domingo, 9 de diciembre de 2012

NOTAS SOBRE LA CULTURA POLÍTICA, LA TRANSPARENCIA Y LA RENDICIÓN DE CUENTAS


Jorge Domínguez  González

No ha sido parte de la cultura política de los funcionarios de las instancias públicas de la República Mexicana la transparencia, ni la rendición de cuentas, como tampoco lo fue del Reino de Castilla y Aragón. En la América Septentrional las sociedades indígenas con desarrollo social más avanzado (y no lo dicen en las escuelas del país) no  eran  sociedades autoritarias, sino superautoritarias, sólo en algunas tribus nómadas y seminómadas del norte de lo que ahora es México se pudieron  observar algunos rasgos democráticos, como la consulta de tareas o estrategias.

A mi parecer, esta conjunción de  rasgos antidemocráticos dio como resultado una sociedad colonial en la Nueva España en donde la antidemocracia y el autoritarismo estuvieron elevados al cuadrado y dejaron una honda huella la cual se manifiesta hasta nuestros días en la personalidad de algunos ciudadanos, proclives los unos a la sumisión, proclives los otros a la dominación. Sin embargo,  como resultado de la razón y la ciencia ha surgido un nuevo tipo de seres humanos en el país, quienes no  pliegan sus acciones a las órdenes irracionales de otros seres de incuestionable estatura moral,  quienes viendo por  la ganancia propia, se ciegan ante la necesidad ajena o pretenden cubrirla con caridades a la moda judía, es decir con sobras.

Seguramente, un determinado número de nosotros, quienes sin ser ganados por el deseo o la envidia de cosas materiales, alguna vez en la infancia tuvimos la oportunidad   de ver un  arroyo puro y transparente, a través de cuyas aguas podíamos ver el fondo del mismo con algas, piedras, peces u otros animales propios de ese medio, a la par de que en otra ocasión vimos, como  es frecuente en el norte de México u arroyo de aguas opacas o  turbias y revueltas de cuyo fondo nunca pudimos conocer su contenido. Tal vez, seamos estos los mexicanos quienes deseamos que las cuentas públicas de los municipios, las entidades y de la federación sean transparentes y que podamos conocer el fondo de dichas cuentas, tal vez seamos estos la mayoría de mexicanos quienes celebramos con esperanza la nueva “Ley General de Contabilidad Gubernamental” La esperanza es cierta en la medida que dicho instrumento jurídico establece criterios uniformes para dicha contabilidad.

A mi entender, la pesadilla de la opacidad vendrá cuando los ayuntamientos o las entidades federativas publiquen sus respectivos reglamentos de contabilidad municipal y estatal que por intereses propios en artículos se nieguen o tergiversen el espíritu original de dicha ley, como acontece con la llamada ley máxima, en la fracción IV del artículo 3°. Creo que como resultado de la herencia colonial o de la educación no curricular que, los niños observan  en los ámbitos de la vida social,  que incluyen a las escuelas y otras instituciones, hoy y siempre han existido personas, para quienes la evasión y el no cumplimiento de la ley, es una  cualidad, la cual supone elevar su prestigio personal y de hecho lo eleva entre los de su entorno con quienes suelen compartir  valores similares.

A mi entender, la cultura, (del latín “cultivo”)  es  la manifestación de toda una serie de factores que se muestran en un grupo humano como conducta generalizada y me parece que podría ejemplificarse con un cultivo de determinada planta, la cual nos parecería de plantas uniformes pero,  en cada una de las cuales los factores han incidido  de manera diferente, haciendo que cada una de ellas sea diferente, aunque mínimamente a otras.

A mi ver, en México, la herencia cultural hispano-indígena de características autoritarias y antidemocráticas ha llevado a considerar los cargos públicos de cualquier índole, (políticos, educativos, religiosos, etc.) como  cargos no públicos sino, de propiedad privada, por ellos las jerarquías de esas naturalezas ven natural disponer de ellos a su antojo, a favor de sus amigos o familiares u otorgarlos de manera discrecional a quien les place, o a quién les llega a su precio, en el fuero interno de un alto porcentaje de funcionarios, cada uno de ellos considera haber adquirido un puesto o cargo que es un patrimonio. Diariamente los periódicos nos hablan de ello, que compraron esto, que compraron aquello y con la connivencia entre ellos y los periódicos no dicen el origen de los dineros para realizar tan ”decentes y moderadas compras”, sin rubor, ni vergüenza ante los ojos de sus familias.

Crear culturas nuevas en nuestro país suele ser peligroso, como lo es  el riesgo de echar vino nuevo en odres viejos, la nueva cultura política de rendición de cuentas por parte de los funcionarios públicos, es similar a poner vino nuevo en los odres viejos y se corre el riesgo de que se rompan. La nueva cultura política pone en riesgo la utilidad de los odres viejos,  basados en los intereses personalísimos de los propietarios.












































































 

 

 

 

 

 

 



 


























No hay comentarios: