riqueza comenzó la ostentación
de propiedades, no de buen gusto o de características especiales, sino por el
tamaño y el número. Luego, vino el cambio y la transformación de muchos
quienes habían luchado por su dignidad humana y para sobrevivir tuvieron
que hacerse dóciles ante la demanda de los dueños y de sus aliados. La
obediencia fue establecida como meta valoral a alcanzar en el trabajo, por la
familia, por las religiones…aprendimos a
ser sumisos.
Las transformaciones económicas y sociales
traen cambios culturales. Sin embargo,
no todos los cambios van a la par o son totales, por ejemplo, en cuanto a lo
económico en el modo de producción capitalista en nuestra entidad durante mucho
tiempo subsistió, a la par de las relaciones de producción netamente capitalistas
otras formas que no corresponden como lo son los casos de comunidades
que practican la agricultura de subsistencia u otras de origen feudal como aquello de tú pones la tierra y
yo la semilla e insecticidas, proceso económico llevado a cabo por los medieros. No
obstante, en lo social de estos tiempos
y de estos lugares las características son el desempleo; sistemas de salud
deteriorados y plenos de burocracia; y
ni qué decir del garantizado, por la ley, del acceso gratuito
a toda la educación que imparte el Estado, quién confunde esta característica con la de
“cobertura”; y ni qué decir del
porcentaje de desempleados que son personas que concluyeron sus estudios
profesionales; y ni que decir “de la calidad educativa” que proclama el Estado, cuando sabemos que
los perfiles de ingreso a empresas privadas, lo familiar pesa y en empresas del
gobierno o puestos burocráticos de jerarquía, la actitud política es el peso en el perfil de ingreso.
Lo dicho en párrafos anteriores, junto con
nuestra manera de ser por un conjunto de informaciones, nuestras habilidades
manifestadas en costumbres, y nuestra
forma de comportarnos de los chihuahuenses, tiene que ver sin duda con la
cultura de Chihuahua y no me refiero a aquella que se oferta bajo las leyes de
la oferta y la demanda como parte del
mercado, sino la que nos permite reflexionar sobre nosotros mismos. En el
primer párrafo aludo a las pautas culturales generalizadas que varían conforme
a factores internos y externos, cuando
menciono factores internos me refiero tanto a los genéticos como a las
patologías, o sea, desde la falta de cromosomas hasta carencia plena del
sentido auditivo ya por sedimentación del cerumen en el propio oído.
“Defendamos
el ecosistema del Río Casas Grandes”
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