Jorge Domínguez González
En nuestro país, la lucha del bando
conservador contra el bando insurgente, liberal o progresista parecería haber
concluido con el Pacto del Ejército Trigarante o de las Tres Garantías, el 24
de Febrero de 1821, las cuales quedaron plasmadas en los colores de la
bandera nacional: religión,
independencia y unión. La bandera de este ejército, la primera de México, eran
tres franjas diagonales; la superior de color blanco que representaba la pureza
de la religión católica como la única tolerada en la nueva nación; la segunda
era verde y simbolizada el ideal de la independencia de la España y de otras
naciones; la tercera era roja y representaba
el ideal de unión de indios, mestizos, criollos y españoles, y en general todos
los pueblos residentes y de los dos bandos que entre si estuvieron luchando en
México. En el centro de cada banda había una estrella dorada de ocho puntas que
representaban la garantía y la voluntad de cumplirlas. No duró mucho esta
bandera, para Noviembre del mismo año ya había cambiado por órdenes de Agustín
de Iturbide, quién ya rey, había dispuesto que los colores de la bandera fueran
verde, blanco y rojo dispuestos de manera vertical y en el color blanco en el
centro un águila…con una corona. Las coronas o coronotas nos decían que estaban
en el poder a quienes les agradaban las
ideas de la monarquía cuando no, es que eran republicanos.
La republica es entendida como la forma de
gobierno en dónde el pueblo tiene la soberanía y facultad para el
ejercicio del poder, aunque sea delegado por el pueblo soberano en gobernantes
a quienes elige de un modo u otro. A veces, me pregunto si he señalado con
claridad este camino a mis hijos y nietos; Mi abuela nunca dijo “hace falta un
buen rey en México” pero, si en innumerables ocasiones dijo “hace falta un buen
presidente en México” la parte de la soberanía que nos corresponde como
ciudadanos ella lo se cede a otra
persona -el rey- sin saber que un rey es tal por gracia o castigo de la
divinidad. Encuesté a los nietos y bisnietos de ella. Los resultados de la encuesta: a) algunos piensan que los cargos de gobierno han
de ser, eso sí, hasta dónde sea posible, perpetuos y compartidos con familiares
o amigos de confianza; b) otros creen que hay que tener confianza en los
gobernantes y que lo que ellos hagan ha de ser en secreto, una cosa es que
exista una página electrónica y otra que contenga información; c) los más
piensan, por la educación recibida en la escuela que los ciudadanos han de ser responsables ante los políticos y
funcionarios públicos, nunca al revés; d) otros piensan que el trabajo de hacer leyes sopesando el
beneficio y el perjuicio, ver su
cumplimiento y ejecutar las sanciones establecidas debería de quedar en manos de una sola
persona; e) todos mis hijos y nietos coinciden que la aplicación de la ley ha
de dejarse, no en manos de ella misma, sino bajo el sabio y justo criterio de
los gobernantes de cada nivel, los cuales abundan en nuestra matria y en
nuestra patria; f) los nietos están de acuerdo en qué, debe la ciudadanía acatar
lo que ponen y disponen nuestros gobernantes; g) la mayoría de mis hijos,
respecto a las ideas opuestas coincide en responder que “a palabras necias,
oídos de carnicero”; h) mis nietos afirman que ante la ley cada ciudadano debe
ser tratado conforme a su papel y aportación a la comunidad; i) mis hijos y nietos concuerdan el acceso a un
puesto público brinda a un ciudadano (familiar, socio o amigo del gobernante)la posibilidad de
experimentar su potencial humano.
En fin, la encuesta realizada a las respuestas de mis descendientes y después del análisis de resultados, me hace
ver que la mayor parte de todo lo que hice al enseñar a mis hijos y nietos fue
en balde pues, en todos subyacen formas de pensar de la monarquía ¿Seré yo, como parte de la familia, el único que incide en su formación ética y
política? ¿O hay otros actores que influyen en nuestra forma de pensar?
A grandes rasgos la historia de nuestro país podría estar reflejada en las
pocas banderas que ha habido y lo sabríamos por la falta o presencia de la
corona que el escudo que ostentara. Ahí
veríamos
los conservadores en el bando de los centralistas y los liberales y
progresistas en el bando de los
federalistas. No han desaparecido los conservadores en la faz de la
sociedad mexicana pero, la última vez
que tuvieron un rey, fue cuando fueron a
traer, a Maximiliano de Habsburgo; aún
así, antes de la llegada hubo la
posibilidad que el Ejército Mexicano derrotara al Ejército más poderoso del
mundo el 5 de Mayo, ya se cumplen 152 años.
A veces, no sé si las depresiones que me
vienen son propias de mi edad o de repasar someramente la historia del país y
de nuestra entidad que en las últimas décadas los muy federales se percataron
de la incongruencia de la centralización;
luego, van por la descentralización hasta del gasto educativo y luego,
otra vez a la centralización (¿?). En
los últimos días y con el poder en las manos, ellos ven un gran logro en la
solución de “un problema que tenía más
de cien años”. Fue la mayoría quienes votaron por esa salida mercantil. A mi
ver, sólo el tiempo lo dirá.
“Defendamos el ecosistema del Río Casas
Grandes”
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