Jorge
Domínguez González
El pasado 17 de este Mayo que se fue, también
se llevó a cabo la celebración del día de lucha contra la homofobia...en
todas sus formas. En un día como ese la Asamblea General de la Organización
Mundial de la Salud pero, de 1990 se retiró a la homosexualidad de la lista de
enfermedades mentales, hasta entonces en la mayoría de las naciones y en el
mejor de los casos, la homosexualidad era considerada como una enfermedad
mental pero, generalmente, por parte de
las personas conservadoras era una anormalidad y/o un pecado…todavía la
homosexualidad representa un negocio para personas ávidas de dinero, baste
visitar páginas de internet dónde se ofrece “curar” esa enfermedad. En los años
setentas se contaba que un tratamiento
consistía en llevar al joven o a la joven, a la primera parte del
“tratamiento”, y sentarle cómodamente
frente a una pantalla; se le instruía para que controlara la secuencia de
imágenes de cuerpos y rostros. Atrás de él, el médico quién con una mano controlaba el
proyector y con la otra mano, papel, lápiz y
un interruptor eléctrico y la mirada en un cronómetro. Cuando la vista
del “enfermo” excedía de determinado
tiempo viendo a alguien de su mismo sexo, recibía una descarga eléctrica. La
segunda parte incluía la inyección de hormonas para complementar las cantidades
“faltantes”. La tercera parte del tratamiento incluía la asistencia a pláticas
sobre lo antinatural y antihigiénico que resultaba el acoplamiento. En la
actualidad se contabilizan más de 1 500 especies de animales con comportamiento
homosexual, las cuales van desde los mamíferos como los búfalos hasta algunos
tipos de lombrices intestinales.
A mi entender, la identidad sexual de los
seres humanos tiene que ver con el género de
cada uno de ellos, la autopercepción individual de cada uno moduladas
por las características de la sociedad. Así,
desde la perspectiva de la cotidianeidad autoritaria y de niveles de
escolaridad elementales es que son pocas
las sociedades que dan un lugar de igualdad en el trato que como seres humanos
merecen por igual los homosexuales, las
lesbianas, bisexuales, los transexuales y los heterosexuales con lo
cual se abre la posibilidad de que en menor o en mayor grado y en diversos
aspectos sean discriminados, fundamentalmente
en el aspecto de la igualdad ante la ley y tratados por los funcionarios
públicos, como sucede en México; aunque hay que decir que el rechazo social se
verbaliza en contra los homosexuales pasivos, pues –a veces-, la homosexualidad
activa se celebra.
A mi ver una
parte de la humanidad vive en países en los cuales la discriminación es
la norma, aunque el ejercicio de la sexualidad corresponde al ámbito de la vida
privada existe, un porcentaje de la población que afirma y lucha para que en el
ejercicio de la libertad, que cada quién
decida sobre el uso de su cuerpo, derecho que, a mi ver, incluye la de libre manifestación de las orientaciones
sexuales en privado o en público.
A pesar que desde los años 50´s en el Informe
Kinsey, mediante entrevistas, se
observaron grandes diferencias entre el comportamiento deseable exigido
socialmente y el comportamiento real. Asimismo, se observó que no existe una
clara separación entre el comportamiento heterosexual y el homosexual ya que,
según encuestas de aquellos años, alrededor del 10% de las mujeres y el 30% de los hombres admitían tener
comportamientos homosexuales, y un 40% de los hombres manifestaban estar interesados en la homosexualidad, “eso”
eran lo que “admitían”. Luego, de que los doctores William Masters y Virginia
Johnson en un laboratorio y después de
observar durante diez años, publicaron en los años 60´s la Respuesta Sexual
Humana, en este año del 2014 todavía existen
países, los cuales prohíben y
castigan el derecho a ejercer una
sexualidad basados en la religión y en la tradición y no sólo eso, sino las autoridades
que aplican con esa base, sanciones y
leyes son elaboradas por personas que se pensaría que son de estudios pero,
aunque lo fueran tienen el mismo
sustento.
Uno voltea a Coahuila y ve a un obispo dando
el sacramento del bautismo a una niña hija de una pareja homosexuales (ambos),
el jefe de dicha iglesia rechaza condenarlos;
Aquí, en el estado grande, existen más de 50 parejas del mismo sexo
unidas en matrimonio –previos amparos-.
Ante los asesinatos y otros tratos crueles se han organizado núcleos
defensores de sus derechos, a la igualdad y a la libertad, jóvenes hombres y
mujeres de la comunidad LGBTTTI
(Lésbico, Homosexual o Gay, Bisexual,
Transexual, Travesti, Transgénero e Intersexuales).
Con todo a mi ver, hoy subsisten tres posturas
básicas: quiénes declaran abiertamente su homofobia y rechazo a los
homosexuales mediante la agresión y el bulling;
otros, quienes, -también homofóbicos-,
quiénes se declaran a favor de la libertad sexual con el único fin de
exhibir y de poner al alcance de la exclusión social a este sector en una
población y; a quienes no nos importa el uso sexual que de manera libre dé cada
ciudadano a cada parte de su cuerpo. Nuestra visión real y personal de estas
manifestaciones de los seres humanos es un elemento que hace la diferencia
ideológica entre los conservadores y los liberales o progresistas.
“Defendamos el
ecosistema del Río Casas Grandes”
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