miércoles, 18 de febrero de 2009

“ESTADO FALLIDO"

SOBRE ALGUNAS MANIFESTACIONES DEL “ESTADO FALLIDO”


Con la situación que vive nuestro país, algunos analistas políticos han empezado hablar de que México es un “Estado fallido”, otros ligados seguramente a intereses relacionados con la economía del turismo se quejan de que la imagen de nuestro país se está deteriorando en el exterior y, luego, la secretaria de turismo de nuestro país señala que la violencia se produce sólo en tres estados: Baja California, Chihuahua y Sinaloa.

En mi opinión, ya he señalado que el origen de la violencia actual son y han sido la corrupción y la impunidad que se producen en una nación con exceso de injusticias. Ésto no es nuevo. Lo nuevo es que de repente medio mundo habla del “Estado fallido” y del cual Noam Chomsky, citado por María Amparo Casar (Nexos núm. 374, Febrero del 2009, p. 14) señala tres características:

· “…carecen de capacidad o voluntad “para proteger a sus ciudadanos de la violencia y quizás incluso de la de la destrucción”. ¿Cumple nuestro país con ésta característica?

· “se consideran más allá del alcance del derecho nacional e internacional” ¿hablará, acaso, de los dueños de la banca, de Teléfonos de México o de los propietarios de las televisoras? o acaso se refiere a algunos miembros de la alta clase política? y

· “padecen un grave déficit democrático que priva en sus instituciones” ¿estará su mirada en el sistema educativo mexicano en dónde callar y obedecer son los valores máximos?

Luego, esta profesora-investigadora señala que Fund for Peace y la revista Foreign Policy enlistan 12 indicadores con los cuales se comenzó a difundir la idea de “Estado fallido” y según los cuales México ha quedado en la media durante cuatro mediciones consecutivas entre el Estado más fallido que es Somalia y el Estado menos fallido que es Noruega. A mi me merecen una breve reflexión dos de estos indicadores:

· El deterioro progresivo de los servicios públicos y,
· La suspensión o aplicación arbitraria del Estado de derecho y extensas violaciones de los derechos humanos.

Del primero de éstos, en el caso del servicio público educativo, a mi juicio hay que advertir que en términos generales por las inercias de la corrupción sistémica presentes en el ámbito escolar, la calidad del servicio se deteriora y no sólo eso, sino que ya se cobra por un servicio público (que es la educación) que por ley debiera ser gratuito, pues se permite en las escuelas públicas el funcionamiento de escuelas, que a la manera de las escuelas privadas cobran colegiaturas cada vez más altas a la par de la crisis económica que vive el país.

Respecto al segundo indicador, la impunidad representa, sin duda, la aplicación arbitraria del Estado de derecho, mediante el cual las jerarquías permiten a sus subordinados el uso de recursos propios (colegiaturas) sin ninguna normatividad y/o regulación, y de manera discrecional a quienes les son fieles ideológicamente.

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