sábado, 9 de noviembre de 2013

COMENTARIOS SOBRE LAS PRÁCTICAS SEXUALES Y EL MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO


Jorge Domínguez González


A mi entender, la sexualidad es innata en todos los seres vivos y su práctica en los grupos humanos ha estado modulada por las sociedades mismas. En todos los seres vivos la sexualidad está más ampliamente relacionada  con la reproducción de las  especies, aunque también existe en menor porcentaje la sexualidad  no relacionada con la procreación. Cuando las sociedades humanas abordan la conducta sexual lo hacen, inicialmente, como la parte animal que tenemos, o sea, ponderando el instinto para la reproducción. Desde mi punto de vista,  cada sociedad, en diversos momentos de su evolución ha incorporado en su práctica sexual: el placer, hasta alcanzar el reconocimiento de  lo que dice Freud,  de una sexualidad polimorfa y perversa;  polimorfa, porque el placer sexual adopta distintas formas y sexualidad perversa, no en el sentido peyorativo del término, sino porque –desde el punto de vista conservador-- se aleja de su finalidad principal en los seres humanos.

 
Las sociedades patriarcales en sus inicios retoman la sexualidad en su sentido primario, para la reproducción. Así, las religiones, por medio de sus libros sagrados y, por ejemplo, para alejar al placer de  la sexualidad y de paso dejar sentadas  las bases de la  homofobia en las relaciones humanas se establece: “Si alguno se ayuntare con  varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.” (Levítico 20:13) esto dice en el Antiguo Testamento ¿Qué castigaron o castigan así a los homosexuales? Ese es otro cuento, lo señalo desde el punto de vista de la sociología y viéndome como un respetuoso defensor de la libertad de conciencia y de la libertad de religión. Luego, vino otra religión, cuyo personaje principal en los evangelios dio un nuevo mandamiento pero, a mi parecer, la actitud  respecto a la homofobia  siguió siendo la misma en la mayor parte de las sociedades occidentales.

 
A mediados del siglo pasado, el estadounidense  Alfred C. Kinsey (1884-1956) fue uno de los pioneros de la investigación de la sexualidad humana y ganó renombre en el estudio del comportamiento sexual de hombres y de mujeres estadounidenses de raza blanca. Después de sistematizar las observaciones de padres de familia y docentes sobre los recuerdos de su infancia y de miles de entrevistas personales, publicó en 1948: “El comportamiento sexual en el hombre”,  el cual pese a contener deficiencias técnicas y metodológicas concuerda a  grandes rasgos con otros estudios realizados en otros países y momentos. Las siete conclusiones a las que llegó fueron: El 37% de los hombres entrevistados experimentaron alguna vez un orgasmo homosexual a partir de la adolescencia; El 13% de los varones sintieron deseos homosexuales, sin que se produjera por ello contacto sexual alguno; el 25% de ellos tuvieron experiencias homosexuales no incidentales entre las edades de 16 a 55 años; el 18%  de ellos mantuvieron igual número de relaciones heterosexuales que homosexuales durante un periodo mínimo de 3 años, entre las edades de 16 a 55 años; el 10% tuvo una conducta estrictamente homosexual durante 3 años como mínimo entre las edades ya reseñadas; Sólo un 4% manifestaba una conducta estrictamente homosexual durante toda su vida y ya se manifestaba durante la adolescencia; Así, se encontró que la homosexualidad, o sea, la orientación sexual, afectiva, emocional y sentimental a personas de su propio sexo, existía en los varones estadounidenses en todos los niveles sociales y ocupacionales.

 
En 1974 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y en 1975 la Asociación Estadounidense de Psicología recomendó a los profesionales de la salud mental renunciar a sus prejuicios homofóbicos. Me parece que desde 1980 en la sociedad mexicana y chihuahuense, en particular, se comenzó a generar una corriente de opinión, a mi juicio progresista, de que cualquier forma de intervención del Estado en la cama de las personas era un atentado en contra de la libertad y de que la sexualidad de alguien pertenece a su  vida personal y privada. A mi parecer, la mayoría de los nacidos y criados en Chihuahua hicieron suyas esas ideas en su fuero interno. Posteriormente, en 1990 la Organización Mundial de la Salud retiró la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y luego lo harían las asociaciones mexicanas de psiquiatras y psicólogos. No obstante, con la llegada del conservadurismo a Chihuahua en  la última década del siglo pasado, quedaron en los pueblos, conservadores que se ponían la capa de liberales para señalar que ellos eran respetuosos de la sexualidad de “x”, no tanto porque así fuera, sino porque  –en las comunidades pequeñas-  se  descalificaba con su aceptación de manera “sutil” a los enemigos políticos y al mismo tiempo llamaban a sus hijos a no entrar a las casas de quienes ellos consideraban homosexuales y se comenzó otra vez a practicar el bulling a homosexuales pobres. En otros casos llamaban a los alumnos a declararse  y aceptar públicamente la homosexualidad. Creo que incide en la homofobia sutil el tamaño de la comunidad,  no es lo mismo salir del closet en una población de 50 000 habitantes que en una de un millón de habitantes o más. Aunque en Agosto de este año el Obispo de Saltillo declaró que la homofobia es una enfermedad, coincido con él en cuanto a que es  una enfermedad social ampliamente extendida en el país y que cunde más en las entidades con gobiernos laicos por ley pero,  cuyos  gobernantes acuden de  manera pública a eventos religiosos de la religión mayoritaria, aunque porcentualmente sean de las más plurirreligiosas entidades.


Conozco decenas de parejas (Hombre-Mujer) que son después de muchos años, son parejas felices; conozco muchas parejas  que se divorcian porque quieren ser felices (nuestro estado ocupa primer lugar en porcentaje de divorciados); pero conozco un mayor número y triste: el de parejas que viven juntas y que no son felices.

 
También hemos sabido por los medios de la pareja (Mujer-Mujer) encabezada por Carla Herrera quienes  han luchado por los derechos que tienen como pareja y han denunciado ante la ley al Club Campestre de Chihuahua pues el Código Civil de Chihuahua les niega sus derechos. También conozco una pareja (Hombre-Hombre) quienes para evitar el rechazo social mantienen en secreto su relación y porque el Código Civil de Chihuahua les niega  el derecho a casarse, de ser pareja legal. Con un Código Civil Conservador, contrario a la libertad y a la igualdad entre los ciudadanos. En Chihuahua existen cinco amparos ante la SCJN contra el Registro Civil.

 
¿Seguirá siendo el Código Civil de Chihuahua  una piedra, no nomás para las parejas del mismo sexo, sino para los nuevos tipos de relación amorosa del futuro como las que ahora empiezan? ¿Cómo para el poliamor de  las triarejas?  

 

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