En términos clínicos de la psiquiatría, el
concepto de esta enfermedad mental se ha ido
redondeando desde los tiempos de la predominancia de los griegos pero,
sin embargo conserva en el mismo la noción contenida las palabras de “escisión” o “ruptura de la
mente”. Existen alrededor de cincuenta concepciones para caracterizarla y todas
toman en cuenta en diferente grado los
factores sociales como el vivir en un entorno
urbano, la pobreza, la migración, la discriminación racial, la exclusión
social, la disfunción familiar, el desempleo, las condiciones de la vivienda y
hay quien cita que dos tercios de pacientes esquizofrénicos han padecido abusos
físicos y/o sexuales durante su infancia. Todos estos factores los citan como
desencadenantes, nunca como causa principal. La causa de la esquizofrenia
todavía es desconocida. Aunque lo común es referirse a la esquizofrenia a los
individuos que denotan una falta de correspondencia entre el proceso de
formación de ideas y la expresión de emociones.
En mi opinión, cuando observamos individuos
en los cuales las “ideas” que enuncian, las
que dicen adoptar y cuyos “hechos”, respecto a sus mismas ideas van por otro rumbo
estamos con mucha probabilidad ante personas enfermas de esquizofrenia y más con más posibilidad cuando ellas cuentan con los antecedentes de los
factores sociales que se enuncian anteriormente. Los especialistas saben que la prevalencia de
esta enfermedad varía de un país a otro hasta observar el 5% de la población.
Cuando comparamos las propuestas de campaña
electoral de un candidato y su equipo,
los cuales, -con seguridad-, serán
funcionarios designados por un el funcionario
público ya electo y cuando nosotros en un esfuerzo por
comprender la disparidad entre sus palabras y sus acciones, muchos ciudadanos exclamamos “¡Están locos!”,
A mi entender, sí están locos y de esquizofrenia, pues una cosa son las
promesas de campaña y otra el resultado de las acciones de gobierno; ello sin detenernos
a analizar si en cada uno de esos casos
concurren alguno de los factores sociales que acompañan a dicha enfermedad.
A mi parecer, en todos los niveles de
gobierno existen este tipo de personas, ahora, en la semana que pasó, la prensa
escrita manejó el caso del presidente municipal de San Francisco del Oro,
Chihuahua quién juró con su palabra
guardar las leyes y los hechos son que ha faltado innumerables ocasiones a las
reuniones del cabildo y no hay comprobantes de cien mil pesos que le
fueron enviados para construir una obra
pública pero, no hay ni pa´onde voltear, pues ese es un caso que
publica la prensa ¿Cuántos más serán los casos similares que no salen a la luz?
En esta sociedad, mexicana, y ahora más en el
norte del país, -como en Chihuahua-, con
todo y el astigmatismo que me cargo, escucho a personas que, en cuanto se
presenta la ocasión, día con día,
declaran su adhesión a una divinidad cuyos principios están contenidos
en las religiones, cuando al mismo tiempo, se vive y se trabaja con empeño para obtener
el poder y el dinero, más allá del ámbito de lo justo. Lo que me pregunto es la
forma en que explicarán, si lo hacen, a los hijos los motivos para que hayan
convertido al poder y el dinero como los valores centrales de la vida. A mi en
lo personal, me parece estos “decires” y estos “haceres”, de la mayoría de los
individuos, son los que caracterizan a
la esquizofrenia de nuestra sociedad
actual.
¿Cuáles instituciones de nuestra sociedad
retroalimentan dichos valores y en qué manera
y medida? ¿La escuela? ¿La
familia? ¿Las iglesias? ¿Las empresas? Seguramente, todas y cada una de tan
veneradas instituciones contribuyen a que, hoy por hoy, se hable de valores y
los valores sean el poder y el dinero
como justificantes de nuestra existencia.
La fracción IV de Artículo 3° Constitucional es muy clara: “Toda
la educación que el Estado imparta será gratuita”
y ha sido clara desde hace decenas de años que se suscribió en la Constitución
Política Mexicana de 1917. Subrayo esas palabras porqué son las que más se han
pervertido de la ley máxima, como desde entonces, año con año, ha sucedido, según lo pueden constatar los
ciudadanos padres de familia que así era desde que éramos niños y se cobraban
cuotas y ahora todavía y en todos los niveles.
Creo que pocos mexicanos podemos estar en
contra de lo que se señala respecto a todos los aspectos de la educación que se
establecen en el Pacto por México pero, cambiar la gratuidad en la educación (
con lo cual se favorece a grupos de poder) y sustituirla con la ampliación de
la cobertura educativa, para que los gobiernos paguen todo o en parte los edificios escolares, a la par de que se otorga a esas
escuelas el REVOE (Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios) y sean los
alumnos, -de todos los niveles pero, primordialmente en educación media superior y superior-, quienes
paguen a los profesores, a mi entender es para favorecer a los integrantes de
cotos de poder enquistados dentro del sistema educativo. A mi parecer, la
ampliación de la cobertura educativa en “Toda la educación que el Estado
imparta…” sólo es deseable cuando va acompañada de la gratuidad en todos los
niveles, como lo establece la ley.
Con
todo, en lo que halla de verdad saludamos la iniciativa que ha tomado el gobierno del
estado de Chihuahua y que se ha publicitado de prohibir las cuotas escolares en
preescolar, primaria y secundaria. Aun así, a fracción IV de Artículo 3° Constitucional es muy clara: “Toda
la educación que el Estado imparta será gratuita”.
Falta prohibir el cobro de cuotas en “Toda la educación que el Estado imparta… como
preparatorias, universidades, tecnológicos, especializaciones y posgrados de
escuelas públicas; las escuelas de ese nivel por las cuotas cobrables parecen
escuelas privadas, aparte, sin transparencia, ni rendición de cuentas. Creo que de esta forma se acabaría la
esquizofrenia en el cumplimiento de la
ley “máxima”.
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