Jorge
Domínguez González
El Artículo 3° Constitucional, respecto a la
educación pública, establece varias características; en el primer párrafo
establece que la educación es un derecho de todos los individuos, sin
establecer si éstos han de ser mexicanos por lo que uno infiere que es un
derecho que tienen los individuos independientemente de su estatus migratorio.
Claro, los conservadores tienden a afirmar y defender que es un derecho para
los individuos pero, mexicanos. Más adelante en ese mismo párrafo se agrega que
la educación básica es OBLIGATORIA y que se entiende por educación básica a la
preescolar, primaria y secundaria. Este primer párrafo señala que se ha de
impartir por parte el Estado, es decir, por la federación, estados, Distrito Federal
y municipios. A mi parecer ¡Qué bueno que así quede en la “ley máxima”!
pero, hace tanto tiempo que aparece en
esa ley y sin saber cuántas escuelas,
alumnos o profesores, ni con cuántas plazas se cuenta ¿Cómo le hará el gobierno
para impartir con eficiencia la educación básica? Hasta ahora en las últimas
semanas es que el gobierno ha encargado al INEGI (Instituto Nacional de Estadística,
Geografía en Informática) que haga un censo nacional de escuelas, profesores y
alumnos; afortunadamente quedan de fuera del censo el número de plazas u horas
devengadas por cada mentor. Sí se lleva a cabo esta disposición, tal vez, sea
posible para un ciudadano común realizar algunas cuentas de los cientos o miles de millones de
pesos que el Estado asigna a las escuelas públicas y compararlo con los
ingresos de los padres de familia esquilmados por las pandillas de padres de familia los cuales siempre quieren estar encabezando
las sociedades de padres para cobrar cuotas en todos los niveles.
En la fracción primera de este artículo 3° se
plantea que la educación que imparta el Estado será LAICA y que se mantendrá
por completo ajena a cualquier doctrina religiosa. La palabra “laico”, según
tengo entendido, comenzó a usarse con el
significada de personas quienes dentro de la religión católica que no poseían
ningún cargo eclesiástico, dentro del sacerdocio o dentro de las órdenes
religiosas, esos eran los “laicos”. Todavía dentro de esa religión usan esa
palabra en ese sentido. Sin embargo, el uso en femenino de esa palabra en la
expresión “educación laica” reivindica el sentido que le imprimió la Revolución Francesa, con el
significado de independiente a la autoridad y organismos religiosos. Por ello
cuando un sacerdote o religioso se refiere a los “laicos”, lo hace con el
primer significado que enuncio y cuando un ciudadano, no conservador, o la ley misma se refiere a la “educación laica”
se refiere al segundo significado, es decir, una educación independiente
a las autoridades, a los organismos religiosos y –fundamentalmente-, a este
tipo de ideas.
Durante decenas de años, éste ha sido otro
precepto constitucional respecto a la educación no cumplido. En la Región
Noroeste de Chihuahua y seguramente, en otras partes de la entidad y del país
han existido por años escuelas de educación básica y de otros niveles que la
voz pública los saben pertenecientes a una religión u otra, las cuales violaron
el precepto de la laicidad en la educación, seguramente con la anuencia y complicidad
de las autoridades educativas correspondientes. En 1992 a la par de que se da a
conocer ANMEB (Acuerdo Nacional de Modernización de la Educación Básica) se
publica la Ley general de Educación, a mi juicio, para “legalizar” lo que ya se daba
de facto en la educación respecto a la laicidad en la misma. Comienza la etapa
en que se otorgan concesiones desordenadas a las escuelas privadas de todos los
niveles y simultáneamente se fortalece la privatización de la educación
superior por encima de la privatización en la educación básica.
He observado en escuela pública de educación
superior el trabajo de personas pertenecientes a alguna orden religiosa cuyo
trabajo se acerca más a la laicidad que el de sus compañeros de trabajo con ideología militante conservadora, los cuales
inducen, con su ejemplo, a los alumnos a
usar para ellos el vocativo de “padre” o “madre”, en lugar de licenciado o
licenciada, o los más modestos de
profesor o profesora, los unos lo
hacen a manera de celebrar el triunfo de
que en una escuela de educación superior pública exista el ingreso de religiosos y los otros y sin
razonar son compelidos a usar esos mismos vocativos para aprobar la asignatura
por la gracia divina o simplemente
porque están cercanos a sus creencias. A mi entender, en un número
indeterminado de casos de la violación del principio de laicidad en la
educación se encuentra en las actitudes
del docentes con ideología conservadora militante y no en el hecho de que
ingresen al servicio educativo religiosas o sacerdotes, pues como mexicanos
tienen todos los derechos y más si lo hacen con manifiesto compromiso con la
ley.
Sin embargo, a mi ver esta pérdida de la
laicidad en las escuelas de México no sólo sucede hoy, (Jueves 14 de Febrero),
en que se ocultan las severas críticas de Benedicto XVI emitidas el Miércoles
de Ceniza pues en los noticieros de los medios de difusión electrónica, aliados
ideológicos del conservadurismo y, agobiados por la renuncia al cargo del
actual Papa, citan más de veinte veces
al día que “El Papa durante su estancia
en León, Gto., sufrió una leve herida en
su cabeza”, dos veces que él dijo que ya no tenía fuerzas para cumplir con el
cargo y ninguna vez qué “La Iglesia está en ocasiones desfigurada por las
divisiones del cuerpo eclesiástico…”, o qué lamentó la hipocresía religiosa”,
así como “el comportamiento de los que
aparentan” y las actitudes de los que
buscan ante todo “los aplausos y la aprobación” y en la cual llama a superar
“el individualismo y las rivalidades”. No, la pérdida de la laicidad en el
Noroeste de Chihuahua está aunada, aparte de a las razones de la herencia
histórica, al éxito logrado para que los
docentes no tengan una explicación científica del ser, de la sociedad y del
universo, así como a la reintroducción de costumbres obsoletas.
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