Esta semana que ha pasado, los mexicanos, sin vendas en los
ojos, hemos sido testigos del reflejo de la cultura política del país en el
“debate” público entre los equipos de campaña del PRI y del PAN y sus
dirigentes o, les hemos visto a ellos educando y promocionando sus valores
entre la ciudadanía. Tal vez, al mismo tempo existen otras gentes, otros
ciudadanos con otros valores, diferentes a los que viven los de esta clase
política con el “debate” que han armado.
Uno supondría un debate como la parte de un diálogo de entre
posturas, entre puntos de vista, entre perspectivas o modos de mirar un asunto
desde el cual los ciudadanos podríamos conocer más la realidad pero no,
iniciada la campaña de spots (spotización) de que Enrique Peña Nieto (EPN)
miente, de que no cumplió, por ahora, uno de los 600 compromisos que contrajo
como gobernador, referido a la ampliación a tres carriles de la Vía López
Mateos en la zona de Puente de Vigas y luego, los del PRI mostrando una
fotografía con la respuesta de éstos a los del equipo de Josefina Vázquez Mota
de que no, que el lugar referido estaba a trescientos metros del señalado, la
dirigencia panista planteó a la dirigencia del priista establecer lo que se
llamó “mesa de la verdad” ¡Y qué aceptaron! Además, propusieron que se
realizara en un hotel pero no, la propuesta de llevar a cabo una “mesa de la
verdad” para el “debate”, conllevaba que se realizara en el lugar mismo donde
estaban las obras referidas. Así, en el día y hora convenidos los del PRI se
encontraban a trescientos metros de los del PAN.
Al fin, después de ser retados, los priistas se reunieron en
el lado azul, donde estaban las bases del PAN y otros destacados panistas. Por
supuesto, en dicho acto no se certificó la veracidad de una u otra postura y a
mi entender, tampoco el ánimo de debatir, sino un firme compromiso de exhibir y
de mostrar a los votantes potenciales que EPN es un candidato mentiroso. En un debate se trata de convencer usando
la exposición, la argumentación y la contra-argumentación, no arrebatar la
palabra, de gritos, de botellazos como sucedió lamentablemente. De haber
sucedido lo contrario, en cualquiera de las dos posibilidades, la derivación
natural hubiera llevado a la ciudadanía a demandar el castigo y al rechazo de
las dos hermanas siamesas por eso fue preferido cancelar el” debate” y que éste
se hiciera “tablas”.
No obstante que, como decía la madre de mi mamá: lo que para
unos es celebración, para otros es conmemoración. Si de valores se tratara, con
lo complejo de los enfoques, se puede afirmar “lo que es virtud para unos, es
la mismísima maldad para los otros”; aunque, en este caso, la realidad que está
detrás de la verdad fue lo menos importante, porque al final lo que importa son
los intereses personales que se encuentran relacionados con los grupos de poder
a los que se pertenezca y/o los que se han creado. Si lo que ha sucedido en
esta semana a nivel nacional es representativo de la realidad política,
habríamos de dirigir la mirada a lo que sucede en los ámbitos de otros niveles
de la vida pública y de la misma orientación ideológica, en los cuales van
desde señalar a otros para sembrar duda en la honestidad de quienes atenten
contra los intereses, hasta campañas públicas de difusión, con calumnias y/o
difamaciones, sobre la vida privada de los enemigos (reales o potenciales) bajo
la máscara de que son charlas personales y de que en ellas la libertad de
expresión es primero.
Tomando nota de lo anterior, hemos de recordar que el
próximo 6 de mayo y el próximo 10 junio se llevarán a cabo sendos debates entre
los candidatos a la presidencia de la república, los cuales si son como el
“debate” que protagonizaron en esta semana esos dos partidos políticos, a mi
entender, poco ayudarán a la ciudadanía para conocer, con mediana claridad, la
diferencia entre las propuestas que ahí realizarán los cuatro candidatos por
los siete diferentes partidos y agrupaciones políticas nacionales.
Sobre política, aparte de los modelos geométricos, en mis
reflexiones encuentro dos georreferentes de los modelos de prácticas de
política. Por un lado el modelo estadounidense, el cual aplica nuestro país y
en otras sociedades de menor desarrollo, en México tal vez por la porosidad de
nuestras fronteras o por la conveniencia de las élites políticas de la nación y
que se caracteriza en las campañas electorales por dar énfasis a los aspectos
personales de los candidatos. Por otro lado el modelo europeo, el cual en las
campañas electorales da mayor peso a las propuestas de los partidos políticos y
que hace la diferencia entre un partido y otro y que se halla más desarrollado
en los países nórdicos dónde son originarias muchas de las prácticas
democráticas formales.
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