Jorge
Domínguez González
No ha sido parte de la cultura política de
los funcionarios de las instancias públicas de la República Mexicana la
transparencia, ni la rendición de cuentas, como tampoco lo fue del Reino de
Castilla y Aragón. En la América Septentrional las sociedades indígenas con
desarrollo social más avanzado (y no lo dicen en las escuelas del país) no eran
sociedades autoritarias, sino superautoritarias, sólo en algunas tribus
nómadas y seminómadas del norte de lo que ahora es México se pudieron observar algunos rasgos democráticos, como la
consulta de tareas o estrategias.
A mi parecer, esta conjunción de rasgos antidemocráticos dio como resultado una
sociedad colonial en la Nueva España en donde la antidemocracia y el
autoritarismo estuvieron elevados al cuadrado y dejaron una honda huella la
cual se manifiesta hasta nuestros días en la personalidad de algunos ciudadanos,
proclives los unos a la sumisión, proclives los otros a la dominación. Sin
embargo, como resultado de la razón y la
ciencia ha surgido un nuevo tipo de seres humanos en el país, quienes no pliegan sus acciones a las órdenes
irracionales de otros seres de incuestionable estatura moral, quienes viendo por la ganancia propia, se ciegan ante la
necesidad ajena o pretenden cubrirla con caridades a la moda judía, es decir
con sobras.
Seguramente, un determinado número de
nosotros, quienes sin ser ganados por el deseo o la envidia de cosas
materiales, alguna vez en la infancia tuvimos la oportunidad de ver un
arroyo puro y transparente, a través de cuyas aguas podíamos ver el
fondo del mismo con algas, piedras, peces u otros animales propios de ese
medio, a la par de que en otra ocasión vimos, como es frecuente en el norte de México u arroyo
de aguas opacas o turbias y revueltas de
cuyo fondo nunca pudimos conocer su contenido. Tal vez, seamos estos los
mexicanos quienes deseamos que las cuentas públicas de los municipios, las
entidades y de la federación sean transparentes y que podamos conocer el fondo
de dichas cuentas, tal vez seamos estos la mayoría de mexicanos quienes
celebramos con esperanza la nueva “Ley General de Contabilidad Gubernamental”
La esperanza es cierta en la medida que dicho instrumento jurídico establece
criterios uniformes para dicha contabilidad.
A mi entender, la pesadilla de la opacidad
vendrá cuando los ayuntamientos o las entidades federativas publiquen sus
respectivos reglamentos de contabilidad municipal y estatal que por intereses
propios en artículos se nieguen o tergiversen el espíritu original de dicha
ley, como acontece con la llamada ley máxima, en la fracción IV del artículo
3°. Creo que como resultado de la herencia colonial o de la educación no
curricular que, los niños observan en
los ámbitos de la vida social, que
incluyen a las escuelas y otras instituciones, hoy y siempre han existido
personas, para quienes la evasión y el no cumplimiento de la ley, es una cualidad, la cual supone elevar su prestigio
personal y de hecho lo eleva entre los de su entorno con quienes suelen
compartir valores similares.
A mi entender, la cultura, (del latín
“cultivo”) es la manifestación de toda una serie de
factores que se muestran en un grupo humano como conducta generalizada y me
parece que podría ejemplificarse con un cultivo de determinada planta, la cual
nos parecería de plantas uniformes pero,
en cada una de las cuales los factores han incidido de manera diferente, haciendo que cada una de
ellas sea diferente, aunque mínimamente a otras.
A mi ver, en México, la herencia cultural
hispano-indígena de características autoritarias y antidemocráticas ha llevado
a considerar los cargos públicos de cualquier índole, (políticos, educativos,
religiosos, etc.) como cargos no
públicos sino, de propiedad privada, por ellos las jerarquías de esas
naturalezas ven natural disponer de ellos a su antojo, a favor de sus amigos o
familiares u otorgarlos de manera discrecional a quien les place, o a quién les
llega a su precio, en el fuero interno de un alto porcentaje de funcionarios,
cada uno de ellos considera haber adquirido un puesto o cargo que es un
patrimonio. Diariamente los periódicos nos hablan de ello, que compraron esto,
que compraron aquello y con la connivencia entre ellos y los periódicos no
dicen el origen de los dineros para realizar tan ”decentes y moderadas compras”,
sin rubor, ni vergüenza ante los ojos de sus familias.
Crear culturas nuevas en nuestro país suele
ser peligroso, como lo es el riesgo de
echar vino nuevo en odres viejos, la nueva cultura política de rendición de
cuentas por parte de los funcionarios públicos, es similar a poner vino nuevo
en los odres viejos y se corre el riesgo de que se rompan. La nueva cultura
política pone en riesgo la utilidad de los odres viejos, basados en los intereses personalísimos de
los propietarios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario