Jorge Domínguez González
En el quinto párrafo del Artículo 4° de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se establece que: “Toda la
familia tiene derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa”. El tema de la vivienda toca aspectos
sociales, físicos, morales, éticos y
políticos.
En ese último aspecto, a mi parecer queda
reflejado en la ley máxima del país al cual debiéramos acceder todos los mexicanos
sobre todo con las especificaciones consignadas en dicho ordenamiento legal:
vivienda digna y decorosa. No obstante, uno de los primeros obstáculos
para que los ciudadanos alcancemos a tener dignidad y decoro está en
las decisiones del poder político cuyos integrantes, sin perder de vista los
recursos económicos han solido, con opacidad,
decidir a quién de los conocidos o amigos se le otorgará el contrato
para la construcción de este o aquel fraccionamiento por un lado; luego,
construidas las unidades habitacionales
se ceden a inmobiliarias, cuyos propietarios -seguramente-, tienen como valor máximo la ganancia
inmoderada, llegan a la usura y al anatocismo. Sin importar que las viviendas
hallan construidas sobre terrenos cuya posesión irregular, como suele suceder,
con apoyo gubernamental en varias partes de
la entidad. Luego, con la sensibilidad requerida para obtener ganancias
desalojan a los habitantes y con apoyo del mismo Estado las rehabilitan y las
revenden. A veces, me pregunto ¿Sabrán sus hijos del origen de ese bienestar
que les brindan esos padres con tan turbio mercantilismo? Me los imaginaba
conflictuados pero, no si nuestra sociedad acepta y educa que el poder y el
tener son los máximos valores, los hijos de estos mercaderes estarán orgullosos
de sus progenitores. Otra cosa sería si aplicaran sus enseñanzas religiosas, si
las hubiesen internalizado.
En fin, nosotros, los chihuahuenses que
vivimos en el noroeste y me parece que a diferencia de quienes habitan en lo
alto de la Sierra, en grandes altitudes
y quienes sufren cada año de crueles inviernos, en dónde hasta los
baldes de agua guardados bajo techo se les hela el agua o de quienes viven en
las grandes llanuras alejadas de los cerros cuyos viejos en Julio y Agosto
apuestan sobre el tiempo en que se cocerá un huevo sobre el cemento. Creo que
estamos en una región de clima extremoso en dónde las temperaturas mínimas han
llegado a los -12°C y las máximas a los
40°C. Sin embargo, los profesionistas entre ingenieros civiles y arquitectos, quienes
vienen sólo por la paga, poco les interesan las características climáticas, ya
de nuestro entorno, ya de Chihuahua y en todas partes han construido casas de
“interés social” (lo entrecomillo porque para la mayoría de las personas de
gobierno y empresarios es lo que menos interesa) y usan en las paredes blocs de cemento, con techos de cementos. Con bardas de medio
metro de alto con blocs de cemento para separar
“un terreno de hasta 100 m² con una semicasa de 2.2 m de altura, en una
entidad en la cual el promedio de altura
de la población es la más altas del país. Lo que llama más la atención, aparte
del terreno es el tamaño de la construcción de 50 m² o menos, No en balde, la voz popular se refiere a esas construcciones de “interés social” como
“los palomares”, no únicamente por el tamaño, sino también por la contigüedad.
Es hasta hace pocos meses que el gobierno estatal retomó la sabiduría del
pueblo e impulsó la construcción de casas con el material que siempre ha sido
ecológico en Chihuahua: la tierra, el
adobe; material tan térmico que en nuestra entidad hace que en tiempo de calor
las casas sean frescas y en tiempo de frío que sean calidas y no como el
cemento que los banqueros han promovido fabricando casas que en tiempo de calor
son unos hornos y en tiempo de frío unos congeladores pero, el ejemplo social a
que han contribuido los banqueros es a la idea de que el cemento “es mejor”
para la construcción aunque lo que yo si sé es qué, si es mejor para, para generarles ganancias a los banqueros.
Vivir en estos lugares, mal llamados de
“interés social”, es que podrían ser lugares apropiados para el sano desarrollo
de las personas si los valores que, en
verdad, tuviera nuestra sociedad fueran la honestidad el respeto, la solidaridad, la consideración. Tengo en aprecio a mis vecinos quienes
comparten en los hechos esos valores pero,
hay otros que en conivencia con las autoridades municipales tuercen ese espíritu vecinal y que reciben
visitas ruidosas en la noche (o en el
día) y que con los “bajos” de sus vehículos y a todo volumen perturban la paz y
tranquilidad de la que somos merecedores; unos quienes viven en otras calles,
otros que transitan cerca.
El “Reglamento de Faltas al Bando de Policía
y Buen Gobierno del Municipio de Nuevo Casas Grandes” establece en el Artículo
5, Fracción II. Producir ruidos por cualquier medio, que provoquen molestias o
alteren la tranquilidad de las personas.
A mi entender y con mi diabetes (a la cual con el ruido eleva la glucosa) de lo que dice
el mentado reglamento, no puede desprenderse: 1. Ir a pedir que le
bajen al volumen; 2. Es que todavía es de día; 3. Ofrecer al denunciante
acompañarlo a con el ofensor para que le
lea el reglamento o diga qué está
enfermo.
“Defendamos el
ecosistema del Río Casas Grandes
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