sábado, 16 de febrero de 2013

NOTAS SOBRE LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y LA LAICIDAD

Jorge Domínguez González

El Artículo 3° Constitucional, respecto a la educación pública, establece varias características; en el primer párrafo establece que la educación es un derecho de todos los individuos, sin establecer si éstos han de ser mexicanos por lo que uno infiere que es un derecho que tienen los individuos independientemente de su estatus migratorio. Claro, los conservadores tienden a afirmar y defender que es un derecho para los individuos pero, mexicanos. Más adelante en ese mismo párrafo se agrega que la educación básica es OBLIGATORIA y que se entiende por educación básica a la preescolar, primaria y secundaria. Este primer párrafo señala que se ha de impartir por parte el Estado, es decir, por la federación, estados, Distrito Federal y municipios. A mi parecer ¡Qué bueno que así quede en la “ley máxima”! pero,  hace tanto tiempo que aparece en esa ley  y sin saber cuántas escuelas, alumnos o profesores, ni con cuántas plazas se cuenta ¿Cómo le hará el gobierno para impartir con eficiencia la educación básica? Hasta ahora en las últimas semanas es que el gobierno ha encargado al INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía en Informática) que haga un censo nacional de escuelas, profesores y alumnos; afortunadamente quedan de fuera del censo el número de plazas u horas devengadas por cada mentor. Sí se lleva a cabo esta disposición, tal vez, sea posible para un ciudadano común realizar algunas  cuentas de los cientos o miles de millones de pesos que el Estado asigna a las escuelas públicas y compararlo con los ingresos de los padres de familia esquilmados por  las pandillas de padres de familia  los cuales siempre quieren estar encabezando las sociedades de padres para cobrar cuotas en todos los niveles.

En la fracción primera de este artículo 3° se plantea que la educación que imparta el Estado será LAICA y que se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa. La palabra “laico”, según tengo entendido,  comenzó a usarse con el significada de personas quienes dentro de la religión católica que no poseían ningún cargo eclesiástico, dentro del sacerdocio o dentro de las órdenes religiosas, esos eran los “laicos”. Todavía dentro de esa religión usan esa palabra en ese sentido. Sin embargo, el uso en femenino de esa palabra en la expresión “educación laica” reivindica el sentido  que le imprimió la Revolución Francesa, con el significado de independiente a la autoridad y organismos religiosos. Por ello cuando un sacerdote o religioso se refiere a los “laicos”, lo hace con el primer significado que enuncio y cuando un ciudadano,  no conservador,  o la ley misma se refiere a la “educación  laica”  se refiere al segundo significado, es decir, una educación independiente a las autoridades, a los organismos religiosos y –fundamentalmente-, a este tipo de  ideas. 

Durante decenas de años, éste ha sido otro precepto constitucional respecto a la educación no cumplido. En la Región Noroeste de Chihuahua y seguramente, en otras partes de la entidad y del país han existido por años escuelas de educación básica y de otros niveles que la voz pública los saben pertenecientes a una religión u otra, las cuales violaron el precepto de la laicidad en la educación, seguramente con la anuencia y complicidad de las autoridades educativas correspondientes. En 1992 a la par de que se da a conocer ANMEB (Acuerdo Nacional de Modernización de la Educación Básica) se publica la Ley general de Educación, a  mi juicio, para “legalizar” lo que ya se daba de facto en la educación respecto a la laicidad en la misma. Comienza la etapa en que se otorgan concesiones desordenadas a las escuelas privadas de todos los niveles y simultáneamente se fortalece la privatización de la educación superior por encima de la privatización en la educación  básica.

He observado en escuela pública de educación superior el trabajo de personas pertenecientes a alguna orden religiosa cuyo trabajo se acerca más a la laicidad que el de sus compañeros de trabajo con  ideología militante conservadora, los cuales inducen, con su ejemplo,  a los alumnos a usar para ellos el vocativo de “padre” o “madre”, en lugar de licenciado o licenciada, o los más modestos de  profesor o profesora,  los unos lo hacen a  manera de celebrar el triunfo de que en una escuela de educación superior pública exista el  ingreso de religiosos y los otros y sin razonar son compelidos a usar esos  mismos vocativos para aprobar la asignatura por la gracia divina  o simplemente porque están cercanos a sus creencias. A mi entender, en un número indeterminado de casos de la violación del principio de laicidad en la educación se encuentra  en las actitudes del docentes con ideología conservadora militante y no en el hecho de que ingresen al servicio educativo religiosas o sacerdotes, pues como mexicanos tienen todos los derechos y más si lo hacen con manifiesto compromiso con la ley.

Sin embargo, a mi ver esta pérdida de la laicidad en las escuelas de México no sólo sucede hoy, (Jueves 14 de Febrero), en que se ocultan las severas críticas de Benedicto XVI emitidas el Miércoles de Ceniza pues en los noticieros de los medios de difusión electrónica, aliados ideológicos del conservadurismo y, agobiados por la renuncia al cargo del actual Papa,  citan más de veinte veces al día  que “El Papa durante su estancia en León, Gto.,  sufrió una leve herida en su cabeza”, dos veces que él dijo que ya no tenía fuerzas para cumplir con el cargo y ninguna vez qué “La Iglesia está en ocasiones desfigurada por las divisiones del cuerpo eclesiástico…”, o qué lamentó la hipocresía religiosa”, así como  “el comportamiento de los que aparentan”  y las actitudes de los que buscan ante todo “los aplausos y la aprobación” y en la cual llama a superar “el individualismo y las rivalidades”. No, la pérdida de la laicidad en el Noroeste de Chihuahua está aunada, aparte de a las razones de la herencia histórica,  al éxito logrado para que los docentes no tengan una explicación científica del ser, de la sociedad y del universo, así como a la reintroducción de costumbres obsoletas.

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