sábado, 2 de noviembre de 2013

APUNTES SOBRE LAS APRECIACIONES CIUDADANAS Y LAS PRÁCTICAS POLÍTICAS

                                                                                                                                                                                      Jorge Domínguez González

Desde los años 70´s y creo que desde antes,  durante y después del movimiento armado que resultó en la Revolución Mexicana de 1910-1917 las prácticas en la vida pública, a mi parecer, han venido en desprestigio de la política como una práctica inherente a la vida democrática y la falta de comprensión de lo que es esta última. Hablo de los años 70´s porque en nuestro país fue una época en  la cual el autoritarismo gubernamental comenzó a ser enfrentado por la ciudadanía, después de la represión por parte del Estado alcanzó los niveles que se mostraron el 2 de Octubre de 1968. A la par de que grupos de ciudadanos consideraron la lucha armada como única alternativa ante la falta de prácticas democráticas en la vida pública. Sin embargo, quienes fuimos jóvenes entonces, de la noche a la mañana comenzamos a ser ciudadanos pues a fines de 1969 se decretó que no tendríamos que esperar hasta los 21 años  para ser ciudadanos, sino que a los 18 años  podríamos ya convertirnos en ciudadanos.


No obstante, todavía hoy existe un considerable número de personas que rechazan ser “políticos” o realizar actividades “políticas” pues la  reputación de quienes han estado en cargos públicos por parte de la ciudadanía, ya sean cargos de elección o por nombramiento, es de que esos puestos sirven no sólo para obtener altos salarios y prestaciones, sino poder para realizar negocios provechosos o fingirlos, sino que en otras ocasiones, el poder del cargo público suele ser utilizado  hasta para que ingresen en esa secretaría o departamento familiares o amigos sin el perfil para el puesto y,  a veces, hasta sin trabajar. Es por ello que: los ciudadanos rechazan ser  “políticos” y/o realizar “política”. A mi ver, en esta percepción generalizada de deshonestidad en el desempeño y de engaños para obtener un cargo, han contribuido un considerable número de políticos y  se refleja en un alto índice de abstencionismo electoral. No en balde existe una alta resistencia de quienes están en algún cargo de carácter público, de gobierno o no para rendir cuentas de manera transparente al público. Estas prácticas suceden cuando en el sentido original de la política era la de participación  de los ciudadanos en la toma de decisiones de la comunidad.

 
Existe el porcentaje de ciudadanos que se abstienen  a acudir a las elecciones y otro de quienes acuden a votar pero, todos cuentan con una Credencial de Elector pero,  todos lo hacemos en consideración de que en nuestro país ese documento de identificación es el más confiable en la mayoría de instituciones o negocios. A mi entender, la Credencial de Elector debiera de servirnos a quienes tenemos un modo honesto de vivir y que hayamos cumplido 18 años, es decir, a los ciudadanos,   para participar en los asuntos de la vida pública que nos atañen, es decir, participar en la vida democrática. Ya en la democracia representativa, ya usándola para votar por los partidos políticos con quienes se identifican con sus principios y programas; ya por los candidatos, quienes se lucen en lo físico y/o  en las promesas. Sin  embargo, a pesar de que en los programas de Educación Básica en la asignatura de Educación  Cívica y Ética se marca que quienes pasen por ahí han de conocer cuáles son  los poderes  y niveles de gobierno, no es así y al  menos a mi me ha tocado escuchar, inclusive,  a profesionistas que solicitan a algún  candidato presidencial en campaña el arreglo o pavimentación de las calles o a un candidato a la presidencia municipal prometer que aumentará los salarios de los trabajadores y en ambos casos dichos, solicitante y candidato  han sido aplaudidos por la ciudadanía.

 
Con  estos antecedentes de desconocimiento del sistema político por parte de los ciudadanos y aunado a que un porcentaje considerable de los ciudadanos  que si vota lo hace a la manera conservadora: por los candidatos y no a la manera ilustrada: por los principios y programas partidarios.  No es extraño que en  eventos de democracia participativa, en escuelas, juntas vecinales, de trabajadores, etc., los ciudadanos suelan ser  manipulados por líderes inescrupulosos quienes viendo por sus intereses, manipulan a las masas o a las asambleas en el sentido de su conveniencia personal (distrayendo la mirada colectiva de ello). Claro en la manipulación influye el  papel de los medios de difusión,  los cuales se aferran a ser llamados medios de comunicación, aun cuando sabemos que no se cierra el circuito de la comunicación y  que los mensajes van  en un sólo sentido.

 
Por lo anterior, no es extraño que en política que  practicamos, e incluso entre  los de izquierda, en el dialogo o debate,  el argumento de la razón no sea el de principal peso para las reflexiones sobre un  problema o situación social de cualquier nivel de gobierno, ni tampoco que el conocimiento comprobado sea la base en las discusiones, que baja en sus niveles culturales. En cambio, hemos refinado las prácticas sobre  la difamación y la calumnia de  quienes  opinan de manera diferente a la nuestra, a tal grado que sus ideas o ellos mismos caigan en la descalificación. Esta semana me contó mi amiga Sofía desde Guatemala que un gobernador provincial y un diputado cada uno de diferente signo político (los dos varones eran  amantes) en una sociedad que se dice liberal pero, que en el fondo es machista, y ante la persona de alto poder que le compartió esa “información”, ella con diplomacia me explicó que no le quedó más que preguntar “Y cuál de los dos se acuesta boca abajo?” y que la respuesta había sido que, él de signo contrario al de la informante y que, el de  arriba con las mujeres era muy caballeroso. Uno respira aliviado, allá es Guatemala, aunque aquí estamos  en…

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