En un entorno como el nuestro y similar a muchos de otras partes del mundo,
creo que la fragilidad de nuestra sobrevivencia requiere la certeza de que se mantendrá
el empleo o de que concluirá el desempleo, a mi entender esta incertidumbre de
sobrevivencia genera manifestaciones que
tienen una base emocional primitiva: el
miedo, fundamentalmente un miedo a circunstancias y situaciones que nos impidan la sobrevivencia, aunque
eventualmente, puede ser un miedo ante
una amenaza cercana como a un
robo, a un asalto, lo es ante la muerte
o lo que la facilite.
Las relaciones de dominación y subordinación de las personas en las
empresas privadas puede resultar evidente; los capataces, los administradores y
los cuadros medios pliegan, de una u otra forma, el ejercicio de su libertad, a los intereses y a a la poderosa voluntad de
los propietarios. Los trabajadores no cuestionarán las metas de producción de
la empresa. En algunas dependencias de gobierno en México puede suceder lo
mismo, con el agregado de que, a mi entender ese miedo facilita la constitución de cotos de poder
dentro de las instituciones y es el que permite la relación clientelar de las
altas jerarquías; dentro de los cotos de
poder el trabajador que, se siente amenazado por la vida, encuentra su
seguridad; a la par de que, las personas que se sienten más amenazadas en su sobrevivencia, con tal
de lograrla, pueden deponer su libertad para lograr la seguridad, los menos
amenazados pueden manipular a los otros para lograr sus fines de poder. Cuando
esto sucede, cuando los seres humanos declinan a actuar voluntariamente
conforme a su razón y por lo mismo no se hacen responsables de sus actos, cuando
son coaccionados por el miedo, mi ver
existe un entorno autoritario.
Nuevamente, los correos me traen noticias de
mi amiga, me escribe Sofía, desde Guatemala, país de la mitad del tamaño del
estado de Chihuahua pero, con una población de 15 millones de personas y en el
cual convive una gran diversidad de culturas de pueblos originarios. Ella vive
en el departamento de El Petén, pues como es una república central, no existen
estados, sino departamentos; este es el departamento más grande de Guatemala,
ocupa la tercera parte de la superficie del país, cuenta con más de medio
millón de habitantes y hace frontera con México y Belice, además está cubierto
por una espesa selva tropical. Ella vive en la población de Flores, la cual es
la capital departamental.
Me ha contado que está trabajando en la
Universidad Didáctica de Guatemala (Undigua) desde hace alrededor de 30 años y
que esta institución es apreciada por casi todos los maestros del departamento
donde ella vive, ella dice que la meta es lograr aprendizajes de calidad, así
me lo indica ella pero, no me explica lo que entienden allá por calidad
educativa.
Sofía, me
“chatea” por Internet que: hace treinta años, la responsable (o jefa)
del Centro de Atención de Profesores (Capro) de la Undigua en El Petén comenzó
a conformar un coto en ese espacio público dentro Mineagua; Los servicios que en un principio eran
gratuitos, como lo marca la ley, ahora
cuestan cada semestre $300.00 quetzales, o sea, alrededor de $3 000.00 pesos:
Este cobrar de colegiaturas no fue realizado de la noche a la mañana, sino poco
a poco, y aunque todos los docentes eran pagados por el gobierno, con esos
nuevos ingresos -cerrados al escrutinio público- comenzaron a no trabajar las
horas que se les pagaban conforme a la normatividad del país, sino que fueron
contratados otros nuevos profesores para que laboraran en las horas que dejaban
de trabajar los profesores pagados por el gobierno de la República de
Guatemala.
Sofía agrega: “Lo preocupante es que no puede
establecerse un verdadero diálogo pedagógico, no se puede deliberar libremente entre el personal docente de la institución, porque
por la forma de ingresar a la institución, ellos siempre estarán de acuerdo,
con todas y cada una de las palabras, de la jefa del Capro con respecto a todos
los temas pedagógicos, filosóficos y sociales como consecuencia de la forma de
ingreso.” Me narra de que le han llamado a una
reunión de “deliberación pedagógica” para, cada uno de sus “compañeros”
agredirla de forma sucesiva, añade “no
sentía lo duro, sino lo tupido…como que todos se hubieran puesto de acuerdo
para atacarme”…manifiesta. A mi parecer, la cultura de los profesores conservadores cuando se reúnen como
grupo la actividad principal son la difamación, la calumnia y seguramente acuerdos
para denigrar a quienes sienten como amenaza para sus intereses, tal cual ha
sido la experiencia en la campaña del candidato conservador; cuando se encuentran con otros que no
pertenecen a su grupo, la cultura relacional se manifiesta con el grito, el abucheo, el apabullamiento donde
el razonamiento y la deliberación están
ausentes porque no conocen las reglas elementales del diálogo, arrebatan la
palabra o no la sueltan, etc. Cuando se llega a un acuerdo verbal con ellos,
suelen desdecirse y cambiar los términos. Me parece que temen a la palabra
escrita porque de esta manera quedaría evidencia de su pensamiento.
Sofía añade: “Todavía más preocupante es que
si antes mis compañeros creían que los
estudiantes no se daban cuenta de la corrupción e ilegalidad que se vive y de la
impunidad, ahora no sería extraño que con la asesoría de esos profesores, los
mismos alumnos me estuvieran levantando un expediente para enviarlos a las
autoridades de la Unduigua. No pueden
los profesores acceder a las puntuaciones de ingreso de los alumnos pero, ya me
han tocado casos en que cuando les dirijo la palabra a los alumnos, ellos
platican entre si o me dan la espalda, lo cual no sucede con otros profesores,
porque cuando paso los alumnos les están mostrando exagerada atención, pienso
que existen aquí profesores, quienes faltando a la ética ejercen el poder y la manipulación sobre los
alumnos”.
Finaliza añadiendo que “he de estar
volviéndome loca porque aunque sé que en
alguna parte del código deontológico de los
docentes se establece que he de
establecer una relación de confianza gratificante con los alumnos me pregunto ¿Cómo hacerlo, si intuyo que los profesores a favor
de la privatización pueden estar manipulando a los alumnos en mi contra?”
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