viernes, 5 de octubre de 2012

NOTAS SOBRE EL MIEDO, LA CORRUPCIÓN Y LA MANIPULACIÓN

                                                                                                                  Jorge Domínguez González

En un entorno como el nuestro y similar a muchos de otras partes del mundo, creo que la fragilidad de nuestra sobrevivencia requiere la certeza de que se mantendrá el empleo o de que concluirá el desempleo, a mi entender esta incertidumbre de sobrevivencia genera  manifestaciones que  tienen una base emocional primitiva: el miedo, fundamentalmente un miedo a circunstancias y situaciones  que nos impidan la sobrevivencia, aunque eventualmente, puede ser un miedo ante  una amenaza cercana  como a un robo,  a un asalto, lo es ante la muerte o lo que la facilite.

Las relaciones de dominación y subordinación de las personas en las empresas privadas puede resultar evidente; los capataces, los administradores y los cuadros medios pliegan, de una u otra forma, el ejercicio de su libertad,  a los intereses y a a la poderosa voluntad de los propietarios. Los trabajadores no cuestionarán las metas de producción de la empresa. En algunas dependencias de gobierno en México puede suceder lo mismo, con el agregado de que, a mi entender ese miedo  facilita la constitución de cotos de poder dentro de las instituciones y es el que permite la relación clientelar de las altas jerarquías;  dentro de los cotos de poder el trabajador que, se siente amenazado por la vida, encuentra su seguridad;  a la par de que,  las personas que se sienten  más amenazadas en su sobrevivencia, con tal de lograrla, pueden deponer su libertad para lograr la seguridad, los menos amenazados pueden manipular a los otros para lograr sus fines de poder. Cuando esto sucede, cuando los seres humanos declinan a actuar voluntariamente conforme a su razón y por lo mismo no se hacen responsables de sus actos, cuando  son coaccionados por el miedo, mi ver existe un entorno autoritario.

Nuevamente, los correos me traen noticias de mi amiga, me escribe Sofía, desde Guatemala, país de la mitad del tamaño del estado de Chihuahua pero, con una población de 15 millones de personas y en el cual convive una gran diversidad de culturas de pueblos originarios. Ella vive en el departamento de El Petén, pues como es una república central, no existen estados, sino departamentos; este es el departamento más grande de Guatemala, ocupa la tercera parte de la superficie del país, cuenta con más de medio millón de habitantes y hace frontera con México y Belice, además está cubierto por una espesa selva tropical. Ella vive en la población de Flores, la cual es la capital departamental.

Me ha contado que está trabajando en la Universidad Didáctica de Guatemala (Undigua) desde hace alrededor de 30 años y que esta institución es apreciada por casi todos los maestros del departamento donde ella vive, ella dice que la meta es lograr aprendizajes de calidad, así me lo indica ella pero, no me explica lo que entienden allá por calidad educativa.

Sofía, me  “chatea” por Internet que: hace treinta años, la responsable (o jefa) del Centro de Atención de Profesores (Capro) de la Undigua en El Petén comenzó a conformar un coto en ese espacio público dentro Mineagua;  Los servicios que en un principio eran gratuitos, como lo marca la ley,  ahora cuestan cada semestre $300.00 quetzales, o sea, alrededor de $3 000.00 pesos: Este cobrar de colegiaturas no fue realizado de la noche a la mañana, sino poco a poco, y aunque todos los docentes eran pagados por el gobierno, con esos nuevos ingresos -cerrados al escrutinio público- comenzaron a no trabajar las horas que se les pagaban conforme a la normatividad del país, sino que fueron contratados otros nuevos profesores para que laboraran en las horas que dejaban de trabajar los profesores pagados por el gobierno de la República de Guatemala.

Sofía agrega: “Lo preocupante es que no puede establecerse un verdadero diálogo pedagógico, no se puede deliberar libremente  entre el personal docente de la institución, porque por la forma de ingresar a la institución, ellos siempre estarán de acuerdo, con todas y cada una de las palabras, de la jefa del Capro con respecto a todos los temas pedagógicos, filosóficos y sociales como consecuencia de la forma de ingreso.” Me narra de que le han llamado a una  reunión de “deliberación pedagógica” para, cada uno de sus “compañeros” agredirla  de forma sucesiva, añade “no sentía lo duro, sino lo tupido…como que todos se hubieran puesto de acuerdo para atacarme”…manifiesta. A mi parecer, la cultura de los   profesores conservadores cuando se reúnen como grupo la actividad principal son la difamación, la calumnia y seguramente acuerdos para denigrar a quienes sienten como amenaza para sus intereses, tal cual ha sido la experiencia en la campaña del candidato conservador;  cuando se encuentran con otros que no pertenecen a su grupo, la cultura relacional se manifiesta con  el grito, el abucheo, el apabullamiento donde el razonamiento y  la deliberación están ausentes porque no conocen las reglas elementales del diálogo, arrebatan la palabra o no la sueltan, etc. Cuando se llega a un acuerdo verbal con ellos, suelen desdecirse y cambiar los términos. Me parece que temen a la palabra escrita porque de esta manera quedaría evidencia de su pensamiento.

Sofía añade: “Todavía más preocupante es que si antes mis compañeros creían  que los estudiantes no se daban cuenta de la corrupción e ilegalidad que se vive y de la impunidad, ahora no sería extraño que con la asesoría de esos profesores, los mismos alumnos me estuvieran levantando un expediente para enviarlos a las autoridades de  la Unduigua. No pueden los profesores acceder a las puntuaciones de ingreso de los alumnos pero, ya me han tocado casos en que cuando les dirijo la palabra a los alumnos, ellos platican entre si o me dan la espalda, lo cual no sucede con otros profesores, porque cuando paso los alumnos les están mostrando exagerada atención, pienso que existen aquí profesores, quienes faltando a la ética  ejercen el poder y la manipulación sobre los alumnos”.

Finaliza añadiendo que “he de estar volviéndome loca porque  aunque sé que en  alguna parte del código deontológico de los docentes  se establece que he de establecer una relación de confianza gratificante con los alumnos me pregunto ¿Cómo  hacerlo, si intuyo que los profesores a favor de la privatización pueden estar manipulando a los alumnos en mi contra?”

 

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