Jorge
Domínguez González
A mi entender, la sexualidad es innata en
todos los seres vivos y su práctica en los grupos humanos ha estado modulada
por las sociedades mismas. En todos los seres vivos la sexualidad está más
ampliamente relacionada con la
reproducción de las especies, aunque
también existe en menor porcentaje la sexualidad no relacionada con la procreación. Cuando las
sociedades humanas abordan la conducta sexual lo hacen, inicialmente, como la
parte animal que tenemos, o sea, ponderando el instinto para la reproducción. Desde
mi punto de vista, cada sociedad, en
diversos momentos de su evolución ha incorporado en su práctica sexual: el
placer, hasta alcanzar el reconocimiento de
lo que dice Freud, de una
sexualidad polimorfa y perversa;
polimorfa, porque el placer sexual adopta distintas formas y sexualidad perversa, no en el sentido peyorativo del
término, sino porque –desde el punto de vista conservador-- se aleja de su
finalidad principal en los seres humanos.
Las sociedades patriarcales en sus inicios
retoman la sexualidad en su sentido primario, para la reproducción. Así, las
religiones, por medio de sus libros sagrados y, por ejemplo, para alejar al
placer de la sexualidad y de paso dejar
sentadas las bases de la homofobia en las relaciones humanas se
establece: “Si alguno se ayuntare con
varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos;
sobre ellos será su sangre.” (Levítico 20:13) esto dice en el Antiguo
Testamento ¿Qué castigaron o castigan así a los homosexuales? Ese es otro
cuento, lo señalo desde el punto de vista de la sociología y viéndome como un
respetuoso defensor de la libertad de conciencia y de la libertad de religión.
Luego, vino otra religión, cuyo personaje principal en los evangelios dio un
nuevo mandamiento pero, a mi parecer, la actitud respecto a la homofobia siguió siendo la misma en la mayor parte de
las sociedades occidentales.
A mediados del siglo pasado, el
estadounidense Alfred C. Kinsey
(1884-1956) fue uno de los pioneros de la investigación de la sexualidad humana
y ganó renombre en el estudio del comportamiento sexual de hombres y de mujeres
estadounidenses de raza blanca. Después de sistematizar las observaciones de
padres de familia y docentes sobre los recuerdos de su infancia y de miles de
entrevistas personales, publicó en 1948: “El comportamiento sexual en el
hombre”, el cual pese a contener deficiencias
técnicas y metodológicas concuerda a
grandes rasgos con otros estudios realizados en otros países y momentos.
Las siete conclusiones a las que llegó fueron: El 37% de los hombres
entrevistados experimentaron alguna vez un orgasmo homosexual a partir de la
adolescencia; El 13% de los varones sintieron deseos homosexuales, sin que se
produjera por ello contacto sexual alguno; el 25% de ellos tuvieron
experiencias homosexuales no incidentales entre las edades de 16 a 55 años; el
18% de ellos mantuvieron igual número de
relaciones heterosexuales que homosexuales durante un periodo mínimo de 3 años,
entre las edades de 16 a 55 años; el 10% tuvo una conducta estrictamente
homosexual durante 3 años como mínimo entre las edades ya reseñadas; Sólo un 4%
manifestaba una conducta estrictamente homosexual durante toda su vida y ya se
manifestaba durante la adolescencia; Así, se encontró que la homosexualidad, o
sea, la orientación sexual, afectiva, emocional y sentimental a personas de su
propio sexo, existía en los varones estadounidenses en todos los niveles
sociales y ocupacionales.
En 1974 la Asociación Estadounidense de
Psiquiatría retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y en
1975 la Asociación Estadounidense de Psicología recomendó a los profesionales
de la salud mental renunciar a sus prejuicios homofóbicos. Me parece que desde
1980 en la sociedad mexicana y chihuahuense, en particular, se comenzó a
generar una corriente de opinión, a mi juicio progresista, de que cualquier
forma de intervención del Estado en la cama de las personas era un atentado en
contra de la libertad y de que la sexualidad de alguien pertenece a su vida personal y privada. A mi parecer, la
mayoría de los nacidos y criados en Chihuahua hicieron suyas esas ideas en su
fuero interno. Posteriormente, en 1990 la Organización Mundial de la Salud
retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y luego lo harían
las asociaciones mexicanas de psiquiatras y psicólogos. No obstante, con la
llegada del conservadurismo a Chihuahua en
la última década del siglo pasado, quedaron en los pueblos, conservadores
que se ponían la capa de liberales para señalar que ellos eran respetuosos de
la sexualidad de “x”, no tanto porque así fuera, sino porque –en las comunidades pequeñas- se descalificaba con su aceptación de manera
“sutil” a los enemigos políticos y al mismo tiempo llamaban a sus hijos a no entrar
a las casas de quienes ellos consideraban homosexuales y se comenzó otra vez a
practicar el bulling a homosexuales pobres. En otros casos llamaban a los
alumnos a declararse y aceptar
públicamente la homosexualidad. Creo que incide en la homofobia sutil el tamaño
de la comunidad, no es lo mismo salir
del closet en una población de 50 000 habitantes que en una de un millón de habitantes
o más. Aunque en Agosto de este año el Obispo de Saltillo declaró que la
homofobia es una enfermedad, coincido con él en cuanto a que es una enfermedad social ampliamente extendida en
el país y que cunde más en las entidades con gobiernos laicos por ley
pero, cuyos gobernantes acuden de manera pública a eventos religiosos de la
religión mayoritaria, aunque porcentualmente sean de las más plurirreligiosas
entidades.
Conozco decenas de parejas (Hombre-Mujer) que
son después de muchos años, son parejas felices; conozco muchas parejas que se divorcian porque quieren ser felices
(nuestro estado ocupa primer lugar en porcentaje de divorciados); pero conozco
un mayor número y triste: el de parejas que viven juntas y que no son felices.
También hemos sabido por los medios de la
pareja (Mujer-Mujer) encabezada por Carla Herrera quienes han luchado por los derechos que tienen como
pareja y han denunciado ante la ley al Club Campestre de Chihuahua pues el
Código Civil de Chihuahua les niega sus derechos. También conozco una pareja
(Hombre-Hombre) quienes para evitar el rechazo social mantienen en secreto su
relación y porque el Código Civil de Chihuahua les niega el derecho a casarse, de ser pareja legal. Con
un Código Civil Conservador, contrario a la libertad y a la igualdad entre los
ciudadanos. En Chihuahua existen cinco amparos ante la SCJN contra el Registro
Civil.
¿Seguirá siendo el Código Civil de Chihuahua una piedra, no nomás para las parejas del
mismo sexo, sino para los nuevos tipos de relación amorosa del futuro como las que
ahora empiezan? ¿Cómo para el poliamor de
las triarejas?
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