domingo, 11 de agosto de 2013

LA ESQUIZOFRENIA SOCIAL DE NUESTRO PAÍS REFLEJADA EN CHIHUAHUA

                                                                                                                                                                            Jorge Domínguez González

En términos clínicos de la psiquiatría, el concepto de esta enfermedad mental se ha ido  redondeando desde los tiempos de la predominancia de los griegos pero, sin embargo conserva en el mismo la noción contenida  las palabras de “escisión” o “ruptura de la mente”. Existen alrededor de cincuenta concepciones para caracterizarla y todas toman  en cuenta en diferente grado los factores sociales como el vivir en un entorno  urbano, la pobreza, la migración, la discriminación racial, la exclusión social, la disfunción familiar, el desempleo, las condiciones de la vivienda y hay quien cita que dos tercios de pacientes esquizofrénicos han padecido abusos físicos y/o sexuales durante su infancia. Todos estos factores los citan como desencadenantes, nunca como causa principal. La causa de la esquizofrenia todavía es desconocida. Aunque lo común es referirse a la esquizofrenia a los individuos que denotan una falta de correspondencia entre el proceso de formación de ideas y la expresión de emociones.

En mi opinión, cuando observamos individuos en los cuales las “ideas”  que enuncian, las que dicen adoptar y cuyos “hechos”, respecto a sus mismas ideas van por otro rumbo estamos con mucha probabilidad ante personas enfermas de esquizofrenia  y más con más posibilidad  cuando ellas cuentan  con los antecedentes   de los factores sociales que se enuncian anteriormente.  Los especialistas saben que la prevalencia de esta enfermedad varía de un país a otro hasta observar el 5% de la población.

Cuando comparamos las propuestas de campaña electoral de un  candidato y su equipo, los cuales, -con seguridad-,  serán funcionarios designados por un  el funcionario público  ya  electo y cuando nosotros en un esfuerzo por comprender la disparidad entre sus palabras y sus acciones,   muchos ciudadanos exclamamos “¡Están locos!”, A mi entender, sí están locos y de esquizofrenia, pues una cosa son las promesas de campaña y otra el resultado de  las acciones de gobierno; ello sin detenernos a analizar si en cada uno de  esos casos concurren alguno de los factores sociales que acompañan a dicha enfermedad. 

A mi parecer, en todos los niveles de gobierno existen este tipo de personas, ahora, en la semana que pasó, la prensa escrita manejó el caso del presidente municipal de San Francisco del Oro, Chihuahua quién  juró con su palabra guardar las leyes y los hechos son que ha faltado innumerables ocasiones a las reuniones del cabildo y no hay comprobantes de cien mil pesos que le fueron  enviados para construir una obra pública pero, no hay ni pa´onde voltear, pues ese es un  caso  que publica la prensa ¿Cuántos más serán los casos similares que no salen a la luz?

En esta sociedad, mexicana, y ahora más en el norte del país, -como en Chihuahua-,  con todo y el astigmatismo que me cargo, escucho a personas que, en cuanto se presenta la ocasión, día con día,  declaran su adhesión a una divinidad cuyos principios están contenidos en las religiones, cuando al mismo tiempo,  se vive y se trabaja con empeño para obtener el poder y el dinero, más allá del ámbito de lo justo. Lo que me pregunto es la forma en que explicarán, si lo hacen, a los hijos los motivos para que hayan convertido al poder y el dinero como los valores centrales de la vida. A mi en lo personal, me parece estos “decires” y estos “haceres”, de la mayoría de los individuos,  son los que caracterizan a la esquizofrenia de nuestra sociedad  actual.

 ¿Cuáles instituciones de nuestra sociedad retroalimentan dichos valores y en qué manera  y medida?   ¿La escuela? ¿La familia? ¿Las iglesias? ¿Las empresas? Seguramente, todas y cada una de tan veneradas instituciones contribuyen a que, hoy por hoy, se hable de valores y los valores sean el poder y el dinero  como justificantes de nuestra existencia.

La fracción IV de  Artículo 3° Constitucional es muy clara: “Toda la  educación que el Estado imparta será gratuita” y ha sido clara desde hace decenas de años que se suscribió en la Constitución Política Mexicana de 1917. Subrayo esas palabras porqué son las que más se han pervertido de la ley máxima, como desde entonces, año con año,  ha sucedido, según lo pueden constatar los ciudadanos padres de familia que así era desde que éramos niños y se cobraban cuotas y ahora todavía y en todos los niveles.

Creo que pocos mexicanos podemos estar en contra de lo que se señala respecto a todos los aspectos de la educación que se establecen en el Pacto por México pero, cambiar la gratuidad en la educación ( con lo cual se favorece a grupos de poder) y sustituirla con la ampliación de la cobertura educativa, para que los gobiernos paguen  todo o en parte los edificios  escolares, a la par de que se otorga a esas escuelas el REVOE (Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios) y sean los alumnos, -de todos los niveles pero, primordialmente en  educación media superior y superior-, quienes paguen a los profesores, a mi entender es para favorecer a los integrantes de cotos de poder enquistados dentro del sistema educativo. A mi parecer, la ampliación de la cobertura educativa en “Toda la educación que el Estado imparta…” sólo es deseable cuando va acompañada de la gratuidad en todos los niveles, como lo establece la ley.

Con  todo, en lo que halla de verdad saludamos la  iniciativa que ha tomado el gobierno del estado de Chihuahua y que se ha publicitado de prohibir las cuotas escolares en preescolar, primaria y secundaria. Aun así, a fracción IV de  Artículo 3° Constitucional es muy clara: “Toda la  educación que el Estado imparta será gratuita”. Falta prohibir el cobro de cuotas en “Toda la  educación que el Estado imparta… como preparatorias, universidades, tecnológicos, especializaciones y posgrados de escuelas públicas; las escuelas de ese nivel por las cuotas cobrables parecen escuelas privadas, aparte, sin transparencia, ni rendición de cuentas.  Creo que de esta forma se acabaría la esquizofrenia   en el cumplimiento de la ley “máxima”.

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